¿Y yo qué hago aquí?

La weá weón.

19 febrero 2013

acabo de mundo

Se suponía que el 21 de Diciembre se iba a acabar el mundo pero al final no pasó ninguna weá. Recuerdo que hace muchos años atrás un cabro flaite aseguró haber visto a la virgen de no se qué chucha y que la misma le habría revelado en tal encuentro el día y la hora exactas en que se acabaría el mundo: un martes en la tarde, tipo cuatro. Yo estaba chico y me cagué de miedo, pero fingí que no me pasaba nada. Me puse ansioso a esperar ese martes y más pronto que tarde ya era el día del juicio que el pinganilla había profetizado en su epifanía punga. 

Yo creí no más, porque como niño estamos condenados a la santísima inocencia. A la larga la inocencia es como eso: vivir y aceptarlo todo como te lo muestran. Tu fe en la realidad es absoluta y tu fe en la humanidad también lo es. Por lo mismo creí. Y creí, sobretodo, porque lo habían dicho en la tele. Para mi existían dos cosas por ese entonces: la realidad y la televisión. Mi dilema eterno siempre fue que ninguna tenía una relación con la otra, pero a pesar eso creía en ella igual. En las noticias pasaban cosas que por acá no sucedían, daban programas donde aparecían personas que yo nunca había visto y que no se parecían ni por lejos a quienes me rodeaban regularmente y aparecían lugares muy lindos que tampoco se parecían en lo mínimo a los lugares que yo frecuentaba. Todas las situaciones eran completamente diferentes. Yo veía “Carrusel”, y los pendejos que aparecían en la serial tenían una profesora entera bonita, les pasaban weás bacanes y los ricos iban juntos con los pobres al mismo colegio. María Joaquina, rubia, de ojos claros, bonita, cuica y más pesá y racista que la conchetumare versus Cirilo, un negro feo y soñador hijo de carpintero que representaba la esperanza inocente de la clase baja global por tirar para arriba económicamente y que estaba eternamente enamorado de la cuica culiá intragable. Ahora que observo esto me doy cuenta que la weá en verdad fue una metáfora muy cuma sobre cómo estos guionistas aztecas observaban su realidad social. Para mi fue determinante porque -y como contaba- mi fe en la televisión era absoluta. Esa visión de la realidad se me impregnó, y le agarré cierto recelo y resentimiento oscuro hacia los cuicos que hasta el día de hoy conservo intacto. Pero me desvié. El asunto es que al final por estos dos motivos terminé tragándome el cuento que el mundo se acababa: mi inocencia y mi fe absoluta en la televisión abierta. Entonces llegó el momento, un día caluroso y seco, yo miraba la hora y faltaba poquito para las cuatro. Eran como las cuatro y cuarto y el mundo nunca se acabó. Eso fue todo. Después vino una seguidilla de pronósticos apocalípticos, aunque el más particular y que no se trataba de simples visiones o profecías flaites fue el del 2000, en que habría un colapso, aparentemente, por un condoro de programación computacional. Pero tampoco, nunca pasó nada. Esta vez los mayas con su calendario que se terminaba el 2012, en Diciembre. Incluso, hubo una profecía mítica que narraba la increíble y triste historia de unos cirujanos que asistían un parto en algún lugar del sur (las malas lenguas decían que en célebre hospital de Talca, donde siempre ocurrieron cosas raras) donde se dio a luz a un neonato muy feo el cual al acto llamó la atención de todos quienes estaban en el quirófano comentando: oh, qué wawa más fea. Esta, según me contaron, reaccionó respondiendo… “comillas”: Más feo será lo que ocurrirá el día x. “Cierre comillas”. Parecía un chiste flaite más de todo el acervo humorístico nacional. Tal mito se extendió hasta los confines del territorio nacional, donde todos habrán contado la historia de la wawa fea apocalíptica que anunciaba el fin de la civilización. El asunto es que el único saldo positivo de aquello fue la rutina humorística que se agenciaron los payasos del circo “Los Tachuelas” con su característico grito carrasposo: “La wawaaaaaaaa”. Puta que me da risa esa weá. 

La cosa es que creo que seguirán habiendo profecías de acabo de mundo hasta el final verdadero del mundo. 

En verdad es muy barsa avisar que el mundo se va a terminar. Es barsa simplemente avisarlo y no explicar cómo. Eso es lo que me parece muy flaite. La virgen le dijo al flaite que el mundo se terminaba, pero no le dio ningún detalle… el calendario maya se terminaba pero nadie sabía qué podía significar eso… etc. Además, el concepto de mundo es demasiado subjetivo. Algunos lo conciben como el planeta, otros como el universo entero, otros solo piensan en la raza humana etc. Y aun, independiente de la idea que se tenga del concepto, ¿cómo acabas con todo eso de un momento al otro?. Entonces recuerdo al punguita que salía en la tele y me no puedo dejar de encontrar la weá recalcitrantemente penosa. Me da pena cómo los medios de comunicación desde el inicio prescinden de trabajar con el factor mórbido y punga que es el que genera y mueve hasta la actualidad los conteos del pipl míter abusando de epifanías periféricas como estas. Y basta con irse a meter a la periferia de la realidad con una cámara para mostrar algo que ni siquiera queremos pensar que existe y regalarle unos instantes de transmisión para que nos quedemos mirando un rato, porque a pesar de lo indeseable que puede llegar a ser, deseamos continuar observándolo de todas maneras. Y la tele no se cambia. Y ahora el mundo iba a acabarse (otra vez sin saber cómo) y todos andábamos weveando y al final no pasó nada. Me cago en la realidad otra vez. Ahora es 2013, y sigo exactamente en las mismas.