¿Y yo qué hago aquí?

La weá weón.

30 mayo 2011

sobre la filosofía micrera


Se acabaron las máquinas binarias: pregunta-respuesta, masculino-femenino, hombre-animal, etc. …..Una buena manera de leer hoy día sería tratar al libro (el blog) como a una canción, ver una película, un programa de televisión; cualquier tratamiento especial del libro corresponde a otra época. Las cuestiones de dificultad o de comprensión no existen. Los conceptos son exactamente como los sonidos, los colores, las imágenes: intensidades que nos conviene o no, que pasan o no pasan. Pop filosofía.

Diálogos, Deleuze-Parnet. Editorial Pretextos. Paris 1977, trad. 1980.

27 mayo 2011

el patito cuántico

El otro día iba en la micro a todo ritmo reflexionando sobre algunas weás carentes de cualquier tipo de relevancia y, por lo tanto, importancia. Iba feliz pensando. Yo creo que a todos nos fascina pensar, sobre todo el pensar weás irrelevantes, absurdas e intrascendentes. Es innegable que existe algún placer involucrado en ello. En fin. A eso no iba. A lo que iba es que iba así, a todo ritmo, cuando entre salto y salto entre un pensamiento y otro me encontré pensando en cómo pudiera ser la realidad en el nivel subatómico. La dura. No puedo explicar con mucha especificidad qué secuencia de pensamientos me llevó a ello… creo que iba pensando en una actriz porno de la cual estoy profundamente enamorado (gogleénla si no se pueden aguantar el morbo: Milly Morris), de ahí pensé en su estructura fisiológica (sus ojos tan preciosos y sus incisivos grandes, como de conejo (tengo un rollo con eso a todo esto… otro día hablo de eso) sus bracitos flacos… -y obvio: el poto y las tetas-) … , y creo que así fue como terminé reflexionando sobre su estructura atómica (porque ahí es donde yo llegué a la conclusión que en ese nivel es donde yo soy exactamente igual a ella) entonces concluí que mi sueño de amor donde me doy un besito con la washita esa es viable así como en un 68.9% por un asunto de composición subatómica. Pero después pensé en cómo es que se dan esas relaciones entre los átomos, o sea, en qué es lo que hace que un átomo y otro se comporten de tal o cual manera, y así terminé pensando en su estructura subatómica, o sea, en las weaitas chicas (ultra emíferas) de las que se componen sus átomos. La respuesta debía hallarse ahí, dentro suyo.

