¿Y yo qué hago aquí?

La weá weón.

29 septiembre 2011

Google Birthday



Hace unos días atrás Google estuvo de cumpleaños. Todos cachamos porque en la página de inicio te daban el dato. Altiro me imaginé esa imagen en milllones de computadores around the world. No me acuerdo cuántos años serán, pero a la larga no importa. Igual son re pocos. A pesar de aquello estos weones nacieron y se han desarrollado como una rata. Todos sabemos eso: que en estos pocos años transcurridos, desde su nacimiento, han acaudalado mucha plata y se han convertido como en una especie de hoyo negro en la web que lo absorve todo y al mismo tiempo, y paradójicamente, en algo parecido al universo, pues se amplían con cada segundo que va transcurriendo en esta, nuestra historia de la humanidad (es weá de ver ese contador de bytes en la página de inicio de Gmail que no cesa de expandirse). En verdad son una weá importante. Yo sigo dudando cómo se genera tanta plata y poder trabajando en una plataforma que ninguno de nosotros es capaz de comprender cómo funciona ni tampoco es capaz de detallar en términos físicos de qué chucha se trata (me refiero a la mente de los ordenadores y todos esos algoritmos que estos weones viven cambiando a cada rato para que no se cruce el porno con las biblias on line y viceversa). A los que siguen creyendo en el cuento de la publicidad los envidio caleta porque se pueden ir a dormir tranquilos todas las noches. Yo, en cambio, le sigo teniendo miedo a Google porque los weones a nosotros no nos cobran por nada y continúan regalándonos todo: todos usamos correos en Gmail (que en un principio para poder hacerte uno debías recibir una invitación... buena estrategia), usamos el buscador y creo que casi un total de todos los navegadores que la gente usa en sus ordenadores para meterse a internet usa Google como su página de inicio. Ni hablar de la ultra página Youtube, cabros, que se convirtió en la memoria del planeta, y sin duda, en mi caso, el Blogger. Llevo publicando weás aquí desde el año 2005 y nadie me dice nada. Menos Google, por supuesto... de hecho, me dejan hasta "monetizarlo" para sacarle plata. Ts. Es como para recagarse de miedo.
Hay un tema inédito de Fito Páez que se llama "Balas y Flores" y que iba a pertenecer, al parecer, a un disco que se llamaría "Novela". Tuve la cuea de poder escuchar los demos y esa canción, junto a "Las Brujitas" fue la que más se me pegó en la mente. Una línea de la weá decía "Hay en la ciudad algo enorme..." y la frase con su melodía respectiva nunca más se me olvidaron, y ahora precisamente la recuerdo porque me provoca la misma sensación que siento mientras escribo estas cosas sobre esta otra weá enorme. Voladas de la mente. La vanguardia es así, cabros. Y como dirían los mostros Google: That's all we know.




