¿Y yo qué hago aquí?

La weá weón.

22 mayo 2012

Pequeña crítica al capitalismo

Seguro se iba a acabar esta cagada de mundo. Avisado por televisión. A todo ritmo. Dónde la vieron los reculiados. Cayó una bomba nuclear y en Hiroshima ahora debe haber un par de nipones jugando go al atardecer. El profe de armonía tenía la razón: ni cagando nos piteamos al mundo; si el mundo quiere limpiarse se sacude y cagamos todos: una glaciación, un dinosaurio convertido en diesel y en bencina de 95 octanos. Y me subo al auto y lo manejo carepalo. Y puta que me da rabia la weá, porque si anduviera a pata caminando sobre una vereda las cabras no me dan la hora. Pero, montado en un Mazda tres es otra la película. ¿En qué pienso?, en la teoría de Carlos Darwin sobre la conservación de la especie, pero en un contexto capitalista. El macho alfa capitalista necesita tener capital pos, valga lo redundante que pueda sonar esta weá. No es plata ni dinero ni divisa: es capital. O sea, es la capacidad de ser lo más capitalista posible. Si esa capacidad la percibe la hembra, entonces el macho está listo porque la hembra percibe que es el correcto para ser fecundada y conservar la especie capitalista en este mundo capitalista. ¿Cómo no vamos a odiar al capitalismo?. Y me parece bizarro que el auto se mueva usando un concentrado de jugo de dinosaurio. Pero igual me sigue dando miedo conducir el auto porque me lo puedo pitear como los anteriores. Eso es preocupación capitalista, de todas maneras. El miedo, de hecho, se procesa en un lugar del cerebro llamado la amígdala. Es cuático, porque tenemos dos amígdalas. Yo no tengo la amígdala de la garganta (ambas), me las cortó un médico cubano. Así que sólo me queda la amígdala del miedo. Como cuenteaba, la amígdala es la que se encarga de hacernos experimentar el temor. Esa weá también se capitalizó. El miedo, hace miles de años, era el que nos provocaban los dinosaurios, cuando se nos aparecían de sorpresa en nuestras caminatas cavernícolas en busca de la comida; los mismos dinosaurios que ahora están metidos como bencina de 95 octanos en el estanque del auto. El desarrollo y la evolución capitalizaron la amígdala. El temor contemporáneo tiene relación directa con el capital: las deudas, el alza del jugo de dinosaurio, las caídas de la bolsa entre otras muchas cosas. Es cosa de tomar un temor, hacerle un seguimiento y desembocar en el capital del que venía hablando. ¿Y que hay con el miedo a las arañas?. El miedo a las arañas es el temor a sus potenciales perjuicios a la salud humana, ese perjuicio se traduce en gastos médicos, el cheque en garantía, o el bono de fonasa. Nuestro derecho natural a recuperarnos de los perjuicios también está capitalizado. En este ámbito, todo surge en condiciones naturales universales, pero desemboca y muere en lo capitalista. Si se muere alguien en tu casa podrías enterrarlo en el patio haciendo un hoyo bien profundo, pero el capital no lo permite. El capital te obliga a comprar cajón, un espacio en una fosa para tal efecto y armar una ceremonia. La ceremonia también es capitalista porque no es un rito. Es un servicio (como se le llama al conjunto de efectos que se realizan con motivo de la muerte "servicio funerario"), y el concepto "servicio" es capitalista. Entonces uno le teme a la muerte, pero al final le teme al servicio capitalista. Ninguna cultura humana, previa al surgimiento del capitalismo, le temía a la muerte. Los samurais se enterraban solitos un katana chica debajo del ombligo si se mandaban un condoro. La vida no estaba tan sobrevalorada por entonces como la vino a ultra super valorar la lógica capitalista hegemónica. Ahora la vida es una weá que debe conservarse por sobre todo. La conservación de la existencia en los sujetos no es sólo la vida por la vida, o por un instinto de sobrevivencia natural. No. Es porque el factor humano, sus vidas, son las que sostienen el sistema capitalista. El capitalismo necesita de las baterías humanas. Necesita de la vida de las personas para ser cada vez más fuerte y sólido. Suena absurdo porque es como decir algo obvio, pero no. El ninja si hacía mal su pega pescaba un fierrito y se lo enterraba en la femoral para desangrarse y morir rápido. No existía una lógica capitalista que lo obligara a conservarse a favor de algo que estaba fuera de él, sino que por el contrario, el sepuku se llevaba a cabo por un asunto de honor singular. Tampoco era por una especie de servicio o por compromiso que el ninja pactaba con quien lo necesitaba. La lógica era ser o no ser: si no podías ser, entonces deapareces. El código era estricto: lo que se decía, se hacía. Si no se hacía, entonces fue el honor. Muerto. La muerte era un paso más en la vida. Para la lógica capitalista la muerte es el final. Es el final porque dejas de ser útil como batería. La religión cree en algo después de ese final, y desafía al capitalismo, pero al final la religión se capitalizó y se cancela un diezmo para mantener el lugar donde nos dirigimos para ser fieles con aquellas ideas y creencias. El concepto de fe es capitalista. La fe que predicó Jesús de Nazareth no lo era, pero se adaptó. Da la otra mejilla, deja todo, sé bueno con tus enemigos, bendice a quien te odia. Eso es lógica anticapitalista. El capitalismo adaptó eso: confesión, diezmo, redención... no sé qué weás más.
El blog es entero capitalista. Parece que publico gratis, pero me chupa la vida, junto con el facebook, Google, y Apple (Manzana). Así que igual soy una batería capitalista. 
Buenas noches.