Ni hablar de física cuántica, cabrones, que lo más probable es que cashemos poco o nada, así evitaré en la medida de lo posible mandarme carriles. Pero meditemos así como lo haría un filósofo micrero como tú o como yo: lo primero es que cashamos en la escuela que existe una weá chica de la que se construye la realidad: el átomo. Sabemos, también, que el átomo se forma de weás más chicas como electrones, o neutrones y otras cosas más como esas weás que no sabemos para qué sirven. Hoy se sabe que esas weás chicas están formadas por weás más chicas. Creo que les llaman las “partículas elementales”, y las nombran así porque weás más chicas que esas ya no existirían, por lo tanto, serían la materia elemental con la que Dios construyó la realidad. Lindo igual. Entonces, al hablar de esta realidad subatómica nos referimos a un nivel de insignificancia divino. Una weá muy chica. Ahora hagámonos así de chicos, ingresemos en ese ámbito e intentemos cachar qué ocurriría con todo lo que nuestro sistema nervioso nos codifica como realidad: el resultado sería una weá rara. De partida al hacerte así de chico toda la realidad se deformaría a tal punto de llegar a no parecerse a ninguna weá que para nosotros resultara identificable. No seríamos capaces de homologar esa nueva visión a nada que conozcamos. Yo creo que hasta weás tan básicas como la luz y el color ya no serían distinguibles. Las formas también desaparecerían: no habría nada parecido a un ojo bonito, un poto o una teta. Nada. Un desorden de mierda, así como la tele antu blanco y negro cuando no era capaz de sintonizar nada y sonaba shshshshshsh. En ese ámbito, entonces, podríamos llegar a la conclusión hermosa y comunista que en verdad todo es igual: el rico y el pobre, el perro y el gato, yo y la cabra esa de la pornografía. Así es como llegué a la conclusión que en cierto nivel esa preciosura y yo éramos como la misma tontera, aunque como representaciones fisiológicas ni cagando JA. Ahora el rollo que seguía a estas reflexiones era cómo fue que llegué a pasarme el rollo ese de poder llegar a darle un patito con amor, y su posible viabilidad. Y weno, como el viaje en micro era largo, estaba aburrido de leer a la Ana Frank o las guías de Pedagogía, escuchar a la Laura Stevenson & The Cans (gogléen a la weona también… para eso le anoto el nombre, si ni interesa saber) continué pensando dentro de ese mundito subatómico y la weá. Ahora pensé en qué weá pasaría si estando ahí (chiquitito… bien chiquitito, no olviden esa weá que es importante no descontextualizarse) y miro la hora en mi rolex. Creo que no serviría de nada. Como tampoco el asunto del espacio. O sea, el ser y el estar. Da igual… en ese ámbito nuestra noción de temporalidad y espacialidad se van al pico. Dejarían de ser pos. Así de simple. O sea: ¿cómo voy a referirme a espacio si estoy metido en el mundo de la materia elemental, osea, metido en el mundito ese que es el que constituye al espacio mismo?. Y sin espacio, ¿cómo va a haber tiempo?... ¿cómo vamos a tener una noción de tiempo en ese lugar donde todo simplemente vive un estado de vibración energética constante pero, a pesar de eso, se mantiene igual, porque no envejece ni muere?. Es raro. Entonces reflexionaba yo agarrado del fierro de la micro que, más encima, iba llena hasta el tope. De repente miré para los lados y pensé: ¿Estos culiaos y yo somos la misma cosa entonces? Pero la respuesta era re papa, porque era un SI, aunque situados en esta dimensión donde la realidad que consensuamos es el resultado de los fenómenos que son capaces de captar nuestros sentidos y que nuestro sistema nervioso central codifica como realidá la respuesta es NO, pues todo está ultra diferenciado porque simplemente es distinto (en esta dimensión). Pero en ese mundito de lo indistinto la rubiecita paletona y yo somos una pura weá, ubicados en la nada -aunque con masa- y atemporalizados, inmersos en la divina inmensidad. Por lo que no somos distintos ni tampoco estamos separados por la distancia. Así que hoy día mismo, cuando me vaya a dormir, voy a pensar cómo hacer para acercarme a ella y darle el patito con amor –aunque sea cuántico- con el que siempre he soñado.


PD: es verdá, cabrones

14 mayo 2011

Imágenes Paganas







La siguiente serie de imágenes corresponde a la etapa de mi vida en que junto al Miguel grabábamos y distribuíamos la música de Sémola's Grum. Lo pasábamos mortal. El sitio aun existe. Si les intriga conocer la canción que don Claudio (Debussy) le toca a las niñas en el daguerrotipo, o si les interesa conocer el link que la niña preciosa de la primera imagen promociona hagan un click aquí.
Recuerden que sus amigos de Sémola's Grum los están esperando.

Es verdad.

