¿Y yo qué hago aquí?

La weá weón.

26 diciembre 2010

recuerdo


Este daguerrotipo me lo envió mi compare Rivera. Es añejo, puede ser del 99' o el 00'. Ahí estamos peluseando en una cancha de tierra en Conchalí. Al fondo pueden divisar la Avenida Independencia, llegando a Américo Vespucio Norte. El cerro: Renca. Al fondo viene David, por el sur-oeste, trotando hacia nosotros. Luego viene mi compare Claudio (Rivera) y adelante yo.
Lo sicodélico que nos llevó a ese lugar lo recuerdo perfectamente. Nos juntamos en la Cancha de tierra para una sesión de fotos. Lo raro, es que era pa una tarea de física cuántica. Ja. No me acuerdo la nota que nos habremos sacado. Puta que fui lindo.


22 diciembre 2010

Canciones de Cuna


Cuando fui a ver al Gonzalo Aloras al local pelolai cantó una canción al piano más linda que la vieja culiá. Recuerdo muy bien que yo estaba sentado en la barra del bar, tomándome una fanta con hielo, al lado de la Ariela, y en eso el loco empieza a tirar unos acordes en el pianito y comenzó a cantar algo. La letra era tan simple, pero daba la impresión que decía algo demasiado verídico, y en sus palabra no había ningún esfuerzo angustioso por querer comunicar algo con urgencia (como padece un montón de canciones en el globo), sino que era como una sentencia que describía una realidad singular inapelable en su sencillez. Al terminar de tocarla, Aloras contó que la letra de esa canción la había escrito un niño huérfano de 12 años que él, hasta ese momento, aun no conocía. Todo eso se trataba de una iniciativa donde él junto a otros músicos argentinos musicalizarían poemas de niños huérfanos de la fundación correspondiente. Mencionó a Luis Alberto Spinetta, Pedro Aznar, Ricardo Mollo (de Divididos), Fito Páez, entre otros. Yo quedé más tocado con la weá de canción, pues estaba cargada de una dulzura y ternura que me conmovieron hasta el contre. No exagero. Oum. Pero en verdá os digo (como decía el maestrshro) que se trataba de un tema hermoso. Otra lesera importante que me dejó pelando el cable con la canción fue el detalle del poema. Creo que el Gonzalo Aloras hizo un trabajo muy consciente sobre esas palabras, y el resultado fue preciso. Quizá no soy objetivo porque amo demasiado a este argentino reculiado y casi siempre lo paso mencionando y alabando. Así que mi opinión pudiera significar nada más que otra shupada de pico, como dirían los rotos ordinarios rascas que me rodean. Pero si alguna vez tienen la oportunidad de oir la canción (cuando yo tenga el disco y se las muestre personalmente cuando nos veamos por ahí) puede que me digan: qué bonita wn. Y en ese sentido creo que la mezcla fue precisa: cuando me siento bien en lo profundo de mi ser sólo escuchando vibraciones que viajan por un medio elástico (aire), entonces creo estar en presencia de algo importante. Es eso no más. Es un vómito demasiado subjetivo de mi parte, pues todos nos conmovemos con weás de distintas índoles, y en lo musical hay mucha forma en el mundo, pero al final, extrayendo el mínimo común denominador, son vibraciones organizadas que se desplazan por un medio elástico y nosotros con el aparato apropiado somos capaces de interpretarlas. Si luego de eso se nos llena el alma porque sí no más, entonces: voilá! la weá hizo clic.
He buscado y preguntado y sólo sé que es muy probable que el disco salga antes de fin de año. Lo espero con ansias, porque quiero tener una copia y volver a escuchar esa canción otra vez. Olvidé la melodía, y sólo me llegan reminiscencias de su armonía tan suavecita al cerebro.
"Hoy no quiero amarte, sólo quiero cantarte..." recuerdo que decía (o algo muy parecido).




20 diciembre 2010

Coclear


Coclear
Oleg Pashenko


Una vez escribí una canción que decía en una parte: no importará todo lo que diiiiiiiga !!!. No importará, pueden ser mentiiiiiras!!!. Y ahora recordaba esa weá, las circunstancias en la que apareció y lo que estaba pasando en mi vida por ese entonces y me bajó flor de nostalgia. Pero filo. No importa. Ja. Lo que sí me parece medianamente importante es cómo mi yo se manifestaba solito en esas letras que escribía por ese entonces. No podría haber escrito otra cosa, ni tocado otro tema ni nada de eso... todo tenía relación a mi forma de ser. Sobre todo en lo que a mi creatividad se refiere, o mejor dicho: mi capacidad de mezclar wevadas. En verdad una creatividad pura es peluda de encontrar y lo más probable es que ni cagando exista (weno... Hayao Miyasaki, Oleg Paschenko, Mark Ryden... son recuáticos.) Por eso hablo de capacidad pa mezclar weás. Nada más. Nada menos. Y claro, este blog culiado no importará, porque todo puede ser tremendo toyo. De hecho, creo que es una mezcla de ficciones y realidá que de repente termina siendo cualquier weá. El asunto es que al final da igual. ¿Qué importa la verdad? nos dice Fito en el verso de she-s-mine.

PD: es mentira.


16 diciembre 2010

sueño - historia

Parte uno.