28 septiembre 2011

el enanito

Cuando era pendejo hacía experimentos conmigo mismo. La weá es que uno de ellos consistía en tirarme en el piso, boca arriba, y hacerme el boliviano lo más que pudiera. La idea era que me mantuviera inerte, mirando el techo, sin moverme, hasta que no pudiera más porque la salud no me lo permitiera. No era un juego, porque no me divertía haciendo esta weá, sino que recalco que era un experimento donde yo intentaba descubrir cuánto control el Nicolás (el enanito que habitaba dentro de mi y que es lo que yo soy realmente) era capaz de tener sobre todo el resto de las capas que conformaban al Nicolás "aparente", o sea a ese que es el que ustedes le conversan, miran a los ojos y se comporta y es, a la larga, todo lo que ustedes conocen de él. 
Los resultados de mi experimento siempre eran parecidos, y el tiempo que podía estar echado sobre el suelo de espalda era siempre muy poco. Por mucho que el Nicolás (enanito) quisiera haber estado postrado en ese lugar, la mente y el cuerpo (o las capas) restantes, no me lo permitían. Por una parte el cuerpo comenzaba a manifestarse mediante convulsiones y ardores que el Nicolás (enanito) interpretaba como no-salud. Por otra parte la mente (Yo), también comenzaba a sufrir ciertas crisis y se manifestaba mediante algún tipo de neurosis. Tal inestabilidad emocional también la asociaba a un estado de no-salud de la psique. El Nicolás se picaba más que la chucha, y se esforzaba lo más que podía en mantenerme postrado sobre el suelo, nada más que exisitiendo (siendo y estado). Pero el resto de las capas, o sea Yo, y el cuerpo, comenzaban como a cocinarse a fuego lento y llegaba un momento en que el Nicolás (enanito) ya no podía continuar manifestando su voluntad, pues atentaba contra la salud del resto de la estructura de mi ser (de las capas) (y también, a la larga, el ser del Nicolás (enanito)). Al final quedaba para la cagada... con la espalda como caliente, y la mente sicoseada porque me ponía a puro pensar wevadas, pero fuera de eso, me aburría más que la mierda. Era víctima de una presión mental horrible pues el hecho de estar vivo e inmóvil es una weá insoportable para el resto de las capas, y te wevean por un lado -el cuerpo- para que te pongas de pie, y por otro lado -la mente- para que actives cualquier mecanismo existencial de esos que usas para cosas tan variadas como abrocharte los zapatos, dedicarte al ocio o jugar una pichanga. Al final ellos ganaron siempre, porque nunca pude estarme así unas 2 ó 3 horas al hilo. Era imposible. El cuerpo y la mente se entregaban al Nicolás (el enanito de adentro que es quien soy en verdad), pero al entrar en crisis terminaban bogando en un sentido completamente opuesto, y la voluntad suya la hacían extensiva a la voluntad general (menos a la del enanito, por supuesto) y terminaban cumpliendo su cometido. Listo. Fin de del experimento.
