¿Y yo qué hago aquí?

La weá weón.

02 julio 2013

Realidad

Es cuático pensar tanta weá y casi a cada rato. Pero a la larga me resigné porque es una condición natural y espontánea de mi ser. 
Tengo una amiga a la cual su sicóloga le diagnostica un cuadro de “mucho pensamiento”. O sea, que le da a entender que de cierto modo pensar demasiado es algo relativamente negativo. En mi caso, los diagnósticos generales que suelen hacerme las personas son más o menos el mismo: “no pensís tanto”. Ese es como el común denominador. Es terrible la weá, porque de ser medianamente verídico lo que le indica la sicóloga a la Nati, o lo que suele decir la gente -en mi caso- me da más tema para tener en qué seguir pensando. JA. 

Primero: la evolución de la especie humana. 

Una vez leí que las muelas del juicio eran una especie de saldo evolutivo producto del desarrollo de nuestro cerebro. Se suponía que cuando éramos neardentales comíamos casi de todo, y en general weás crudas y duras, por lo tanto teníamos tremenda mandíbula y casi cuarenta piezas dentales fuertes con las que masticábamos hasta las piedras. Pero pasó que empezamos a desarrollar nuestra capacidad intelectual, el cerebro comenzó a crecer y necesitaba más espacio en nuestro cráneo. Entonces el cráneo creció sólo un poquito más porque las mandíbulas se volvieron más pequeñas de modo de ceder parte del espacio trasero (que usaban las muelas traseras) a favor del espacio que requería este cerebro más evolucionado y también porque ahora, con una capacidad intelectual más potente, ya estábamos preparando y cocinando el alimento, así que ya no era necesario tener una mandíbula mutante. El resultado, entonces, es que nos pusimos más bonitos porque ya no parecíamos mandriles con la cajonera abierta y, por otro lado, nuestra inteligencia se potenciaba. El caso es que esas muelas no desaparecieron, porque aun nos salen, y al no tener el espacio (que les robó el cerebro) nos dejan la cagada en la boca provocándonos dolor y un colapso dental: las muelas del juicio. 
¿Hacia dónde voy con esta historia? 
No tengo idea. No. Mentira. 
Sucede que esta historia siempre me ha hecho meditar cómo un proceso evolutivo natural ha llevado a que nuestro cerebro, que es el que tiene relación con toda nuestra capacidad intelectual, siempre haya ido evolucionando hacia un estado de capacidades operacionales muy complejas y que, por lo visto, jamás ha cesado. Y es sabido que después apareció el lenguaje, y pegado al lenguaje apareció inevitablemente el pensamiento, que a la larga es seguir “lenguajeando”, pero por dentro. El pensamiento, según mis conclusiones flaites, es sólo el producto de eso: de un proceso de desarrollo natural que se dio poco a poco y a favor de la supervivencia de la especie. Porque a la larga así entiendo la evolución: como los cambios naturales que se producen en las especies para que continúen conservándose. Entonces entiendo al pensamiento como eso, osea una herramienta evolutiva para la conservación de nuestra especie humana. Pero llega la sicóloga y le dice a la Nati que piensa mucho. Y la gente me dice a veces que pienso mucho. Y justo ahí aparece mi gran dilema, porque a veces también pienso que pensar (“pienso que pensar”… vaya que nos habremos puesto complejos. JA.) termina siendo un obstáculo que me impide desarrollarme como ser humano. Y claro, porque primero siento que el nivel de desarrollo intelectual que hemos alcanzado como especie es producto de una evolución natural, pero por otro lado me siento contrariado al notar que esa misma capacidad natural, en vez de llevarme hacia un camino de desarrollo humano pleno e integral, termina obstaculizándome, incluso enfermándome. 

Segundo: la subjetividad.