Hace muchísimos años Nicolás, hijo de un señor feudal muy poderoso, fue encomendado a embarcarse a tierra santa con la misión de cargar la santa cruz y ayudar a liberar aquellas tierras del dominio moro. Era el menor de seis hermanos varones, todos choros y wenos pa' la pelea. El joven Nicolás, en cambio, había nacido con ciertas inquietudes que lo mantenían en una constante duda sobre todo cuanto le rodeaba. Esta guerra santa tampoco escapaba a estos cuestionamientos. Sentía que viajar a ese lugar no tenía sentido alguno, pues le contrariaba profundamente el pensar que la omnipresencia todo poderosa del dios cristiano -su Dios- quisiera perder el tiempo luchando por una pequeña porción de terreno en un lugar que a nadie pudiera importarle más que a los afanes megalómanos del arzobispado. Nicolás le manifestó estas inquietudes a su padre, el cual reaccionó de modo exagerado al pensar que su hijo pudiera encontrarse poseído por algún tipo de demonio del pensamiento (como se le solía llamar a aquellos supuestos demonios que despertaban cuestionamientos herejes en los pensamientos de los hombres). Con cariño le instó a seguir a sus hermanos y que peleara juntos a ellos para reafirmar su fe. Fue así como al llegar aquél fin de año de la era cristiana que zarparon desde lo que sería hoy Nápoles, en Italia, en una carraca inmunda y llena de guarenes, y luego de un viaje no tan extenso como uno pudiera imaginar, desembarcaron en lo que hoy sería Beirut, en el Líbano, puerto tomado en aquél entonces por cristianos romanos. Una vez ahí Nicolás y sus seis hermanos emprendieron el viaje hacia Jerusalem, lugar infectado de moros que no creian en Dios. Fue precisamente llegando a Nazareth donde ocurrió el primer enfrentamiento con estos tipos de los cuales Nicolás había oído hablar a algún cura bizantino en la catedral de su ciudad. Ahí tuvo lugar el primer encuentro con hombres de guerra árabes, los cuales eran de Jordania. A Nicolás le llamó mucho la atención la forma de ser de aquellos hombres, sobre todo de sus aspectos físicos, de los cuales pudo notar grandes diferencias con el caucásico europeo típico, y sobre todo grandes diferencias con los moros sometidos de Beirut, hombres pacíficos de mar, los cuales pasaban inadvertidos en su especie de falta de personalidad. Luego de aquél enfrentamiento donde no resultó herido ni muerto nadie, decidieron quedarse ahí con el cuerpo de avanzada el cual estaba compuesto por hombres de diversos lugares de europa, todos cristianos fanáticos, como los hermanos de Nicolás, quienes sólo deseaban con fervor pelear, matar y recuperar aquellas tierras. Los curas que acompañaban la caravana les narraban historias extraídas de las epístolas de San Pablo, y también del Evangelio según San Mateo, donde les explicaban acontecimientos importantes, datos y anécdotas sobre el lugar en el que se encontraban pernoctando. Nicolás, agobiado de toda la situación en la que se encontraba, decidió alejarse imprudentemente del campamento para estar solo. Subió a una pequeña duna y se puso a observar unas luces a lo lejos. Hacía frío y corría un viento muy extraño. Todo parecía nuevo. Pensaba profundamente en el sentido de aquél viaje, y en el destino que le pudiera esperar cuando fue noqueado por una piedra y no supo más del mundo.
Desorientado y abrumado abrió los ojos y se encontró con un joven que pudo haber tenido su edad y que le sonreía amable. Era un moro, tostado, de ojos pequeños y una barba de chivo negro azabache bajo su pera puntiaguda. Sobre su cabeza un turbante blanco relucía, impecable. Miró hacia un lado, escuchó unos garabatos en una lengua extraña y luego se dirigió al moro en su idioma. Le preguntó qué había pasado. El moro volvió a sonreir. Nicolás cerró los ojos y se volvió a quedar dormido.
Al otro día Nicolás se encontró en una caravana de Jordanos flaites que se dirigían hacia lo que hoy sería Ramadi, en Irak. Lo llevaban en una camilla, envuelto en gasas, como a una momia. Era un viaje larguísimo, en camello y caballos y muchas personas que seguían a pie. Caminaban tranquilos, sin hablar. En eso se acerca el moro de la noche anterior hablándole en su idioma, perfecto. Se presentó, le dijo que se llamaba Jalil y se fue conversando con Nicolás todo el resto del viaje.
Lo primero que le inquietaba a Nicolás era saber qué había sucedido la noche anterior fuera del campamento. Jalil le contó cagado de la risa que había ido a husmear a los cristianos cuando lo encontró dándose vueltas solo, lejos del campamento, y decidió noquearlo de un peñascazo y llevárselo para poder conocerlo. Nicolás le dijo que hubiera bastado con haberse acercado a hablarle, pero Jalil nunca hubiera podido sospechar, siquiera, la forma de ser tan pacífica de Nicolás y la forma que este tenía para reaccionar a cosas como esta. Para Jalil nada era una coincidiencia, y todo era culpa de Alá. "Él te trajo aquí" le dijo, sonriendo. Nicolás le respondió lo mismo: "Dios me trajo aquí". Jalil soltó una carcajada y continuaron aquél viaje por esas tierras infértiles.
En todos esos días Jalil y Nicolás conversaron mucho. Así Nicolás pudo conocer toda la historia de éste: cómo había aprendido el idioma, de dónde era, cómo eran sus costumbres, cómo era su dios, y muchas preguntas que surgían como de un manantial. Jalil, por su parte, no se cansaba de interrogar a Nicolás sobre su procedencia, sus costumbres, su vida y su forma de pensar y ver la vida. Los dos eran muy parecidos en sus inquietudes intelectuales y vivían cuestionando los modos con los cuales ambos habían sido formados, por lo mismo ambos se encontraban muy interesantes como ciudadanos provenientes de diferentes culturas, y también se sentían muy ligados como hombres. Así, luego de 40 días de viaje intenso llegaron a una ciudad inmensa donde ningún europeo hasta ese entonces hubiera podido llegar.
Jalil era el septimo hijo, al igual que Nicolás, donde todos eran varones. Al nacer venía con el cordón umbilical enrollado al cuello, con su piel azul y al acto fue dado por muerto. Pero cuando se disponían a envolverlo para darle la sepultura Jalil comenzó a llorar con fuerza y su padre, el jeque, asumió todo como un gran milagro de Alá, por lo tanto Jalil gozaba de tener un afecto especial de su padre, el cual le consentía y le permitía toda clase de excentricidades y caprichos. Para todos Nicolás resultaba otro capricho más de Jalil, por lo que nadie podía intervenir de manera alguna, incluso los hermanos de Jalil, fanáticos como los hermanos de Nicolás, y que hubieran deseado verle con el cuello cortado.
Así fue como Jalil llevó a presentar a Nicolás ante su padre a lo que, para Nicolás, hubiera sido una especie de corte. Ahí conoció al padre de Jalil, un hombre inmenso, gordo y con cara Búho. Jalil tenía una personalidad excéntrica, y Nicolás especulaba que pudo tener relación a su asfixia prenatal. Había mucha gente, y un lujo y una forma de disponer todas las cosas que Nicolás ni en sus delirios más profundos hubiera sido capaz de llegar a concebir.
En la corte nadie hablaba o se dirigía al padre de Jalil directamente, salvo él, que se acercó a su padre, se le tiró encima, lo abrazó y le dijo un par de garabatos en lengua profana que al acto hicieron que el viejo soltara unas carcajadas colosales. Nadie emitía sonido alguno. Nicolás desde un rincón observaba fascinado aquella escena tan bizarra. El hombre aplaudió y al acto apareció una mujer con una bolsa de seda que le entregó a Jalil. Éste hizo una especie de reverencia, dijo otra cosa, sonriendo, y el viejo volvió a soltar sus carcajadas mostruosas. Jalil salió dando saltitos entre la gente que se encontraba postrada y le hizo un gesto a Nicolás para que le siguiera. Fueron a una carpa y ahí Jalil, contento como niño le dijo a Nicolás: "¡Mañana nos vamos a Egipto!".
Nicolás no podía comprender nada. Sólo seguía a Jalil donde fuera, pues su vida, desde el momento en que recibió el peñascazo en la cabeza, dependía de él. Así fue como le refirió a Jalil este pensamiento, como también lo asombroso que encontraba tanta coincidencia en lo que tenía relación a sus vidas. Para Jalil esta forma de pensar le parecía interesante, y respetaba mucho el modo de ser de Nicolás. Le refirió que para él cada uno de los movimientos que había realizado desde el momento en que divisó a Nicolás caminando solo en esa duna, le hizo puntería y se lo llevó, respondía a una voluntad superior, pero por otro lado estaba la gran inquietud de querer conocer lo que no se le permitía. A Nicolás le agradeció profundamente su forma de ser y disposición, y ahora deseaba llevarlo en su nuevo viaje hacia las tierras de los faraones de las cuales Nicolás había oído tantas veces en las historias bíblicas. Esa noche, antes de ir a dormir, Jalil le dio un anillo de oro a Nicolás el cual, le dijo, serviría para protejerle. Llevaba una piedra verde incrustada. Nicolás pensó que se trataría de algún mito o leyenda relacionado con la religión de Jalil. Pero este, mientras se iba le dijo: "es para que los guardias de mi padre no te corten el pene", soltó una carcajada y se fue a acostar.

