¿Y yo qué hago aquí?

La weá weón.

03 enero 2011

Diversión

Con el rollo del fin de año y los odios correspondientes comenzó como a terminar de cocinarse una idea culiá que andaba trayendo en la mente desde que era un niño: la diversión.
Cuando era pendejo pasaba aburrido casi todo el tiempo. Era horrible. Pero la mayor parte del tiempo llegaba un momento en que me encontraba solo en el mundo, sin ideas y sin nada que pudiera ayudarme a mantener la mente ocupada en algo. Muchos años después, viendo una entrevista a un físico francés, le consultaban sobre ese fenómeno desde la visión de la física. El hombre contestó que se trataba de un estado presente demasiado puro, refiriéndose a que no estaba contaminado por el estorbo de algún pasado distractor reciente o las especulaciones preocupadas sobre algún futuro incierto. De pronto te hayabas en un estado presente demasiado limpio, y simplemente no lo podías tolerar. A todos nos ha pasado, nos pasa, o nos va a pasar. Es natural.
Lo charcha es que yo como niño no meditaba al respecto, sino que simplemente sufría por el horror que me provocaba este monstruo en el espíritu, y me quejaba y pedía ayuda a mis padres diciéndoles, simplemente, que estaba aburrido. Pero para ellos oirme decir eso era un fastidio, y me retaban dándome como explicación que yo no debiera estar nunca aburrido, porque era un deber singular el no caer nunca en esos estados indeseables del ser. Entonces con esa explicación y sin ninguna pista que pudiera auxiliarme, continuaba sufriendo ese dolor hasta que en algún momento ocurriera algo y se esfumara.
El asunto es que a medida que fui creciendo comencé a lograr cierto nivel de independencia intelectual que llevó a concentrarme en búsquedas particulares sobre temas que comenzaban por ese entonces a interesarme. Así, entonces, la era del aburrimiendo comenzó a desvanecerse poco a poco, y siempre mis inquietudes dirigían mis fuerzas de movimiento y trabajo hacia algún tipo de fin determinado. Se podría decir que trabajaba por no aburrirme. La idea era no tener espacios presentes puros. Si no me encontraba pensando en lo que había hecho o descubierto, entonces me encontraba planeando algo que hacer más adelante, o si no sumido en mi presente haciendo alguna pega enajenado. Así creo que aprendí a tocar guitarra, a escribir y dibujar. Así comencé a usar ese tiempo y hasta el día de hoy continúo usando la misma lógica del uso del tiempo en mi vida.
Con el pasar de los años, con un uso del aparato intelectual un poco más desarrollado y con mi entrada al sistema de escolarización oficial esa weá a la que yo llamaba como lógica del uso del tiempo de mi vida pasó a entrar en la nomenclaturización oficial de ocio, y las viejas conshesumadres de delantal azul comenzaron a hacer mi vida mísera e infeliz. Así, entonces, todo mi proceso singular donde desarrollé una relación al uso de mi tiempo y las manifestaciones creativas mediante el trabajo absurdo y no regularizado entraron en una crisis firme frente al sistema de educación oficial que ahora me imponía otra lógica de trabajo colectivo, uso de tiempo regularizado y trabajo sistematizado donde las manifestaciones creativas se parcializaban dentro de alguna rama o asignatura... qué se yo.
Yo estaba pa la cagá porque sufría con ese choque que había entre mis mañas desarrolladas en años de introspección contra todas las weás que ahora me hablaban en la escuela. Pero me hice el boliviano, intenté adaptarme aprendiéndome todas las weás de memoria y esos doce años se pasaron cagando. Una vez fuera del colegio debí enfrentarme al mundo no escolar. Otra vez ocurrió algo. Ahora Debía divertirme, pasarla bien. Yo no estaba ni ahí, porque con mis weás la pasaba mortal. Pero hubo otra vez un choque entre ese desarrollo personal de una lógica de la pérdida de mi tiempo libre versus la lógica que estaba oficializada en el mundo. Entonces tenía que tener un círculo social donde desenvolverme y en el cual existía una serie de códigos invisibles pero tan reales e idefectibles como una roca. Debía ir a ciertos lugares, hacer ciertas cosas. Era toda una forma de ser y estar en el mundo, como un código brígido de la recreación y el esparcimiento y que, paradójicamente, se consideraba sinónimo de la libertad como manifestación mayor de los brios juveniles. Yo me resistí en cierto modo, pero constantemente recibía una serie de cuestionamientos hacia mi actitud debido a este mismo rollo. Nunca supe cómo explicar que mi resistencia respondía a esos mismos brios juveniles pero canalizados de otra manera. Pero básicamente era el odio que siempre he tenido que me motivaba a reaccionar de ese modo. Era una weá newtoniana. Pero por otro lado estuvo siempre ese choque entre todo mi desarrollo personal versus los canales oficiales de conocimiento.
Hoy sigo en la misma volá y me cuestiono siempre la lógica que hoy existe sobre la diversión, el entretenimiento y el esparcimiento, pues ha llegado al punto de ser , para mi, un volón facista. Mediante aparatos mass media se informa cómo debe ser, y de algún modo culiado inexplicable todos acuden ipso facto al llamado. Creo que fue hace unos años cuando un sábado en la noche iba en el metro hacia la estación Cal y Canto y comencé a observar que el vagón venía repleto de gente vestida completamente de blanco. Eran grupos de jovenes que se dirigían a carretear a alguna parte, y yo me pasaba el rollo de estar metido en un cuento de García Márquez con weones vestidos de blanco en un vagón de tren. Luego, al llegar a la estación de mi destino y salir afuera descubrí que se trataba de una mega fiesta que se realizaría en la ex estación de trenes Mapocho. Una modelo de mega fiesta importado donde se debía ir vestido íntegro de blanco. Una gran mayoría portaba botellas con agua mineral y una felicidad culiada en sus rostros que me daba envidia, porque yo no iba feliz como ellos. Me cuestioné profundamente el sentido de esa weá, y cómo un sentido de lo que -se supone- debe divertirnos puede masificarse, siendo que para mi la diversión, entretención o esparcimiento consistían en desarrollos particulares de cada individuo y tan singulares como única e irrepetible es la historia psico, social y emocional de cada uno de nosotros. El asunto es que el sentido culiao de la vida se puede hacer colectivo, realizar movimientos de masa importantes, cobrar algún importe y lucrar, incluso movilizarlos en un sentido determinado para satisfacer una ambición particular. Weno, ejemplos hay de sobra en la historia de la humanidad. Hoy la weá sigue tal y cual. Así que de un carrete masivo donde vamos todos a bailar vestidos de blanco (porque sí), a un campo de concentración hay unos pasos...
Weno... quizá estoy exagerando. Si era un carretito cuático no más.