¿A qué llegué con este experimento existencial? A una pura weá: El Nicolás (el enanito del interior) y el resto de las capas, a pesar de estar estrechamente relacionadas, no tienen absolutamente nada que ver una con las otras en cuanto a voluntades se refiere. La weá es que todos sabemos en cierto modo esta weá que estoy diciendo.  Eso lo experimentamos todos casi a cada rato en nuestras vidas. Es cosa de conversar con alguien, y llegar a esos momentos de sinceridad donde se confiesan cosas profundas (quizá los deseos fervientes de los enanitos que son lo que la gente realmente es) y todos siempre llegarán a un punto donde te hablarán de anhelos inmaterializables. Yo siempre me detengo en ese punto, e intento excarbar en los testimonios de mis interlocutores para rescatar datos que me parecen sumamente interesantes. Por lo general a la mayoría de nosotros el resto de nuestras capas no nos permiten que anhelos tales puedan lograr filtrarse hacia la superficie, y yo lo comprobé, precisamente, con mi experimento infantil: por más que anhelaba ser parte del todo y estar tirado en el suelo hasta el fin de los tiempos, mis capas me lo terminaban impidiendo. Por un lado la capa física, el cuerpo: sentía convulsiones musculares, tensiones, dolor, hambre, ganas de ir al baño y un montón de síntomas propios de la no-salud. Por otro lado la capa más etérea, donde una racionalidad exacerbada me bombardeaba constantemente con el sentido común me terminaba haciendo sentir ridículo, weón, imbécil, ocioso, absurdo y a la larga un pendejo conshetumare enfermo. Asediado por todas estas weás terminaba poniéndome de pie y yéndome al sillón a ver Pipiripao. Era lo mejor. El Nicolás (el enanito) quedaba solo, puteando ahí donde sea que esté ubicado (uno lo puede escuchar no más), pero al final igual no más se pegaba viendo Conan el niño del futuro junto a mi (Yo). 
Puta, el disociar tanto al ser como lo hago yo desde que soy niño quizá ha sido una weá que quien sepa de dónde chucha saqué, pero se me metió en la mente brígido, y por eso me pego estos speech a lo Smeagol a todo ritmo. Pero por otro lado me han dado como alivios rápidos ayudándome como a entender por qué uno es como es. O en realidad por qué el Nicolás no es como el Nicolás (enanito). Y a veces lo hago como extensivo a mi sociedad, porque siempre que hablo con las personas y rescato de sus discursos sus anhelos inmaterializables veo que sus enanitos se están manifestando brígidamente. Pero claro, lo inmaterializable de aquellos discursos es como la voluntad de las capas que se manifiesta brígidamente. En esa oscilación la vida de las personas creo que se va proyectando. Y creo que esa oscilación a determinado el destino de las sociedades modernas (yaaa me fui en la volá). Pero un día, leyéndome un cuentito de don Ricardo (Bach) el viejo ponía muy en relieve toda esta weá con la que venía yo craneándome desde el sexto de humanidades allá en la escuelita de Conchalí. Y sipos... sin oscilaciones ni conflictos como estos demás que los egipcios hubieran podido volar. Pero, no vinimos a ver a un weón surcando los cielos montado en un aparato hasta como dos mil años después porque los enanitos de los sujetos egipcios deben haber tendio problemas serios con las capas. En aquél entonces, para las capas, el pretender volar debió haber sido algo digno de meter en la categoría de inmaterializable. Ahora cómo será la weá que cuando pasa un avión zumbando como un mosco los cielos ya nadie levanta la cabeza para mirarlo. Yo no más. Quizá qué pensarán de mi: "parece un pendejo este culiado, mirando aviones". O cosas así. Pero weno. Son sus capas que me prejuzgan. A sus enanitos igual los debo conmover.
Buenas noches. Los amo.