Continuará...

15 diciembre 2010

mix


Aquí expongo una serie de trozos de weás que empecé a escribir y nunca terminé. Además le agrego comentarios, como en esa opción que traen los devedés y que nadie nunca pesca (por lo general porque vienen en inglés) donde los directores van hablando sobre lo que va apareciendo. Esta weá de blog las guardaba, cada una con su fecha (y hora) de emisión y todo el rollo. Esta máquina tiene re buena memoria. Mi memoria es ultra charcha. Se me olvidan muchas weás. Casi todo. Almost. Así que de repente que una máquina que piensa pueda albergar recuerdos es como útil. La foto culiá la tomó una compañera. Me gustó caleta y la puse aquí. Por ahí salgo.
Un beso, malditos.


"Space: the final frontier. These are the voyages of the starship
Enterprise. Its five-year mission: to explore strange new worlds, to seek out new life and new civilizations, to boldly go where no man has gone before".

(Esta weá es la más reciente... la iba a usar como epígrafe de una weá sobre la que quería hablar pero ahora no recuerdo. Por si no cashan, esta weá era la que decía una voz en off al comienzo de la serie Star Trek. Hay que ser ultra nerd para saber esto; y sobre lo que quería hablar... no me acuerdo)
10/12/10


si miras hacia arriba el cielo te sonreirá...

(Otra frase culiada sacada desde la TV. Si no la ubican, les cuento que es el primer verso de la canción del ending del gato cósmico. Como siempre suelo hacerlo, petendía que fuera el epígrafe de algún pensamiento que intenté publicar y que por algún motivo que no recuerdo no publiqué nunca. Pero no importa.)
26/9/10


Es como si Septiembre lo hubieran calcado para luego repetirlo así, tal y cual, hasta el final de los tiempos. Y es que empezaron estos días harinosos, abochornados, con atardeceres ámbar violetas azul marino casi negro tiñendo esos cirros medio disipados que se van a fundir por allá por el poniente (Mapú), las pelusas, los ciruelos perfumaditos con flores rosadas y blancas que terminan amontonadas en la cuneta.... cuando sapeo cosas así y otras cosas más que ahora mismo soy incapaz de recordar porque al parecer no me interesan en lo absoluto, es cuando pienso, otra vez, que puro nos robaron Septiembre para siempre. Y es que el asunto es que pensé con seriedad que toda esa sensación del Septiembre repetido no era un pensamiento ocioso y redundante como casi todas las weás que paso pensando. No. Otra vez terminé pensando en el monstruo ese... esá weá informe que se me aparece en la mañana caminando rumbo al paradero de la micro, y luego en la micro, en el metro, camino a la pega, entrando a la universidad, cuando me quedo sentado solo en alguna parte, esperando entrar a una clase... no sé, here, there and everywhere, como dirían los Beatles... esa weá que comanda la realidad culiada a la que mi compare Guillermo le tiene tanta mala. Debe ser tanto jugo que le he dado con esa weá del %·((&$)"&)( y otras cosas raras... y el resultado de estos días es otra cagada enorme sin sentido. Una destrucción tremenda. Weno, la vanguardia es así dice el Charly. Cambio y fuera.

(Aquí estaba clarísimo: otra vez estaba odiando a la realidad. Y es verdad que cuando me baja la weá puedo ser muy denso y fome. Pero no importa. El contenido es clarísimo, y la fecha indica que me encontraba, por ese entonces, sumido en un mes horrible. Septiembre tiene esa atmósfera que intentaba describir ahí arriba. Eso del aire harinoso y las flores de los cerezos florecidos (rosadas y blancas) acumuladas en la cuneta me gustó mucho. Soy weno pa la weá... en verdá. Ja. Pero fuera de weveo, esa idea de que nos robaron Septiembre es una weá que siempre he pensado... desde chabal, pero me ha costado desarrollarla. También se puede aplicar a este mes de mierda (Diciembre), de todas maneras.... o no? )
20/9/10


Hoy desperté y, en vez de quedarme revolcándome en la cama desesperado intentando no olvidar el sueño tan lindo de anoche, me puse a pensar en una weá.

