¿Y yo qué hago aquí?

La weá weón.

20 enero 2016

Ir al water after colusión.


En algún momento de la vida me empezaron a importar las cosas que aparecían escritas en los diarios. Antes me resultaban en lo absoluto indiferentes. Ahora me llaman la atención, y me quedan dando vueltas en la mente. Pienso en eso en mis incontables viajes en micro y metro. Es mucho tiempo que tengo disponible para pensar. Intento recordar en qué cosas pensaba antes de preocuparme por los titulares de los diarios, pero no me acuerdo. Da igual. La cosa es que de pronto leo titulares, columnas de opinión y una que otra crónica policial y me quedo pensando en las cosas que suceden en el mundo y que de un modo u otro terminan llegando a mi. Hoy mismo, por ejemplo, mientras desenrollaba el confór pa’ limpiarme el ojetillo. Pensé en todos estos años en que los empresarios del papel se organizaban para establecer los valores con que sus productos se transarían en el mercado. Como eran pocos weones dedicados al rubro podían hacerlo, y así el precio que uno terminaba pagando en el supermercado o en el negocio de la pobla por un rollo de confór estaba previamente discutido y determinado por los mismos weones que lo producían. Mortal por ellos. Así es el libre mercado, qué le haremos. Los dueños con esa plata pagan su vida de cuicos: esa que se ve en las páginas sociales del merculo: el colegio caro, los partidos de polo, el golf, las machas a la parmesana en borde río y cuanta cosa más que le gusta hacer a la gente con dinero en este país de mierda. Nosotros nos seguiremos limpiando el culo cada día, porque cagamos mucho y seguiremos cagando mientras vivamos casi todos los días, sin contar otros usos como el sonarnos o el limpiarnos y qué se yo qué más. Ni hablar de las mujeres, que son grandes consumidoras de papel higiénico. Eso lo veo a diario como profesor en el colegio. Las cabras agotan los rollos de papel con una voracidad de hoyo negro. De hecho, en la enfermería les tienen un rollo extra para salvarse si es que no encuentran papel en el baño. Los niños, en cambio, si no encontraron papel tendrán que limpiarse con papel de cuaderno bien arrugado para que no les dañe el okeroke. Los demás nos sacudimos la pija como si fuera de juguete. Así funciona. Y así es como un titular de diario mañanero termina manifestándose como una realidad cercana a mi. En este caso, por ejemplo, que descubro por qué es costoso mantener un colegio con papel en los baños constantemente. De hecho, en este país el hecho que los baños cuenten con papel higiénico es casi milagroso. De unos mil millones de baños a los que he entrado en la vida creo que muy pocos contaban con ese servicio. Ni hablar de los baños de colegio: en toda mi vida escolar nunca estuve en un colegio que tuviera los baños con papel. Pobres cabras… que, como explicaba, son las mayores consumidoras de papel confór. En fin. Me desvié, como siempre. Todo esto era sólo un ejemplo.

            Vuelvo a los diarios. “¿Quién va a creer las noticias del diario de hoy?”, cantaba Aloras junto a Charly en Emotival. Y les diría ahora mismo que yo; yo les creo. Claro que existen otros canales de información como el internet que hoy por hoy está destronando todo lo que yo conocí (sobre todo la televisión, que en un momento de mi existencia me pareció casi un ser supremo y, como tal, inmortal y omnipresente). Pero no, la prensa escrita sigue ahí: esos son los diarios que leo y en los que creo y que –más encima- me dejan pensando. Qué le haré. Soy humano.