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05 mayo 2011

Filosofía en micro

Otro día más de mi vida iba en micro, pensando weás. Entre todas esas cosas pensaba más o menos a qué me dedicaría durante los próximos días, meses... y quizá años. Pensé en cosas sencillas y en weás más complejas. Todo lo sencillo y fácil aparecía primero. Siempre buscando el nivel energético más bajo: vagancia, ocio... cosas así. Lo complejo surgía muy aislado entre medio de todo ese vómito de ideas papitas: aprender a hablar bien otro idioma, pilotear aviones, estudiar cálculo o tocar el ukelele entre otras cosas.
Pensar es precioso. Uno puede instalarse y pensar lo que quiera. Puede asesinar, ultrajar, arreglar al mundo, contruir inventos maravillosos, dirigir toda una película si le da gana... inventar un cuento indescifrable... muchas weás. A todos nuestros pensamientos que aparentemente no pueden llegar a materializarse les llamamos sueños, y a todo el resto le llamamos ideas.
Me acuerdo cuando era pendejo y a cualquiera de nosotros se le ocurría algo y exclamaba todo emocionado: "¡Tengo una idea!". Y era como estar frente al milagro de la creatividad, y uno por esa pura weá era feliz. Y si la idea gustaba se materializaba de una. Usábamos el pensamiento de un modo muy práctico. Nada de subjetividades rancias que estorbaran: "¿Subámonos al árbol?" proponía alguien, y si había un consenso ahí partían todos a subirse al árbol: pensamiento = acción. Era lindo lo ligado a la realidad que era.
Pero ¿qué weá pasó?. Uno continuó avanzando en la línea del tiempo personal, se fue contaminando de ideas cada vez más relacionadas con lo que no era físico. O era Dios o el empirismo que se instalaban en nuestros pensamientos. Nuestras emociones fueron cada vez más presa de nuestras reflexiones. Ya no era como cuando éramos cabros chicos, que todo estaba ahí tan a ras de la superficie... si te enamorabai se te notaba altiro, si estabai enojado se te notaba altiro, si sentías algún dolor simplemente te ponías a llorar altiro... todo altiro... y así la emocionalidad se manifestaba con divina sencillez y por esa misma weá el espíritu se aliviaba rápido. Lo que pasó al ir creciendo es que nos pusimos a filtrar demasiado todo eso. Ahora cuesta darse cuenta si alguien anda enamorado, o si se siente triste o acongojado si es que no quiere demostrarlo. Aprendimos a ocultar esos aspectos de nuestro ser, cómo también a exihbirlos en el momento preciso para conseguir manipular al resto.
No creo que muchos de nosotros seamos capaces de recordar tan vivamente emociones pasadas del mismo modo con que podemos rememorar emociones más recientes. Si nos referimos a alguna emoción antigua de nuestras vidas nos reímos. Desde nuestra estructura actual observamos el pasado, y una tendencia general que suele darse es que hoy todo el modo en que nos desenvolvimos en esa parte de nuestras historias personales nos parezca insulso. Recordamos cuando llorábamos "por nada" al sentirnos ofendidos, frustrados, tristes o adoloridos. Esa fragilidad emocional nos parece el recuerdo chistoso y bastante difuso de algo medio absurdo que alguna vez fuimos. Esa es la posta... entonces iba ahí embalado en la micro y empecé a observar a todo el mundo uno por uno. No iba tan llena la weá. Un loco, una vieja, una washita carnuda... un cabro chico, una mamita, un abuelo. Todos serios, haciéndose los weones, evitándose los unos a los otros mirando para afuera. Es lo que vemos siempre cuando andamos en micro, y nunca varía esa weá. Comencé a pensar que todos fueron niños. Que todos fueron sensibles, frágiles alguna vez. Que ninguno no pudo no haber llorado. Que todos aprendieron a sacar toda su emoción de la superficie para terminar escondiéndola, hundiéndola muy dentro de su ser. Entonces me intrigué un montón: "pensar que todos van pensando weás distintas"... ¿qué weás serán?. Y lo primero que me respondí: "filosofía". Es eso... no podía ser otra cosa: todos iban en eso. Creo que nadie se percata nunca de lo placentero y cálido que resulta pensar. Creo que eso nos provoca un estado de gracia precioso. Aparte de hacernos deliberadamente los weones... filosofamos: andamos inventando conceptos, reflexionando cómo son las cosas. Así es como nos fuimos para el otro lado. El other side. El lado de la metafísica. Y en el camino de lo metafísico abandonas la niñez. Cagaste. Porque de ese estado en el que se introduce el ser (como hacia la nada) no hay vuelta. Ya no puedes volver a ser lo que dejaste de ser: niño. Y cada día te conviertes más en adulto, hasta cashar que fuiste muy weón, pero ya es tarde, así que decides vivir lo que te queda de vida como niño, o sea, la senectud, que vendría siendo como la otra niñez... una forzada, porque como indicaba, no se puede volver a la niñez a menos que sea por la obligatoriedad que pudiera imponer un estado biológico determinado, onda su alzheimer, o su demencia senil. En fin... es cuático el cuento.

La weá es que nuestro ser va cruzando como muchos estados durante su historia. Suponer que sea estático o que se mantenga incorrupto a través del tiempo es una tontera. Nada es incorruptible. Dios dicen que es incorruptible, eterno. Pero Dios debe ser como el internet. Porque ustedes deben cachar que si ahora mismo se apagaran todos los computadores del planeta, entonces internet desaparecería. Y si todas las personas existentes ahora con vida murieran, entonces Dios también moriría con todas ellas. Así que todo, en realidad, vive un proceso eterno i think. El moverse infinito ese... hasta que esa weá que fabricaron en Ginebra sirva para comprobar qué weá le da masa a las partículas elementales y al fin hayamos llegado a conocer lo indivisible y eterno, o sea, a Dios. JAja.

Weno... y eso...