(Uf. Divino simplemente. Cualquier cosa que hubiera pretendido escribir usando esas oraciones como inicio hubiera sido preciosa. Quizá por qué shusha no continué)
12/7/10


Entre un montón de ideas que siempre ando trayendo en la cabeza aislo casi siempre esa de un guión para película que ando escribiendo desde hace muchos años. Principalmente la idea es hacer una historia bien común, pero rodearla de una atmósfera bizarra. Y esas cosas bizarras al final no son tan bizarras, porque a la larga son weás que he visto con mis propios ojos (u oído con mis propios oídos). Hay cosas muy feas, otras un poco menos feas, y weás divinas. Puta, a esto los ajilados le llaman realismo mágico (lean el discurso que dio cuando se ganó el Nobel don Gabriel (García Márquez)) es como la misma weá. Como contaba, entre todas estas cosas que he ido compilando hay weás feas, otras menos, y otras divinas. Las feas son weás como cuando un viejo culiao rancio venía ultra hediondo, comiendo comida que traía en una bolsa de nylon.

(Ese guión para película lo tengo pendiente desde hace demasiado tiempo. Básicamente la idea es esa weá que describo: nada más ni nada menos. Lo del discurso del nobel que digo ahí es preciso... mira las weás que se me ocurren.)
12/7/10


Otra vez, viajando en micro, me puse a pensar weás. Iba meta Javier Barría... ahí con el péndrai metido en las orejas, la góndola pasá a raja, llena como estómago de gringo, detenida en un taco de la muerte, por la ruta 5 norte, al llegar a Américo Vespucio, tipo 19:26 hrs, con 12 grados -quizá- afuera, y alrededor de 21 ó 22 grados ahí adentro... me dolían los talones, porque llevaba mucho rato de pie, apoyado sobre la puerta, mirando a la gente, mirando de cuando en vez hacia afuera; pero más miraba a la gente, sobre todo a una lolita que cada vez que me cachaba mirándola se sonreía la muy coqueta, pero puro me recordaba a la tía Jenny, y yo pensaba: la tía Jenny se debe haber parecido a ella cuando tenía como veintitantos... igual, bonita... weno... sipo. Y me puse a pensar. Y es que no se trata que piense sólo en ciertas ocasiones, porque la cabeza me pasa reproduciendo cosas en todo momento, como a todo el mundo, casi, sino que pude como colgarme de una idea, y empezar a gravitar en torno a ella de una manera un poco más organizada. Todos pensamos, y todo el rato, pero es tan dispersa y fugaz toda esa carbonada de pensamientos que mejor ni los consideramos como tales. En mi caso particular casi ningún pensamiento lo suelo considerar como tal hasta que se manifiesta, lo rodeo y empiezo a darle alguna forma a la manera en que lo voy abordando. Algo así debió pasarme hoy, durante unos 28 minutos. 1. ¿Por qué me afano en contemplar mis carencias? Una tendencia que se me da muy natural es a vivir un poco desplazado a la izquierda o a la derecha en la línea de tiempo de mi vida. La izquierda, si graficamos el tiempo como una recta, es como el tiempo que ha transcurrido: llamémosle pasado. La derecha, en cambio, es lo que vendría, y a eso no le pongamos ningún nombre. El aquí y el ahora (como les gusta llamar a esto a todos esos cuicos pelolais que hacen réclames de agua mineral, seguros de vida, fondos mutuos o tarjetas visa)


(Puta... debí haber continuado escribiendo esta weá. Quizá fui al baño, regresé y lo olvide todo para siempre.)

9/6/10


"come with your velvet lips, hug me tenderly as a furious ocean..." calling Jazzimodo

(Cuando me da por usar pedazos de canciones a modo de epígrafe es porque quiero hablar sobre weás incoherentes. Lo más probable es que haya querido hacer eso mismo. La canción esta me gusta mucho, la encuentro preciosa. Pero no recuerdo nada más.)

24/5/10


Iba a tener que llegar, en algún momento, la oportunidad de sentirnos bien. Y claro, la vida no puede sostenerse todo el rato sobre las mismas circunstancias; las cosas viven una mutación constante y, por lo mismo, esa mutación se hace extensiva a nuestras glándulas y así terminamos secretando algo que nos produzca placer. En esta situación digo: es linda la vida. Pero estuve leyendo este blog de mierda, seleccionando algún mes de años pasados en forma aleatoria y leyendo lo primero que me iba topando, y me asombraba el carácter sombrío y denso de mis narraciones. Aunque, eso sí, sin dejar de lado cierta capacidad que tengo de hacer parecer mi tragedia griega flaite como un chiste.

(Sigo pensando exactamente la misma weá... será un don la weá?)
8/5/10


Creo que el sonido son vibraciones que pueden medirse mediante variados parámetros. Uno de ellos, llamado frecuencia, consiste -así como entre especulación y chamullo- en la medición de las vibraciones de las ondas sónicas que se desplazan por el aire (aunque también pueden desplazarse, y con mucha más facilidad por lo demás, en un medio acuoso, incluso por un pedazo de palo). Cuando estas ondas, que aprendimos a cuantificar, se desplazan por el cosmos, provocan esa sensación que nosotros, pobres mortales, podemos definir como: "puta la vieja culiá chillona" o, en contraposición "puta el viejo culiao ronco". Así pues, en el caso de la hirsuta maniatada de voz aguda, podemos explicar que el sonido, en ese caso, es de una frecuencia alta. Por el contrario, el anciano ultrajado de voz grave, estaría transmitiendo en frecuencias mucho más bajas. Una vez explicado y entendido esto paso a explicar otro fenómeno muy bonito que suele darse en el caso de este parámetro llamado frecuencia. Pasa, cabros, que cuando alguna weá vibra en una frecuencia determinada X, y por ahí alrededor hay alguna weá que también transmita en esa misma frecuencia X, pero que en ese momento se encuentre callada, entonces esa weá X callada comenzará a vibrar también por "simpatía"debido a las emiciones de la frecuencia X activa. Y no es que la weá sea wena onda, sino que en este caso llamaremos a eso de "vibrar por simpatía" a que la vibración X activa a la vibración X piola y la termina despertando, haciéndola emitir sonido. Es como cuando Bruce Lee viajó a China después de haberse hecho famoso interpretando al poderoso "Kato", en la serie gringa "El avispón verde". Los Chinos vibraron con su incipiente superhéroe chino que triunfaba en Hollywood (aunque realizando un papel entre secundario y terciario). Todo por una weá de frecuencias equivalentes: Bruce Lee transmitía su "chinismo" y los suyos terminaron vibrando por simpatía. El resto de la historia se la saben casi todos: un millón de chinos, aproximadamente, vibrando por simpatía; Bruce Lee famoso; Bruce Lee agobiado; Bruce Lee muerto inexplicablemente. Creo que hoy volví a ver algo así, pero pasó conmigo mismo. Y es que todo este speech a modo de intro no tenía otra razón de ser que la de explicar una experiencia kuleada que me encataría que fuera comprendida y entendida e interpretada por ustedes de la manera más (o menos) aproximada a la experiencia vivida. Recién fui a un bar a ver a Zapatilla de piano tocar. Tocaron muchas canciones, y me sentí muy feliz.

