¿Y yo qué hago aquí?

La weá weón.

25 abril 2011

palabras al cierre

Tuve un fin de semana completo más un día agregado para sentarme a escribir weás y después publicarlas por aquí, pero la weá es mucho más entretenida si te instalas a última hora a hacerlo. De preferencia en el peor momento que se te hubiera ocurrido. Así, entonces, qué mejor que un domingo (ya no es domingo, es lunes) a las 0:10 hrs. Escuchando canciones en algún idioma que no entiendes, acostado, con un poco de frío. Pero sintiéndose bien de todas maneras... aunque mañana (en unas horas más) deba levantarme temprano, cagarme de frío, salir con la mochilita a hacer las cosas que correspondan a un día lunes. Medio angurri. Angurri porque ando con la sensación que no he hecho muchas cosas, y se me han olvidado otras tantas. Pero no importa, porque ya llegará el momento en que me pagaré un paipazo en la frente cuando me vaya acordando conforme el día avance... lo más probable es que me diga a mi mismo: "¡esa weá era!".
Entonces ahí me pasará esa weá que me pasa siempre y que a pesar de todo me esfuerzo en evitar: haciendo planes. Organizando. Calculando. Especulando. Sacando probabilidades. Weás que desde hace tiempo me di cuenta que nunca me han servido de nada. Pero tengo fe en mi inconsciente que pasa almacenando información importante y de algún modo termina manifestándose en ciertos aspectos de mi ser. No los puedo detallar, porque son procesos de los cuales, y aunque suene redundante, no soy consciente en lo más mínimo... pero ahora, pensándolo bien, no es tan inconsciente porque de todos modos sé que están sucediendo. Plop.
Pero la otra weá que iba relatando es cierta: que hay weás que ya sé que no me sirven en lo absoluto para nada. Esas weás que iba detallando más arriba. Y claro, porque me levanto todos los días con un mapa de lo que probablemente puede ser el resto del día, pero al final el asunto es que no existe manera de poder vislumbrar de un modo mínimo los destinos de un día ordinario cualquiera. De ninguna manera. Así que por ese lado me atrevo a afirmar que gracias a cosas como esa es maravilloso vivir la vida. Eso sí que no deja de haber, dentro de toda esa maravillada culiada, también involucrado un factor de riesgo. Pero weno. Hay que tener huevos también. O hacércelos, o los pocos que hay apretarlos fuerte con una mano para exprimir los restos de coraje necesarios para salir a vivir la vida.
Podrían hacer un jarabe contra el domingo.
Buenas noches.



16 abril 2011

Yury NGS

Hola.
Les presento al Yury Mardones. Lo conocí allá en Lyon. Me lo presentó el Miguel. Es terrible wena onda, y lo pasamos mortal. Espero que les guste y wenas tardes.



07 abril 2011

Reflexión

La vida por delante (y por detrá)

Estos últimos meses he tenido la cuea infinita de poder conversar y conocer personas diversas. Todos tenían alguna weá que decirme: hablarme de lo que hacen, qué cosas opinan al respecto de… etc. Yo me cruzaba de brazos y escuchaba no más. A veces me costaba, porque pasaba que a propósito de algo que me habían dicho yo también tenía una opinión (que, de hecho, no sé de dónde saqué que podía ser algo medianamente importante como para ser dicho) y como que me desesperaba, pero al final empuñaba ambas manos y me tragaba todo eso. Entonces dejaba hablar no más, y abría más la oreja para seguir escuchando. De pronto me pasaba que quería hablar de nuevo. Esta vez no para opinar, sino para hacer una pequeña aclaración culiada: después de Marte sigue Júpiter, de ahí Saturno, Urano, Neptuno y al parecer Plutón ya no se cuenta porque no alcanza… era eso no más. Pero otra vez no sé de dónde saqué que esa pequeña aclaración iba importar, porque en verdad no alteraba el sentido de la weá que me estaban hablando. Así que ni siquiera tuve que empuñar mis manos para hacer un esfuerzo físico para tragarme algo metafísico. JA. Y seguía con los brazos cruzados no más, escuchando. De repente me pescaba la pera entre los dedos índice y pulgar de la mano derecha. O me pasaba la yema del dedo índice por la sien derecha… así como amasando la piel de mi cara hacia abajo. Y me hablaban y me hablaban. Y yo escuchaba no más, y hacía esas cosas como para parecer que aun estaba vivo, escuchando. JA. El asunto es que he estado haciendo esta gimnasia del escuchar porque hace poco me di cuenta que casi nunca pescaba a nadie. Todo porque un día me hice una pequeña evaluación luego de hablar con alguien con una serie de preguntas sencillas así como de cuestionario de comprensión de lectura de básica. ¿Cuál fue la idea principal?, ¿las secundarias?, y me di cuenta que no sabía responder. No sé. No tengo idea. El asunto es que hasta ahora mismo que me encuentro escribiendo esto que he venido cashando que a pesar de mis ejercicios de escucha, igual no más… soy charcha para ir reteniendo algunas cosas. Me dicen muy seguido: “weón, pero si ya te había dicho”. Shuta. No me acuerdo, en serio. Y mientras me he ido examinando en mis escuchas he ido dándome cuenta que no puedo escuchar y pensar qué decir al mismo tiempo; osea: o escucho o hablo, pero no me da la masa encefálica para hacer ambas cosas. Entonces claro, pasaba que cuando hablaba con alguien y parecía que estaba escuchando, en realidad estaba piola pensando qué cosa iba a decir yo. Yo –yo. Y claro, el ego culiado inmundo que me tenía todo distraído concentrado y replegado sobre mi mismo. Brígido. Y me dio pena porque cuántas veces me habrán dicho cosas muy importantes que simplemente oí pero no escuché. Y es que claro, todos sabemos que un discurso contiene un mensaje explícito, como también otro implícito, oculto… que uno va interpretando de a poquito leyendo entre líneas pequeños detalles con los que se va construyendo otra idea que suplementa todo eso que te están diciendo. Una persona te cuenta que atropellaron a su perro, que lo metió a un saco y lo fue a enterrar, pero en esa segunda lectura que viene llena de signos que complementan al lenguaje también te cuenta lo triste que significó el hecho de meter algo muerto que amaba mucho dentro de un saco, enterrarlo y luego sufrir pero no poder manifestarlo abiertamente porque entre nosotros, humanos, manifestar un dolor sentido, legítimo y profundo por cosas así no tiene un asidero racional. Pero de todas formas si nuestras palabras no pueden comunicarlo, entonces una serie de códigos, de complementos y suplementos del lenguaje sí lo podrán hacer. Nosotros podemos interpretar ese tipo de lenguaje. Es universal, y es como bonita la reweá.

