¿Y yo qué hago aquí?

La weá weón.

10 mayo 2014

Intereses

Lo vuelvo a repetir para que no se me olvide:

 Es una real tontera suponer que el día de mañana me interesarán las mismas cosas que me interesan en este preciso instante.

 Ayer era un hippie cualquiera que odiaba weás medias subjetivas tales como: el capitalismo, el desarrollo no sustentable etc; como también algunas cosas más objetivas tales como: las cabras bonitas impulsado por la idealista idea de que podían llegar a ser personas muy poco interesantes ya que en vista que Dios les dio la gracia física no les resultaba necesario el tener que cultivar la gracia del espíritu (FALSO) etc. etc. Por otra parte creía con honesta convicción que las artes eran el único medio a través del cual el ser humano podía ser auténticamente feliz y, por lo mismo, era un interesado de todas las expresiones artísticas y, por supuesto, de todos aquellos quienes se expresaban a través de algún medio artístico, así como también sentía una sincera curiosidad por conocer a las cabras feas impulsado por la idealista idea de que podían llegar a ser personas muy interesantes porque en vista que Dios no les dio la gracia física no les quedaba otra que cultivar la gracia del espíritu (FALSO).

 Hoy ya no. Se acabó toda esa weá.

 Hoy por hoy, mientras viajo en el metro o en la micro me descubro pensando en otras cosas completamente nuevas y diferentes. Hace unas semanas me di cuenta que durante un extenso viaje en metro (con una posterior combinación a la micro) me fui metido pensando en dinero. Específicamente iba metido pensando qué cosas debería hacer para poder ganar más dinero. Entonces me di cuenta que el único interés que me motivaba era la plata: Quiero tener plata. Ayer no me interesaba la plata y hoy sí. Y en verdad esto que relato alguna vez se notaba y se veía reflejado en todo mi ser porque: 

Primero: nunca tenía plata. 

 Segundo: si tenía plata, era poca plata.

 Tercero: si llegaba a tener plata la gastaba toda y rápido. 

Cuarto: nunca hice ningún esfuerzo ni mental ni físico por conseguir más plata. 

Quinto: me daba vergüenza cobrar cualquier tipo de trabajo o algo parecido a un favor en plata.

 Sexto: Camilo.

 Sétimo: Me acordaba de la plata sólo cuando quería comprarme alguna weá (lo que generalmente era casi nunca).

 Esta vez no. Nada de eso. Iba sentado en el suelo del metro (aunque hay carteles que dicen: “no te sientes en el suelo”, como la canción tan bonita esa del Javier Barría) muy concentrado, pensando:

 Primero: En que quería andar siempre con plata. 

Segundo: En que si llegaba a tener plata, ojalá fuera mucha. 

Tercero: Si llegaba a tener plata ahorraría, me pondría cagado y procuraría retenerla a través del tiempo. 

Cuarto: Iba haciendo grandes esfuerzos intelectuales por resolver la problemática de cómo poder conseguir más plata sumando a esto la disponibilidad de usar todas mis capacidades físicas para lograr tal objetivo. 

Quinto: Ya no sentía vergüenza ante la idea de cobrar en dinero cualquier trabajo o algo parecido a un favor que realizara de aquí en adelante. 

Sexto: Camilo. 

Sétimo: Pensaba en dinero mucho más que antes, pero esta vez sin ningún objetivo específico y mucho menos objetivos generales. Una especie de ser sólo porque sí (así como la vida misma). 

 Y sí: "los intereses cambian a través de nuestra existencia". Esto mismo nos mencionó el viejo Olguín una vez durante el tercero medio. “El viejo Olguín” (u Olguí, en verdad no lo recuerdo con claridad) como se denominaba a sí mismo ese viejo igual a Sean Connery que impartió la asignatura de Química durante mis años escolares. Nos decía la verdad, pero uno era muy joven y demasiado olludo para querer escuchar y, mucho menos, prestarle atención a un viejo culiao.

 -“Así es como llegarán a ser viejos sin darse cuenta”- Remató.

 Yo andaba rayado con la frase de los Who “o jóvenes o muertos”, por aquél entonces, y estaba convencido que ni cagando iba a llegar a cumplir los treinta años. Prefería morirme. Hoy tengo treinta y uno y digo que no me di cuenta. Y claro, el viejo tenía toda la razón: ahora me puse más viejo y conshesumadre, y como todo viejo bien conshesumadre me bajó de pronto el interés por el dinero. Pero el asunto es que no se trata sólo de un interés simple. NO. Es un interés complejo porque además el interés no viene solo. Viene acompañado de convicción. Y la convicción es esa weá que mueve al ser humano. No es como un simple capricho: culiao, absurdo, fugaz, insolente e infame. “Que quiero el esmártfón, una Fender Telecaster Deluxe, una polola con así tremendo par de tetas y los cachetitos (del poto) redonditos etc. etc. No. Eso es frugal, porque una vez que lo obtienes ya no te interesa. Eso lo doy garantizado. Pierde inmediatamente el encanto. (Aunque la polola puede que perdure algo más a través del tiempo, quizá), pero el esmárfon se olvidará por ahí, la Fender terminará tirada por ahí… porque da paja sacarla y conectarla para tocar etc. En cambio tus intereses reales son más largos, así como una estación del año (la comparación fleta, pero buena) porque tampoco es perenne, pero es parte de una temporada de nuestras vidas. Por lo mismo al descubrirme pensando en el dinero no me sentí contrariado en lo más mínimo: es la temporada de querer tener plata. Ahora, el cuento es si llego a conseguirla o no. Eso ya depende de mi gestión económica. 

 Ese es tema para otra historia.