(A veces me pego estas voladas a lo Cantinflas...)
22/4/10



Cuando a uno le dio por ponerse un día a pensar wevadas ya no hay vuelta. Hoy venía en la micro escuchando canciones washitas de esas carpetas mutantes que me armo con unos mixes imposibles para poder capear los viajes en góndola más contento, cuando me encontré otra vez pensando en una cosa, y de esa cosa saltando a otra que, quizá, no tuviera un nexo o relación mínima con respecto a la anterior, para luego dar otro salto hacia otra cosa inconexa y así, de un punto a otro, voy trazando líneas que luego, si las miro desde arriba pudieran esbozar alguna figura con sentido. No sé. ¿Se entiende la weá? Es como esos jueguitos de la infancia, donde hilabas líneas entre puntos numerados para luego terminar formando alguna figura. Luego lo pintabas con tu juego de lápices pax de seis colores, le dibujabas un ojito y aparecía un cocodrilo. Esta vez, la única gran diferencia, es que entre puntos no hay relaciones entre unos y otros. No son numerados, ni ordenados de manera alguna.

(Esto puedo haber sido bonito. Sobre todo si comienza mencionando viajes en micro)
27/3/10



No es que me las dé de pulento, pero venía cachando que tanto escuchar la radio 1 me estaba así como cagando un poco el oído absoluto jeje, sumando, además, como un año y un poco más, quizá, de desmusicalización... o sea: nada de cumbia, guitarra, jugar con el piano de mi amigo y cosas así como esas. Casi nada. Es cierto, cabros, esa weá del jaco sánchez, sónica o santo barrio me tienen el oído todo descalibrado. Lo otro. Creo que el último disco original que me compré fue el no sé cual... no me acuerdo. Parece que... no sé wn. Parece que fue el Peces de Lucybell, y en caset más encima. Así que eso. Entonces: me compro mi primer disco originalísimo (una copia personalizada... o sea, si te comprai tú el tuyo propio, no va a ser igual al mío... shán!) y llego a la casa, me pongo los fonos pa que me entre horizontalmente por la oreja hasta el tímpano, y todo bien. Boniiiiita, pero boniiiita la reweá. drink from my mouth the sweetest flavour... ts ts ts ts...

(Eso es de cuando me compré el disco de la Pulpo Orchestra. Fue linda la experiencia. oum!)
17/11/09

08 diciembre 2010

81





Pajarito muerto en el zoológico de Santiago
Foto: Valentina Rubio.

05 diciembre 2010

vispera

Un día cualquiera uno se levanta, se da un par de vueltas por la casa, mira por la ventana y cacha que todo sigue exactamente igual que siempre: me refiero al espacio físico. El tiempo avanza, y uno cacha que el mundo igual seguía dándose la vuelta (en sí y alrededor del sol) mientras uno había estado durmiendo, pero igual, a veces, para que las cosas cambien, se necesita de mucho tiempo. En otras oportunidades nefastas basta un segundo y todo se da un vuelta e' carnero.
Hoy día me levanté y todo aquí estaba igual que siempre. Me di una vuelta, sapié por la ventana y al parecer todo estaba igual. La weá es que lo más probable es que no. De hecho: no. Es imposible que las weás permanezcan estáticas. Si uno no puede percibir nada en movimiento es por culpa de nuestro sistema nervioso que ya no es capaz de cubrir ciertas alteraciones por asuntos de frecuencias. Pero ahí están las weás tiritando. Vean The Big Bang Theory, cabros, pa aprender weás como estas viendo tele.

04 diciembre 2010

Revolución Super Taldo

Me prometí varias weás antes del 6 de diciembre: una de esas weás es escribir. Escribir es como la más papa de toooooodas esas weás que se me ocurrieron para llevar a cabo antes de esa fecha, así que mejor escribo.
Un pequeño ensayo.

Revolución Super Taldo.

"Lo que más me gusta de que yo puedo escribir... es la escritura", le decía el pequeño Agustín a Bernardo de la Maza en aquella entrevista tan popular aquí en el país en aquél 12 de abril de 1974. Hoy, los sipos sipos y los conshesumadres insustanciosos ocupan la frase como eslogan que vendría a representar la manifestación máxima del aweonamiento humano. Pero la verdad es que el burlarse del joven por haber mencionado aquella máxima sólo es señal que se ha llegado a la cúspide del propio aweonamiento, pues sólo deja en claro nuestra propia incapacidad de escuchar, contextualizar lo oído, analizar y por fin comprender: y de comprensión no tenemos ni puta idea, por eso el mundo está para la cagada. Pero dejemos a estos shushesumadres burlarse de lo que no son capaces de conocer y volvamos a la idea.
Cierta vez conté aquí mismo que esa vez que vi la entrevista me hizo mucho sentido todo lo que el niño contaba, y sobre todo su gusto inexplicable por la escritura, por el acto mismo de pescar el lápiz y garabatear letras, palabras, oraciones y luego relatos. Pero esto iba mucho más allá de los contenidos que el pendejo kuleado fuera capaz de lograr. Era mucho más que las ideas, que el sentido, era simplemente un goce kuleado de generar palabra escrita.

