¿Y yo qué hago aquí?

La weá weón.

24 junio 2013

Weás raras que me suceden en la vida.


 Lana.

 La lana me provoca mucha pena. Es una weá muy rara, pero lo descubrí hace poco después de mucho viajar en micro. Hace poco iba todo angustiado en la micro –para variar- con ganas de llegar pronto a mi casa, cuando dos asientos más adelante se sienta una cabrita de cómo veintitantos. Iba tan angustiado que ni siquiera tenía fuerzas para mirarla con ojos perversos. Pero igual me quedé mirando su abundante pelo aleonado víctima del “fris” o la estática que la rodeaba. En eso me fijo que llevaba puesto un chalequito de esos que te podría tejer cualquier persona cercana a ti que domine medianamente el tejido. Era una cosa así como entre chalequito y capa, con puntadas que dejaban espacios considerables a través de los cuales podía ver lo que usaba abajo. Era bien fea la weaita o como sea que se llame. Era de un color verde aguado que la hacía más fea aun. En los extremos tenía como a modo de detalle unas pequeñas campanas o flores hechas de lana anudada. Feo en verdad. Feo y triste, que es peor para mí, porque más me daban ganas de estar otra vez en los brazos de mi madre, como cuando era niño. En eso me doy cuenta que el chalequito –o la capita- me tenía completamente afectado. Empecé a recordar aquellos tiempos en que usar ropa de lana tejida por parientes o personas cercanas a uno era algo muy común. Partiendo por la ropa para guagua: chalequitos, cofias como de caballero medieval o pasamontañas con un pequeña visera, detalle que le daba un toque aun más triste en su intento vil por hacerla más taquillera. De todas esas prendas recuerdo que los pantalones de lana eran los que más me daban pena. Sobre todo en las guaguas, cuando por ese entonces se usaba el pañal de género, después encima un calzón de goma y encima de eso el pantalonsito. Era terrible, la guagua quedaba con la tremenda raja y toda amorfa; algo similar a un teletubbie. Me daba pena esa weá, y más me daba pena algunos cabros que los seguían usando hasta los cinco o seis años. Y si a eso le sumabas un par de zapatitos con hebillas me partías el corazón. Horrible. Me traigo todas esas imágenes a la mente y me muero de pena. Pero la pena es culpa de la lana. Nada más. Quizá algún día, haciendo un examen más profundo logre cachar el por qué. Lo que sé es que ahora que el frío ha ganado cada vez más protagonismo en estos meses estoy condenado a morirme de pena. 


 Sueños.


 Un ejercicio común que hago en las mañanas es tomar el sueño que hubiera tenido (si es que soy capaz de recordarlo) y empezar a desgranarlo. Por ejemplo; anoche soñé con que me bañaba en el río Mapocho. Entonces empiezo a rememorar las weás que hice el día anterior al sueño: tomé micro, anduve, cruzamos el río y me quedé mirando cómo corría hacia el mar unos instantes. Voilá. Por eso se me apareció en el sueño. Después pasé por una tienda deportiva y vi un maniquí usando un traje de baño que me gustó. Ahí está la otra pista!... y así. Al final casi siempre he descubierto que mis sueños son una ensalada de cosas que viví durante el día y que luego mi cerebro procesa armando un collage horrible. Pero anoche soñé cosas imposibles, porque ninguna de ellas estuvo presente durante la vigilia del día anterior. Ni siquiera alguna que pudiera relacionarse un poco con las cosas que se me aparecieron en el sueño. Un Dios africano que anda rondando que no es ni bueno ni malo. En el sueño pregunté con temor qué poder hacer para no tener problemas. Me dijeron que no hiciera nada. Y no hice nada. Y ahora tampoco hago nada. Escribir no más.


 Amor.


 Todos los días me enamoro de alguna cabra en la micro. Y es raro, porque siempre tomo los mismos recorridos y más o menos en los mismos horarios y por alguna razón cruel nunca más las vuelvo a ver. Y pasa que cuando ando paseándome por la comuna no veo a ninguna cabra bonita de la cual enamorarme para seguirla, cachar donde vive, sicopatearla hasta que le de miedo y llame a la policía. ¿Tan poblado de cabras bonitas fantasma está Quilicuma? 


Disco.


 Desde hace muchos años que digo que voy a grabar mi disquito indie en la pieza de mi hermano y aun no he grabado nada. Ni siquiera he escrito las canciones. Mis excusas más recurrentes: creo que me falta tiempo y me da vergüenza que me escuchen cantar.

13 junio 2013

Guitarras de palo


¡La música!