18 septiembre 2011

Winehouse Dream



Desde que la Amy Winehouse se fue al cielo he pelado cables a todo ritmo con ella. Es muy probable que en mi casa ya anden fastidiados con la weaita. Pero tampoco es un fastidio tan intenso como para que me manden a Ontario a freir algo. No. Esto es algo tan ligero que debe producir un fastidio igual de ligero, que al final no trasciende ni se materializa en reprimendas o violencias psicológicas de ningún tipo. 
Anoche soñé con la Amy Winehouse. Fue un sueño precioso. Lo otro importante es que no deja de llamarme la atención que a un día de haber tenido un sueño ultra porno con la Adrianita venga a tener otro sueño soft porno con la Amy. Como me da mucha paja empezar a psicoanalizarme públicamente por medio de este blog entonces me dedico a puro contar, más o menos, las weás que han sucedido en estos sueños hermosos, porque así me desahogo, ya que no sé por qué nosotros, seres humanos, si no contamos las cosas maravillosas y nefastas que nos suceden quedamos con una incomodidad en el alma que no nos deja continuar existiendo tranquilos. Sepa Dios por qué. En fin.
Otra vez estaba en un lugar que no existe: una pieza como de internado, con varias camas.Yo estaba aun acostado, en una cama con sábanas y zafradas y cubrecamas blancos, yo también vestía de blanco. Había más gente también, todos iguales, pero no conocía a nadie. Todos estábamos acostados, como si estuviéramos hospitalizados, aunque yo sabía que la weá no era un hospital, aunque todo podía indicar que sí lo era... o que era una weá como el opendor, pero tampoco era un loquero la weá. Y todos conversábamos de cama a cama, echábamos tallas, nos cagábamos de la risa. Todo bacán. Pero nadie se levantaba de su cama. Las cosas se transformaban, de repente una persona era otra y así. Como suele ser en los sueños. En esas transfiguraciones aparecieron dos personas conocidas. Eso. De pronto estoy en mi camita con la Amy Winehouse. La loca era piola, y se tapaba con las zafradas hasta el cuello. Y andaba con su jopo gigante, un pañuelo en la cabeza y un camisón de internada. Estaba re piola igual, y alternaba frases entre español e Inglés. Aun asi no le entendía casi nada. Poco a poco empecé a entenderla. Yo seguía weveando con el resto de los enfermos (que nunca sabré si estábamos internados o enfermos) y todo entrete. En eso lanzan una almohada y a la Amy le preguntaba si tenía frío que se tapaba tanto, mientras se sacaba la almohada que le había caído sobre la cabeza. Me decía que no, y se me pegaba a la buena. Yo me tapaba hasta el cuello con las zafradas, entonces, para solidarizar con ella. Todo bacán. Ahí fue cuando me empecé a poner cochino, total, era un sueño, y al igual que el sueño que tuve con la Adriana Barrientos yo sabía que estaba soñando. Pero igual, a pesar de eso, dudaba un poco, pero de repente me zarpé y empecé a correrle mano no más. Total, de repente me dio lo mismo estar rodeado de todos esos locos (o enfermos) que nunca antes había visto, y me daba lo mismo que nos chacharan. Ella empezó a cagarse de la risa no más... puro se reía, y a rato como que le daban cosquillas. Y yo estaba más feliz que nadie en ese mundo artificioso inventado por mi mismo. La Amy me decía muchas weás... yo le hacía caso no más. Y conversamos muchas cosas. Una de ellas fue preguntarle por los implantes que se puso. Ella, de lo más natural, me agarró una mano y la apoyó sobre sus gomitas infladas y tatuadas (estaba operada igual que la Barrientos). Yo estaba feliz, muriéndome de amor. De pronto estábamos solos los dos, en una pieza clarita, boca arriba mirando el techo. Hablé inglés. Hablé español. En el sueño pensaba cómo decirle las cosas... era como en la realidad, cuando uno se esfuerza en traducir algo. "...if I put my hand into..." o una weá así preguntaba. Fue rico. Aunque nunca tan porno como lo que pasaba con la Adrianita. Estuve ahí con ella haciendo un montón de weás raras que nunca he hecho en la realidad, y que no me imaginé posibles. Ella aceptaba todo, e incluso ella hacía weás extrañas que yo jamás había imaginado posibles. Por no querer ser menos me esforcé por intentar algo extraño, y sin pensarlo comence a hacerlo. Pero de pronto la cama desapareció, la ropa de internado también y ambos caminábamos por un sendero rodeados de la nada. Ahí supe de inmediato que el sueño iba a terminar. De pronto ella me pregunta cómo iban las grabaciones del disco del Poroto. Yo le confesé mi paja y desmotivación, pero ella me sonrió, me cantó algo y continuó caminando hacia el vacio hasta desvanecerse en esa nada tan hermosa que nos rodeaba. Yo quedé terrible apenado. Abrí los ojos y otra vez estaba en el mismo lugar de siempre, mirando el cielo raso de la pieza, sintiendo ruidos de gente por todas partes. Abrí la ventana y los ruidos de la villa despierta y vivita entraron con más intensidad. Se coló hasta olor a carbón. Me acordé que era dieciocho y que desde que nací esa weá nunca me ha importado. Lo único que quería era puro regresar pero este era uno de esos sueños que no podía continuar, como otros tantos que he tenido donde me tapaba, me dormía y continuaba soñando la misma weá. Reflexioné un poco sobre el porqué de esta seguidilla de sueños cochinos con cabras famosas (una de ellas muerta). Pero como mencionaba denantes, me da paja aplicarle al psicoanálisis punga via blog, y me esforcé, otra vez, en narrar el sueño; aunque al igual que el sueño del día anterior en la medida que me iba integrando a la realidad de domingo dieciochero el sueño se iba desvaneciendo poco a poco. Esto es sólo algo generalizado, y quizá también el resto lo rellenó mi anhelo. 
Amy, te amo.