Yo sufrí una weá muy parecida, y en ese entonces también hubiera podido decirle a todo el mundo: saben cabros, lo que más me gusta de que yo puedo escribir... es la escritura.

Ahí conté que tenía catorce pepas y que, al llegar el verano, rajaba a la casa de mis abuelos en el Tabo con cuadernos que me sobraban del colegio, lápices bic y escribía más que la shusha. Llenaba las weás. Y recuerdo que después de los almuerzos me iba a perder en esos bosques playeros con el cuaderno bajo el sobaco, me instalaba por ahí y me ponía a escribir cualquier weá no más. De repente hasta copiaba weás que había leído y me habían gustado, pedazos de columnas de las hojas de diario que ponían en el piso del baño, o que me había encontrado tiradas por el suelo. Hacía dibujos entre medio de mis relatos, así como en los libros de cuentos para niños, esos donde metían un dibujito pequeño y lo rodeaban de palabras. Encontraba tan linda esa weá. Así que yo intentaba cosas similares. Después iba a la playa, me tiraba de guata sobre mi toalla de los Beatles, todo mojao, y me instalaba a escribir, mientras me comía un pedazo de palmera o un cuchuflí que se hacía pedazos con sólo verlo... beauty. Y lo más bacán era que a nadie le importaba. A mi familia la tenía naturalizada, así que no sufría con las molestias de que me preguntaran qué escribía, o que me pidieran el cuaderno para hojearlo. Pero si me lo pedían yo lo pasaba, total, me daba absolutamente lo mismo.

Ahora, con respecto a los contenidos, lo único que recuerdo es que empecé narrando la realidad no más. Ejemplo: Me comí un plato de pancutras, un pan y un vaso de jugo de piña. Estaba rico. Creo que a la noche, cuando vuelva de la playa, voy a volver a comer. Después voy a salir afuera. Etc. Era más lindo. Pero después de un rato, y cumpliendo una rutina playera más menos esquematizada, me quedaba sin saber qué poner, así que sin darme cuenta empecé a ponerme medio surrealista, y me puse a inventar cuentos. Cualquier cosa. Recuerdo que siempre eran cuentos cortos, y aun ligados a mi realidad circundante: el mar, los pinos playeros y el sol. Bonito. Y no estaba ni ahí con comunicar niuna weá, ni hacer terapia (como lo hago ahora con esta weá de blog) y otras cosas más que no recuerdo.

No recuerdo bien nada, pero de pronto empecé a sentirme muy escritor, pero conocí al Juan Emar y renuncié. Eso sí lo recuerdo.

Ahora sigo más o menos con una volada similar. Me gusta escribir, usar la palabra escrita. Siento que este invento culiao, junto con la escritura musical, son los ejemplos máximos de lo que la especie humana ha sido capaz de desarrollar con su capacidad intelectual. El resto es un montón de chatarra. Así que para el 2012 y el fin del mundo, como lo conocemos, si llega a quedar un par de culiados vivos ojala sepan leer y escribir y ojalá, también, alguno sepa leer y escribir música.

Pero me puse latero.

Volviendo al taldo (PICO CONSHETUMARE!!) me da rabia cuando los sipos sipos culiaos se burlan, y lo patrimonializan como ícono kitsh (oooOOUM !!), se estampan una polera, samplean los audios de la entrevista para hacer sus cagadas artísticas (NO !) entre otras tonteras más que no recuerdo. Nadie comprendió ese gusto particular por la escritura. Y no escritura como lo entienden los aweonados eruditos, con su cagada de poesía culiada intrascendente e inservible, sus vómitos de mierda insustanciosos, estériles, sus ocios de gente satisfecha y cómoda, como yo. (Y despueeeh !!!). Era sólo tomar el lapicito y escribir y escribir, y disfrutar de lo lindo que es el ser capaces de haber podido heredar este invento tan cuático (PICO !!!!).
Pero la educación está guateando brígido porque ahora los cabros aprenden esto y se van directo a postear al facebook. No he visto cabros chicos con cuadernos escribiendo. A la única que he visto irse en voladas escribiendo es a mi prima (la Bashelé), que tiene como ocho años. Un día la caché con un cuadernillo rosao del tamaño de un jeme. En una volada lo pesqué y empecé a hojearlo. Ahí narraba ideas cortas: me pregunto por qué pasan las estaciones del año. Tenía muchos dibujos, y entre medio otra frase: Manuel (su hermano) me molesta. Entre otras cosas.
Me pareció fascinante cómo este conocimiento lo podemos transmitir a otros sujetos de la especie cuando son pequeñitos, y los weonsitos lo aprenden de inmediato y pueden comenzar a usarlo como les de la gana. Es como regalarles una herramienta para que puedan sentirse más libres, y ahí es donde la educación guatea, porque una vez que aprenden a los profes se le olvida contarles esta weá que acabo de decir: niños, con un papel y un lápiz pueden explicar lo que sea, inventar lo que sea, y comunicar cualquier cosa. No. Al contrario, lo que me he fijado que está pasando es que se instrumentalizó de tal manera, que ahora pa los cabros esta weá es una disciplina de mierda que, como toda disciplina, es una lata que hay que hacer porque sí. A lo más es útil para usarlo en el msn y el facebook. Pero ahí uno no inventa nada: es sólo un apéndice de la conversa coloquial escolar. Pero incluso, como una herramienta de socialización, tampoco sirve. Y siento que ahí también la weá guatea, porque primero debe haber un proceso singular con la cosa. Los cabros aprenden a escribir, y como la Bashelé, deberían tener sus cuadernitos donde empiecen desarrollando una especie de diálogo personal entre lo que escriben y la lectura de sus propios textos. Estoy seguro que ahí madurarían sus propias ideas, comenzarían a desarrollar su creatividad y sobre todo comenzarían a sentirse más libres, porque empezarían a descubrir su propia personalidad y todos sus rasgos únicos e irrepetibles que los singularizan con respecto a los demás y, por lo tanto, desarrollarían un fuerte sentido crítico hacia toda la influencia homogeneizante que proviene desde afuera: la moda, las tendencias. Pero no hablo de la creación de la formación de un pequeño insufrible ególatra e individualista, sino que de un germen capaz de generar crisis en su realidad inmediata. Un estorbo. Una molestia. Sobre todo una resistencia. Y entiendan resistencia simplemente como la capacidad de preguntarse ¿por qué?. Y no sé si han fijado, pero no existe pendejo en la tierra que no pregunte el por qué de todo. Nacen críticos los culiaos. No llegan y aceptan la realidad simplemente porque sí. Uno la caga, porque les miente cuando nuestra propia incapacidad ya no nos permite poder seguir explicándoles. Ellos, en su divina ingenuidad y en la hermosa confianza que depositan en nosotros, no cuestionarán nuestras respuestas porque sienten que ahí estará la solución real a sus cuestionamientos. Pero uno los cuentea. Así es como comenzamos a transmitir cultura: cuenteando, mintiendo. Entonces el niño, en su proceso intrapsicológico (esa weá de internalizar o aprehender todos esos cuentos), conforma su realidad hasta que en el camino comienza con las crisis, cuando comienzan a aparecer las respuestas reales a cuestionamientos que ya suponía resueltos. Estas crisis de mierda me parecen nefastas, y creo que son los primeros actos de violencia psicológica que todos sufrimos en nuestras existencias. Todas estas experiencias pueden parecer tan ligeras porque después todos los oficinistas, en el happy hour, se recagan de la risa recordando cuando descubrieron que el viejito pascuero no existía, o cuando casharon cómo era que nacían las wawas. Claro que es chistosita la weá, pero la crisis, en su violencia, deja abollada la maquinaria subjetiva y con esa deformación, producto del choque, todos los procesos psicológicos posteriores funcionan como el orto. Por eso el mundo está cagado, porque desde un comienzo nos echamos a perder nuestros dispositivos más importantes para la socialización, como lo son la máquina pensaora (la psique) y por extensión la comunicación misma, que termina fallida. Recordemos que la socialización se da en las comunicaciones. El marxismo aquí caga, porque puro nos da la lata hablándonos de otras weás fomes. Así que olvídenlo pa siempre porque, aparte de pelar, no sirve pa niuna weá. Debemos volver a poner ojo en el asunto comunicacional. Contamos con senda herramienta, como lo es la palabra escrita, pero el colegio, los marxistas y los sipos sipos puro se encargan de convertirla en un contenido abstracto y latoso. Los cabros, al final, se van a hacer otras cosas, pero cosas que están determinadas, como todos sabemos, por un monstruo (tendencia, moda) producto de otro monstruo más grande que trajeron los Chicago boys desde una tierra lejana. Ahí tenemos nuestra realidá po... incluso hasta el sentido mismo con el que se vive la vida misma.