01 enero 2011

Un año más.

De todo el montón de wevadas que ha sido capaz de realizar la especie humana desde que aparecimos sobre la faz de este planeta siento que el haber llegado a hacer del tiempo una weá cuantificable es una de las más nefastas de todas. Desde el segundo, como unidad mínima de tiempo a un nivel de uso ordinario hasta el año, como el conjunto mayor de tiempo que conocemos en el diario, que siento que nos echamos encima un montón de atados que siguieron por extensión. Tenemos así que los segundos nos empezaron a exigir más precisión, los minutos más eficiencia, las horas más concentración, los días más disponibilidad, los meses más constancia y los años más dedicación. Así es como graduamos los espacios temporales en nuestras vidas desde que aparecemos hasta que debamos irnos. Trazamos una línea de tiempo que avanza de izquierda a derecha. Comienza, por el extremo izquierdo, con el nacimiento, y terminaría el día de nuestra muerte, en el extremo derecho. Todo el espacio que queda entre medio lo dividimos en bloques, cada bloque representa un estado temporal particular: una edad, un ciclo, un curso, un estadio. La weá que sea. Y así a la vida la llenamos de líneas cuadriculadas que encierran momentos o cosas así por el estilo.
Anoche, según el calendario culiao de todos los que usamos el gregoriano, se terminó un año. El 2010. Por todos lados oía wevadas o leía en los status del facebook sobre el año 2010: año de mierda... año bueno... que se vaya pronto... que ojala el otro sea igual... y cosas así por el estilo. Yo escuchaba no más, con todo el odio, porque siempre he sentido que es muy impreciso el hecho de intentar pescar un bloque de 365 días y pretender clasificarlo del modo que sea. De hecho, es imposible. La imposibilidad, al parecer, y según a mi se me para la raja, consiste en que el hecho de tomar un día, o mucho menos aún, el par de horas que somos capaces de permanecer despiertos viviendo la vida dentro de ese día, y luego intentar una clasificación precisa ya resulta algo entero imposible. Imposible es poder hacerlo porque apenas tenemos la capacidad cognitiva de poder recordar todo lo que sentimos, pensamos o hicimos durante ese conjunto extenso de horas. Ahora, ampliémonos dentro del rango de una semana, luego un mes... hasta alcanzar un año, y en verdad con suerte seremos capaces de recordar sólo aquellos instantes que tengan una correlación emocional significativa en el sentido de la intensidad de aquellas sensaciones experimentadas y todas estas aplicadas solamente dentro del aspecto singular de cada individuo. Fuera de eso, es puro olvido. Por otro lado se encuentra toda aquella información que ciertos intereses colectivos pretenden que conservemos latente,y para ello se basta de la maquinaria informativa habitual con la que conivivimos a diario. Pero esa memoria colectiva es tramposa porque es artificial. Y así po... al final el concepto de "año" se diluye como otra ficción más con la que nos pueden vender algún rollo para que salgamos a comprar masivamente alguna weá que nos hacen pensar como imprescindible: helao de piña, champán y diversión. Y fuera del helado de piña (que igual es rico, dulce) y el champán que nos hace tirarnos flatos con olor a vino blanco, el entretenimiento lo comercializan brígidamente. Uno 'debe' indefectiblemente pasarlo la raja el día 31 en las horas previas y posteriores al cambio de año porque sí no más. Porque es año nuevo. De lo contrario, estás cagado. Es como una lógica de la taquilla brígida que no puede refutarse de modo alguno y como lo es, de hecho, casi toda la lógica de la alegría de vivir que conocemos: alienante y homogeneizante. Pero filo. Eso es una opinión culiá solamente. JAja.
El hecho es que fuera del jugo del tiempo (que no existe en un sentido absoluto), viene el asunto de las fechas como el fin de año, la navidad, el jalogüín y el día de nuestros cumpleaños. Muchas cosas así. Pero weno ¿Pa' qué tanto odio también?
Feliz año nuevo.