16 septiembre 2011

Adrianita Dream

La Adrianita Barrientos es una cabra de la tele que cualquiera de nosotros que sea chileno la puede ubicar. Quizá nunca tanto como para entrar en detalles de su vida, pero por lo menos su nombre y apellido, ambos dichos a la vez, resuenan en la mente de cualquiera de nosotros. 
En mi caso particular la Adriana no era más que una lola que aparecía en el Morandé con Compañía mostrando los calzones de cuando en vez y que un día partió hacia la clínica para regresar con un par de tetas enormes, redondas, estiradas y hasta medias brillantes con las que me deslumbró. Eso es todo. El asunto es que no sé qué tipo de incidencia habrán tenido esas imágenes en mi subconsciente donde la cabra aparecía en la tele saltando con sus gomas colosales junto al duende concupiscente (Miguelito) que aprovechaba para agarrarse de sus piernas largas y flaquitas y frotarse con ella, y junto a todo ese circo bizarro que la mayoría de nosotros conoce como el Morandé y cía. Célebre la weá.
No sé qué más decir al respecto, porque en verdad ella es otro de esos personajes inevitables con los que nos bombardea la caja negra (weno... ahora no tiene forma de caja la weá... es como una tabla de cholguán o madera terciá). Así es la tele, cabros. Todos sabemos eso. Es inevitable, y a veces se vuelve más inevitable cuando hacís un click para meterte a la cuarta on line y sapeas un par de fotitos de ella posando con su cuerpo y con una actitud tan feliz, como si fuera absolutamente inconsciente de todo lo que puede provocar en un sistema masculino sano. En fin.
La cosa es que desde hace mucho que no la veía en ningún medio, ni en la tele, ni fotos en el diario y en general en ninguna wevada. Nada. Y mi subconsciente la estaba procesando en mi cerebro quizás desde hace cuánto tiempo, porque anoche me la lanzó en un sueño que hasta este mismo instante, en que estoy aquí tipeando esta weá, me tiene abrumado por la calidad hachedé y 3D con la que lo viví. 
Yo estaba como en todos mis sueños, metido en algún lugar que no existe, peluseando con unos primos y otras gentes inexistentes, todo en blanco y negro... lindo. Y de repente llega la Adrianita, preciosa, como una flor, vestida súper piola, con una polerita negra, un blullín apitutao y chapulinas. Y yo no podía dejar de mirarla, y quería que puro me la presentaran para darle un besito. Y el sueño era tan real, porque era como cuando uno va a un carrete, y hay gente que conocís y gente que nunca haz visto. Y yo sabía que me la tenían que presentar. Y me la presentaban, y la cabra con tremenda sonrisa, los dientes blanquitos... y era tan simpática, y tan flaquiiiita... pero tan flaquiita. Que hasta dentro del mismo sueño yo filosofaba televisivamente "en verdad la tele hace que la gente se vea más guatona". Ella era pailona, más alta que yo quizás; pero muy flaquita. Y tan bonita. Y me puse a recordar tantos comentarios nefastos que había oído -dentro del mismo sueño... si fue muy bacán la weá). Comentarios de cabras weonas envidiosas: que tiene el "cajón abierto", haciendo alusión su mandíbula inferior supuestamente más prominente. Que es regia, pero es como un pescado: se come todo menos la cabeza... que es tontorrona y weás por el estilo. Pero es pura envidia. Nada más. Ninguna de esas personas la ha conocido. Yo menos, pero la defiendo igual. En fin. 
La Adriana me sonreía que me llegaba a encandilar con sus dientes. Yo le miraba las tetitas, pero con su polerita negra no se le notaba tanto. Yo la pensé y la pensé hasta que me decidí a acercarme a meterle conversa, total... estaba soñando. En el sueño yo sabía que estaba soñando, pero igual me daba julepe acercarme porque la flaca era la mansa mina y en mi carrete onhírico estaban todos los hijazos de la gran puta rodeándola. Pero filo, me dio rabia y me aferré al sentimiento para hacer surgir un coraje poco usual en mi y le toqué un hombro, ella se da la vuelta y me mira sonriendo esperando que yo le diga algo. Por mientras, con una mano espanto a los jotes como si fueran moscas, y los weones se van, haciéndole el quite a mis manotazos. Ella sonríe con tanta intensidad que no puedo decirle ninguna weá. Pero no me aguanté más y le dije: Adriana, erís más linda que la conshesumare... Ella soltó una carcajada demoníaca que me asustó un poco, y yo caché recién que la tenía agarrada de una mano y le daba apretonsitos angustiados a cada uno de sus deditos flacos. Ella puro se reía. Entonces empecé a tocarle la guata con la punta de mi dedo índice y a la princesa como que le dieron cosquillas porque empezó a doblarse como una culebra mientras se cagaba de la risa con carcajaditas de niñita. Yo estaba muerto de amor a esa altura. La tomé por la cintura con las dos manos y era una cosa irreal. La polera se le subió un poco, y sentí su piel tibiecita. La abracé, y ella me empezó a tocar el pelo con ambas manos. Me chasconeaba y se cagaba de la risa. Qué weá de sueño. Entonces ahí recién habla y me dice en la oreja una weá absurda. Me di cuenta de eso cuando desperté y la recordé. Pero en el sueño eso significó otra cosa. Y me llevó para otra parte. El resto del sueño fue maravilloso. No sé qué weá mi subconsciente me quiere representar con la figura de la Adriana Barrientos. Desperté feliz. Muy feliz. Pero después, en la medida que me iba integrando a la realidad, empecé a ponerme triste poco a poco. El sueño en cada minuto se me hacía más y más difuso, y lo que fui capaz de contar acá es lo más generalizado. Quizá el resto lo rellenó mi anhelo. 
todavía sigo con esa sensación dentro de mi ser. Me vine a escribir esta weá para ver si me sanaba un poco, pero recordando más pena me da que halla sido un sueño que pronto se me olvidará para siempre. Una vez de pie no hallé nada mejor que ver el Castillo andante de Howl. Fue peor. Se me había olvidado lo sensible que me deja ver pelis de Studio Ghibli. En fin. El resto del tiempo lo usé para reflexionar sobre la Adriana... pero no sé. El subconsciente es sicoseado y opera en piloto automático. Nunca entenderé esta weá. 
Adriana, te amo.