 Apareció el lenguaje, que nos ayudó a comunicarnos, y apareció el pensamiento. De ahí apareció Grecia y el resto lo cachamos (más o menos no más, la educación en este país es charcha), pero por lo menos cachamos que ahí los locos empezaron a pensar sobre lo que los rodeaba (con eso surge la base de la ciencia contemporánea) y sobre sí mismos (la base de la filosofía). También sabemos de sobra que el desarrollo científico y filosófico han sido los que han gatillado sendos cambios en la historia de la humanidad. El desarrollo de la ciencia nos llevó a descubrir que la tierra no era plana, y el desarrollo de la filosofía nos llevó a concebirnos como sujetos libres. Entonces de ahí desprendo dos weás que me parecen de suma importancia: por un lado nuestro desarrollo científico contemporáneo y su ambición voraz; y por otro la crisis de todas las institucionalidades que pretenden organización social y moral humana a nivel global (gubernamentales y religiosas principalmente) donde los sujetos ya no desean ninguna especie de control o lineamiento clásico. Y claro, la ciencia se desbocó: andan clonando, desgranando el código genético, o sea, la hebra que contiene la información esencial que le da forma a las cosas orgánicas vivientes; se metieron adentro del átomo, porque los cuentos sobre el génesis de la realidad ya no convencían a nadie, y ni siquiera el caos o el infinito suponen –en la actualidad- una barrera. Para mi esa weá me parece terrible. Me parece terrible esa ambición voraz de querer conocer todo, porque en ese afán subyace inminentemente la ambición del control, de querer manejar algo. Y es obvio, porque apenas empezaron a decodificar la hebra de ADN no se pudieron aguantar las ganas y clonaron a una oveja los culiaos. Entonces si se descifra el código esencial de la materia, es obvio que querrán ponerse a jugar con eso también (ya se ha hecho) creando y controlando la materia. Por otro lado el desarrollo del pensamiento filosófico ha llevado al sujeto a pensarse como una unidad en lo absoluto libre. Todas las corrientes de pensamiento que pretendieron organizar a las sociedades mediante algún tipo de metarelato (religiones, ideologías políticas) hoy están en plena crisis. La moral entró en un estado de relativismo brígido donde varía según las territorialidades: cada territorio con sus crisis particulares: estados americanos, asiáticos, europeos, africanos… ¿me falta un continente?. 


Sintetizando: la ciencia tiene la cagada desarrollando tecnologías que no se pueden sustentar sin dañar el medioambiente y a nosotros mismos, y la crisis ideológica tiene la cagada haciendo que nos andemos baleando y lanzando bombas (aunque suene menso: entre nosotros mismos). Sería redundante decir que todo este tipo de acontecimientos que forman el paisaje de nuestra actualidad son producto de un proceso de desarrollo evolutivo intelectual, específicamente del cerebro. JEje. Ha sido un proceso de desarrollo completamente natural como lo ha sido el proceso de muchas especies más que habitan el planeta. Pero en este caso especial esta evolución, en vez de llevarnos a cambiar para poder preservarnos como especie, sólo nos ha llevado a instalarnos por sobre todo el resto de las especies desarrollando capacidades muy complejas con las cuales hemos podido controlar y destruir todo, incluso a nosotros mismos. Es paradójico en verdad. Esta capacidad intelectual es la que construye nuestra realidad y a veces me extraña que nunca la hayamos analizado y criticado hasta llegar a rechazarla. O quizá sucede mucho más de lo especulo mientras redacto esta weaita. No creo ser el único que se sienta absurdo viajando en una micro llena de ida y de vuelta todos los días, o estando solo en la casa sin saber qué hacer, o más bien sólo resistiendo a todo eso que se “debe” hacer. Son muchas cosas como esa en la que también esa misma capacidad intelectual es capaz de pensar desde una perspectiva diferente. No creo que la Nati esté mal pensando en todo demasiado. Creo que lo negativo es que su capacidad de ir más allá de lo que se le presenta aparentemente como simple realidad es que inevitablemente llegará a la conclusión absurda. Y claro, porque la evolución de nuestra especie y nuestra subjetividad (como todo lo que desgranaba más arriba) a la larga son terrible absurdos, y eso es lo que ha construido nuestra realidad durante toda la historia de la humanidad hasta este preciso momento. Pensar mucho al final la va a terminar poniendo en contra de todo.