Entonces, primero dejar que se desarrolle el pendejo resistente. Duro. Lo otro, es sapear el asunto educacional, y el asunto educacional que tiene relación con la transmición cultural primaria y que, a su vez, tiene relación con todos los cuentos con los que dejamos callaos a los cabros chicos pa que nos dejaran ver el zoom deportivo tranquilos.

La revolución es posible... comencemos altiro.
Pico Conshetumare !

Quilicura, 2010.


02 diciembre 2010

sueño raro

Anoche soñé tantas weás. Desperté, intenté recordar alguna pero nada me hacía eco. Volví a dormirme, desperté y otra vez, nada hacía eco: todo se disolvía en la medida en que iba despavilando. De repente cierro los ojos, los abro (pestañié), y recordé el sueño más bizarro de todos. Ese día iba a tener clases con la profe Vicenta. Soñé con ella. Se me aparecía en mi sueño vestida como andaba la semana pasada, con ese vestidito coloreado. Yo la miraba y la miraba, baboso. Pero la weá es que de algún modo me entró en el zapaio y terminó alojándose en algún lugar de mi subconsciente pa venir a manifestarse justo una semana después de un modo bizarro en un sueño.
Ella me hablaba y de pronto me mostraba sus antebrazos, en donde con asombro observé que tenía unos lunares verdes más o menos grandes -soñé en colores, cabrones... Dios me bendiga- de los cuales salían unos tallos, coronados por pequeñas corolitas y petalitos emíferos. O sea, eran florcitas que germinaban de sus lunares verdesitos... y me mostraba como dos... uno cerca de su muñeca, y el otro donde tengo mi cicatriz (tercio medio del radio del brazo izquierdo). Y una era de esas flores de pelusas, que uno pescaba cuando pendejo y las soplaba y salían las semillitas volando a la atmósfera. Beauty. Y yo más asombrado que la wawa con alzhaimer porque el sueño de mierda era tan nítido. Además estábamos en la sala esa donde se hace esa clase, y yo le tomaba su muñeca delgada y le miraba. Y tan aweonado, recuerdo perfectamente cuando le pregunté: Oie! y no hay un grupo en facebook que diga: "a mi también me crecen flores en la piel"??, y al segundo pensaba: Puta que soy aweonao nerd culiao tonto etc etc, pero ipso facto ella me responde que si po... está en un grupo del facebook. Y despierto, y me quiero morir. Pero me sentía tan bien.
Sueños.
La cosa es que hoy le iba a contar. Estuve a punto, pero mejor morí pollo. La weá me seguía penando en el alma, así que lo publico aquí.
Eso.

Buenas noches.


01 diciembre 2010

low

Querido blog:

Con muchos desgraciados coincido en que este año avanzó demasiado rápido. Hoy es primero de diciembre y así como si nada.
Ha sido un año intenso en mi existencia, lleno de weás nuevas. Empecé entero motivado y contento. Sigo igual, y esa weá me extraña. Pero tanto optimisto iba a terminar cayéndome mal en algún momento. Tengo ese rollo: mucho optimismo me cae gordo. Si algo funciona más o menos bien lo disfruto, me cago de la risa y escucho a los pajaritos cantar, pero después de un tiempo indefinido me pongo a sospechar a todo ritmo. Weno, eso es parte de mi forma particular única e irrepetible de ser. Todos tenemos nuestras weás. El asunto es que después de como 10 u 11 meses de jugo intenso, de nuevo bajé las revoluciones espirituales y puse las perillas del alma en "low".
Hoy venía camino a casa esquivando mojones de perro, shuteando basura y pensando en cosas oscuras. Muchas de esas weás espero que nunca se materialicen de ninguna manera. Y así, una cosa oscura engendraba otra cosa más oscura. No las detallo, porque es muy oscuro. No quiero oscurecerles la vida, y tampoco satisfacer su ansiedad mórbida, deseosa de cosas oscuras.
JA.
Pero me desvié.
El asunto es que venía pisteando por la acera hirviendo, shuteando mojones y esquivando basura, pensando cosas feas, muy feas. Me di cuenta, de pronto, que llevaba mucho tiempo sin andar así por la vida. Recordé cuando andar así era una constante en mi existencia. Vivía sumido en las cazuelas negras de mis pensamientos densos, zozobrando entre las papas de la ansiedad, el zapallo de la angustia y el osobuco de la desesperanza. Aliñaba el caldo con comino de la muerte, verdura surtida del dolor y orégano del mal (oum!), después me venía rajao pa' la casa, me sentaba frente al pecé y me ponía a redactar relatos asquerosos como un simio enfermo. Esa era una de las muchas maneras con las que canalizaba esas corrientes angurris de mi ser, para luego sentirme aliviado. Un tiempo estuve haciéndome cortes, los cuales disfrutaba mucho de ver sanar por sí solos. También estuve sumido escuchando el LA LA LA del Fito con el Spinetta. Sentía un placer muy inexplicable, pero independiente de las razones o de lo que fuera que sustentara o explicara esas conductas y/o tendencias para mí lo más importante era que significaban una fuente de alivio para mi vida. Entonces así seguía viviendo: siendo y estando.
Hoy venía de vuelta a casa por la basura, esquivando mojones y shuteando la vereda sientiéndome igualito a como me sentía en esos años grises. Así que después de pensar en todo lo oscuro, me puse a pensar en cómo aliviarme de esas sensaciones de mierda. Pero en verdad fue más difícil que la chucha. Lo primero fue porque desperté así. Anoche me acosté entero contento, pero hoy desperté como el pico y me fui pensando: puta, así como ando alguna weá negra va a pasar, o algún condoro me voy a mandar. No pasó nada, pero seguía negro. Me subo a la micro y se sube una señora con una radio. "shusha.... noooo por favor, señora, no" pensé, en la desesperanza absoluta. Y la señora va y prende la radio y se pone a cantar arriba de esa micro hirviente de las dos cuarenta y cinco de la tarde, llena de personas con olor a sobaco y cara de negación. Shuuuushia! como le dijo el ewok que conoció a la princesia Leia en Endor... esa weá fue una lanza para mi alma fracturada. Fue como echarle limón y sal a la herida. Me quebré. Miraba para afuera, pero no pasaba nada. No había forma de evitar la escena. La micro se llenaba y se llenaba de gente muy fea. Y me veo reflejado sobre el vidrio, y caché que yo también era entero feo. Y era la micro más fea del universo, llena de gente culiá re fea... tostada, con la grasa de sus rostros brillando, al ritmo de alguna balada harinosa de principios de los ochenta que hablaba sobre algún desengaño de mierda con hombreras y los ojos con sombra de color azul. Estaba como sufriendo. Pero este tipo de sufrimientos no es tan terrible. El asunto es que se sufre igual. Algo pasa. Y los flaites seguían apretándome, mostrándome sus cabezas rapadas, sus brazos tatuados con la bookman old style algún nombre bíblico en inglés. Me bajé, y empecé con esa caminata de los mojones y la basura. Y pensando... cómo quitarme la mala onda del ser. La perilla de la dicha estaba en menos diez "low", y pensaba sólo en comer, pasar al supermercado y comprar comida, bebidas... comer cositas ricas. Pero tampoco podía, porque soy pobre, y si uno pasa las angustias con alimento caga, engorda como foca. Y ahora último justo me ando quejando que tengo mansa guata y un par de tetitas incipientes de doceañera del siglo pasado. Entonces sigo pensando. Recordé que una gran mayoría de las personas experimenta modificando sus cuerpos, y por lo general esos cambios son proporcionales al grado de fractura que tienen en sus espíritus: cortes de pelo, tatuajes o cualquiera de esos dispositivos que ocupa la juventud para singularizarse y que no son más que una respuesta glandular de sus crisis metafísicas. Bacán!, pensé, llegando a la casa me corto el pelo jaJAja. Pero tampoco. Si nada servía. La señora de la micro me dejó pa la cagá con sus canciones de la Rocío Durcal, y el recordar que era tan escuincle cuando me vi reflejado en el vidrio de la micro, o el recordar que el mundo está tan feo por culpa de estos viejos culiaos cuicos que administran el país me dio pena. Pero no tanta. Total, el sufrimiento es una weá entera subjetiva. Yo sufro por no sé qué weá... y los flaites se compran un pitbull y son más felices que esposa de minero. Yo soy feliz, de repente, por no sé qué weá, y los flaites sufren porque no pueden tener el telefonito touch con el que se van a ir vacilando reguetones en la góndola. Y por otro lado, tenemos toda esa clase de sufrimientos reales, vivos... los de verdá po... pa qué nombrarlos.
Pero no quiero mirar en menos estos mini sufrimientos. Igual son. Algo pasa adentro. Algo pasa en uno y algo pasa en el mundo. Debemos cuestionarnos estas cagadas absurdas. Hay que poner el ojo y cachar qué está pasando. Yo llego y escribo algo al respecto... es una manera de hacer algo. No comí, no me hice cortes en el cuerpo ni de pelo, no me puse un aro en el glande ni escuché al Fito Páez.
A todo esto, hoy iba por la calle y al cruzar vi a una cabra tomándose un helado. Una cabra de danza. Puta que me dio pena. Se me hizo astillas el corazón el verla sentada a la salida de esa casona, cuchareando su vasito de plástico transparente, con su pelo de choclo feo, teñido amarillo y desgreñado, mirando concentrada su vasito y escarbándolo con la cucharita plástica, sentada con las rodillas juntas y los pies para adentro. Puta que me dio pena la weá, no exagero. Escena de mierda. Ojala algún día pueda comprender por qué me sentí tan miserable viendo eso. Cuando sepa me voy a sentar aquí mismo y voy a contarlo. Lo prometo.

Tuyo.

Nicolás.