15 septiembre 2011

no pensar



Me he fijado que en lo que va de este año ha habido una frase que se me ha ido repitiendo de cuando en vez y que han solido enunciarme distintas personas: “No pienses, Nicolás”. O una wevada así. A todos creo haberles respondido la misma cosa: “no puedo, es imposible esa weá”. Y claro, no pensar es una weá que no puedo dejar de hacer, es como que me dijeran: “washo, no respires”. Quizá puedo mantenerme unos segundos sin respirar (duro caleta bajo el agua sin respirar en todo caso) pero después de un rato estoy obligado a tragar una bocanada enorme y rica de aire fresquito para matar la angustia que genera el ahogo. Con el pensamiento es igual, pero la diferencia es que no puedo durar tanto. Uno o dos segundos… pero el cerebro trabaja todo el rato. Si yo no quiero que emita transmisiones el culiao no me va a pescar y va a seguir transmitiendo basura en onda corta todo el rato igual pascual. Es como una exposición de imágenes que se van sucediendo de modo aleatorio, se combina con sonidos (que en verdad no son sonidos (porque no poseen ninguna característica física del sonido); sino que, más bien, son recuerdos de sonidos solamente, pero que no se recuerdan como sonido sino de otro modo que uno igual pude codificar como si en eso que se piensa fuera un sonido… pico si no se entiende, total, no importa) y fluyen con una rapidez que sorprende. Lo más sorprendente es que yo en mi estado consciente en pleno uso de mis facultades mentales no puedo ser capaz de reproducir algo de esa naturaleza. Me refiero que si tú, que ahora lees esta weá, estuvieras de pie frente a mí, y conversáramos, yo en la vida podría pelarte tanto cable en contenido e intensidad como lo puede hacer mi pensamiento mientras estoy intentando concentrarme en dejarlo en blanco y la weá sigue funcionando igual, sin hacerme caso alguno. Eso.
¿Cómo se deja de pensar?
No sé si habrá manuales que te puedan explicar una weá así, pero este mundo es tan enorme y está tan lleno de personas que no me sorprendería que dicho manual ya esté redactado y varios lo tengan en el velador, lo hojeen antes de dormir y en sus ratos libres, durante el día, lo pongan en práctica. ¿Para qué? Es ahora la pregunta. Porque sipo, ¿para qué chucha?
Durante este año los contextos donde me han mencionado que deje de pensar han sido diversos. No han tenido nada que ver unos con otros en lo absoluto. No quiero mencionar ninguno en detalle más que todo porque son terrible fomes. Pero el común denominador han sido circunstancias en las que mis interlocutores han presumido que el hecho de que yo piense demasiado en las condiciones y circunstancias impide que estas mismas fluyan natural y espontáneamente. No sé yo. Puede ser. Porque la verdad es que nadie lo sabe. Pero otro común denominador es que todas las personas que me han mencionado esto lo han dicho con mucha seguridad y casi con la misma osadía de un doctor cuando se lanza y te diagnostica algo. Entonces yo reflexiono en estos denominadores comunes mucho. Por un lado la weá de cómo el analizar demasiado las cosas pudiera ser un obstáculo para que estas mismas continúen con un cauce natural, y por el otro, cómo es que los demás pueden saber con tanta seguridad lo que me afirman. ¿De dónde lo sacan? ¿Qué libro se leyeron o qué película vieron que yo no leí o vi?