Así fue como me pegué el manso palo en la cabeza y empecé a recordar muchas cosas. Recordé cuando andaba en el carrete del bote donde me acerqué a la francesa y puse mi brazo así como imitando un mango de garrafa, levanté las cejas y miré hacia el tumulto que bailaba. Ella sonrió, y metió su bracito entre medio del mío y nos fuimos a bailar una cumbia. Hermoso. Ni siquiera le tuve que decir “vulevúdansé?”. Nada de eso. Como también muchas conversaciones donde hablé tanta wevada, y me dijeron otras tantas, pero al final la idea era otra weá completamente opuesta. Decía: “no tengo ningún apuro”, pero lo que en verdad quería decir era “me quiero quedar aquí para siempre”… o “no hay atado”, cuando en realidad quería decir “si, habrán atados, pero no me importa”… sutilezas de mierda como esa. Y uno lo sabe, y la otra persona lo sabe, pero se juega a eso de interpretar las reales intenciones e ideas. Es pal pico a veces, pero no tanto, porque es un detalle que hace la vida bonita.

El rollo de hablar crudo es que siempre nos significa un riesgo. Es como exhibirse demasiado por dentro. Porque todos cachamos eso que las ideas nacen en alguna parte, y pasan una serie de filtros hasta salir para afuera. A menos que uno esté curao esos filtros trabajan 24/7, como el desodorante ese mula que publicitan. Entonces seguimos jugando a hablar, comunicar una idea y, a la vez, lanzar darditos que digan otras cosas extras. Si los interpretaron bien, sino, bien también. Pero ya estamos acostumbrados, y en verdad es raro comunicarnos de forma tan cruda. No sé si saben que existen personan que nacen completamente incapacitadas para poder interpretar lenguaje corporal. Son inmunes a sutilezas como el sarcasmo, o los eufemismos o a todo tipo de mañas de esa misma índole. Así sería un robot si es que llegara a inventarse uno que pudiera entablar una conversación con nosotros. Lo podríamos agarrar para el weveo o burlarnos y el weón no se daría ni por enterado. Puta que sería complejo programar al culiao pa que pudiera interpretar todas esas weás. Tendríamos que llenarlos de algoritmos que le indicaran cómo ir interpretando una entonación, un gesto facial, un movimiento de manos… y pasaría desactualizado, porque estas sutilezas viven cambiando día a día. Los códigos van cambiando a cada instante y el mundo gira y gira no más. Y yo ahí, cruzado de brazos, oyendo pero no escuchando nada. Pero dentro de todo alguna idea me queda adentro. Puedo hacer un gran resumen de ese gran discurso que acaban de decirme. Por lo menos saber si alguien me dijo que estaba bien, o si me dijo que estaba mal. De eso soy capaz de acordarme. Ahora, por qué está bien o por qué está mal no tengo idea. Más detalles me resultan casi imposibles. Pero voy a seguir intentando escuchar bien.

04 abril 2011

Noticias


Las Noticias del Diario de Hoy. Otro día hablaré más de eso.