Quizá es cierto que pensar a uno lo distrae mucho de lo que vendría siendo la realidad. La paradoja es que estos pensamientos difícilmente pudieran no basarse en la misma. Entonces es toda una volada el instalarnos a desmenuzar pedazos de realidad pasada o presente (continua) y que este ejercicio de masticar e intentar deglutir todo eso sea un estorbo que no nos permita estar presentes con toda la intensidad, naturalidad y espontaneidad que los demás puedan suponer que es necesaria para llevar a cabo con presumible éxito el hecho sencillo de ser y estar en una situación cualquiera. Pero el rollo es que a pesar de cualquier weá que diga intentando defender el pensamiento el hecho de pensar mucho es medio ajilado y por lo mismo no deja de parecernos cuestionable. El asunto es que algunos (yo creo que a todos) nos gusta pensar. Y no podemos negar que el pensamiento es una weá maravillosa. No sé cuántos animales más sobre este planeta habrán podido llegar a desarrollar el nivel de pensamiento que nosotros homos sapiens sapiens ultra sapiens hemos logrado. Ninguno quizá. Y cómo todo nuestro quehacer (cultura) lo codificamos y de ese modo lo pudimos introducir en nuestra mente: nuestro lenguaje, imágenes, sonidos, ideas, sensaciones, etc. Es maravilloso cómo con el hecho que pudiera parecer tan básico como el de imaginar que pelamos un limón, le sacamos un gajo, lo mordemos y la carne ácida y jugosa se revuelve en nuestra boca ya nos puede tener salivando así como te tengo salivando a ti ahora, mientras leías esta lesera. Es maravilloso cómo eso lo podemos transmitir lenguajeando en nuestras sociedades, y mucho más maravilloso es cómo cada uno de nosotros tiene la capacidad de trabajar con su pensamiento en un espacio hermético el cual hasta el día de hoy es inviolable. Es la raja que nadie pueda oír o codificar de modo alguno lo que piensas. Siempre le doy gracias a Dios por eso. Es bacán tener esa caja fuerte donde se mezcla todo, donde por las noches tenemos sueños donde ocurre lo imposible, lo inimaginable. Es hermoso y ultra maravilloso cómo el pensamiento, que parece tan frágil y abstracto, termine generando realidad. Cómo una idea que se te ocurrió termina, al final, materializándose, y cómo lo material, lo físico, termina codificándose así como los bytes en un ordenador pueden terminar representando realidad. Ignoramos la naturaleza de estos bytes en nuestra mente. Una persona se muere, le sacamos el cerebro y este se disgrega igual como se desarmaría un lulo de paté si lo pescáramos con la mano. Del mismo modo como el tierno Rantés le explicaba al Doctor en el loquero, mientras tiraba un pedacito de cerebro por el caño mientras la disgregaba entre sus dedos flacos en esa peli argenta que le gusta tanto a los sipos sipos, donde el loquito miraba un pedacito de cerebro y se cuestionaba weás como estas que reproduzco ahora. Hermoso.
Entonces yo defiendo demasiado el que seamos capaces de poder pensar, de irnos hacia adentro y quedarnos pegados dejando pasar, quizá, la realidad por el lado nuestro así como si pareciera que no nos importara. Quizá en verdad un exceso en el uso de nuestra capacidad racional sea el culpable de generar una subjetividad tan individualista en un mundo donde los comunistas y los pastores evangélicos viven criticándonos esa carencia de empatía social o falta de amor por el prójimo. Aun así, y sin ningún afán de resistirme o de disfrutar con el goce de generar controversias, es que me veo muy complicado en esto de dejar de usar la “pensaora”, como sabiamente denomine el Rumpy al pensamiento.
Pero no sé en verdad. No tengo idea.


03 septiembre 2011

Goodbye, Felipe.

Ayer fui a la botillería con mi compare Germán y cachamos que las cabras que nos atendían estaban pegadas en la tele viendo la noticia de un accidente aéreo en el archipiélago Juan Fernández. El asunto es que como estábamos tan concentrados en hacer la previa con las escudos y después irnos a carretear a Bellavista fuimos insensibles a la noticia. Así que pescamos las botellas y nos fuimos de vuelta a la casa. Estábamos tomando unos vasos, escuchando a Vivaldi a todo ritmo cuando llegá el papá de mi compare y nos cuenta: se cayó el avión de Camiroaga, cabros. La noticia tomó de inmediato un matiz diferente, y yo tuve mis segundos de crisis. Qué noticia más lamentable, porque el socito resultó ser un personaje que se caracterizaba por una empatía generalizada muy positiva (nunca oí a nadie pelarlo en mala) y porque, además, el loco era todo un sex symbol de vieja culiá y una que otra cabrita escolar propensa a la masculinidá madura. Como todo el país cacha, lo acompañaban 21 personas más, contando los que manejaban la máquina, militares, el equipo del canal de televisión, funcionarios del gobierno y un empresaurio filántropo. A pesar de la sensibilidad de todas estas pérdidas humanas es innegable que la figura del hombre tiñó de un color muy pésimo y le dio al mismo todo un carácter o connotación completamente diferentes.
El Felipe Camiroaga fue una figura de la que no te podíai escapar si es que teníai una tele en tu casa y no teníai televisión por cable o satelital. Yo lo vi toda mi vida, en teleseries, animando, representando personajes, contestando teléfonos para las teletones. El socio se dedicó todo el rato a esa weá de la tevé... era más simpático que la vieja culiá. Yo recuerdo haber leído entrevistas en diversas revistas, y pelaba unos cables pulentos. Lamentablemente como eprsonaje televisivo no tenía derecho a intimidad o al cómodo e invalorado anonimato que tenemos el resto, la gente común y silvestre que es la que lo sapeaba desde el otro lado de la pantalla del televisor... por la misma weá cachábamos con qué minitas había pololeado, que tenía un burro, caballos y un halcón, como también una callampa en Chicureo donde hacía su vida en su casita, que como también todos supimos se la comió el fuego, dejándolo sin nada (recuperable). Todos sabíamos esas weás, incluso hasta gente seria que se preocupa de otras cosas y critica con mucha intelgencia y fuerza toda la patraña superficial y artificiosa que nos entrega un televisor. Pero no importaba. No importaba nada de eso. Todo esto lo teníamos que saber igual todos los desgraciados que nos levantámaos temprano todos los días y al pasar por el quiosco de la esquina hojeábamos los titulares de la prensa. Lo vimos en portadas, lo veíamos en la tele de la pega en el matinal dando jugo con la la modeloca de turno que lo apañaba... etc etc. Yo lo vi en la pantala de los televisores de mi casa desde que era chico... y cuando fui más lolito lo vi en el extra jóvenes cuando salía con el Marcelo Comparini, que era otro weón como él, y que igual me hicieron cagarme de la risa con sus wevadas. Niguno de nosotros pudo escaparse de esa weá a menos que nos hubiéramos criado sin la tele, pero aunque no hubiéramos tenido tele en la casa del vecino sí había tele, y si no, en la esquina vendían diarios y lo veíamos en el diario. Así mismo, como durante estas horas, ninguno de nosotros ha podido librarse de toda esta oleada que cubre absolutamente cada detalle del suceso, mostrándonos animaciones, mapas, dándonos explicaciones entregadas por expertos... archivos de imágenes, tanta wevada... y con mi compare Germán partimos a carretear conversando sobre la tragedia y el matiz Camiroaga. Yo le decía que intentaba ponerme en el caso horrendo de quien sabe que ahí viajaba alguien que yo amaba mucho, y cómo desearía que el mundo se detuviera por completo y pudiera ser sensible a toda mi angustia y dolor. Pero no, era imposible, porque al llegar al barrio Bellavista y caminar por la calle Constiución las hordas de gringos y cientos de cientos de gente arreglada, perfumada y bien vestida acudía a los antros de siempre a liberarse un rato de lo indeseable. El Patio Bellavista era un hormiguero repleto de personas ansiosas de entretención y esparcimiento. Yo le preguntaba al Germán: en este mismo instante: ¿En qué condiciones estará Felipe Camiroaga?. Y resolviendo a la respuesta más rápida -la cual aludía al sentido común- me contestaba que lo más probable es que dentro de un cubo de lata, hundido varios metros bajo el mar, siendo picoteado por esas langostas del archipiélago que son tan famosas. Y los muy crueles nos cagábamos de la risa, y al rededor de nosotros, el mundo, igual de cruel, seguía girando y siendo y estando con su ruedo colosal de pelota gigante de tierra que alberga todo lo que conocemos como mundo.
Toda esa noche no dejé de pensar en Felipe Camiroaga. Era inevitable. Dentro del bar mi compare me decía que una flaca de la mesa del fondo me miraba y me miraba, pero a parte de no creerle nada pensaba en el Felipe Camiroaga. Le decía varias weás al respecto, y él me instaba a tomar el suceso como claro ejemplo de la inevitabilidad del destino, pero sobre todo su impredicibilidad. Así que me terminaba sugiriendo que viviera la vida. Pero yo estaba pegado, rayado... y pensaba por qué: por qué la Amy Winehouse, y por qué ahora Felipe Camiroaga, y por qué me da tanta pena la weá. Todavía sigo pensando, y estoy a punto de irme a carretear otra vez a un bolishe nefasto lleno de gente ansiosa con ganas de vivir y disfrutar la vida, pero seguiré pensando en esto, y le daré jugo a los demás con el asunto. Quizá qué será. Pienso en el burro que tenía este loco, y cómo notará su ausencia, al igual que sus perros, los caballos y el pájaro de cetrería. Me da cualquier pena la weá, como también me dan penas las min@s con las que pinchó y cómo deben estar sufriendo. Podría ser lo mismo con el resto de las personas que iban en el avión malogrado, pero no sabía nada de ellas. De mi compare Felipe, por el contrario, sí... yo sabía algunas weaitas, y ustedes y casi todas las personas de este país las sabíamos. Puta que vamos a echar de menos en la tele a este kuleado. Y mejor no sigo redactando estas tonteras o me pondré a llorar. Buenas noches, cabros, y Adiós, Felipe.