¿Y yo qué hago aquí?

La weá weón.

28 noviembre 2007

Mala Memoria




Hola niñ@s de la Orquesta

Del Púa lo siguiente:

"Estimado jefazo.

Acá va otra colaboración. Corresponde a la mítica gira de la Orquesta entre el 10 y 15 de Agosto de 2000. Luego del aniversario en el Teatro Municipal nos embarcamos esa tarde hacia la Región del Maule. La orquesta se presentó en Talca, San Clemente, Curicó, Colbún, Linares, Cauquenes, Chanco y Hualañé (esta última era la que tenía la mayor tasa de habitantes con SIDA en Chile: 8 en 120). La foto es del día 15 de agosto de ese año. Estábamos esperando cruzar el transbordador para proseguir el camino hacía Hualañé. La historia cuenta que ese día, por la mañana nos dijeron que nos fuéramos hacía Hualañé por la costa para llegar más rápido y poder estar antes del mediodía para tocar. Lo cierto es que el camino de la costa, el cual era bastante precioso, con los campos hasta la orilla misma del mar, estaba en reparaciones y llegamos a las 14:30 a Hualañé. El pueblo entero, Carabineros y la Radio local nos estaban esperando a la bajada del bus, cual asociación de rock. Tocamos y nos transmitieron por radio para todas las localidades aledañas. Los percusionistas realizaron una coreografía en la obertura de "Carmen" y el público se reía a toda boca.

En la foto aparecen:-

Fila superior: Leonardo Díaz (viola), Sebastián Hidalgo (flauta, el más eximio de los flautistas chilenos, que recorre el mundo entregando su música), Freddy Liebsch (a veces violín, en otras, teclado, el mítico), Nicolás Requena (bajo), Claudio Púa (teclado en ese entonces) y Ariel Guerrero (clarinete).

Fila inferior: Leonardo Cofré (violín), Cristián González (piano), Guillermo Riaño (percusión) y Álvaro Cofré, teclado). De fondo se ven algunos integrantes jugando a hacer patitos con las
piedras.

Luego del almuerzo con el alcalde, ex-profesor del I.N., nos fuimos hacia Santiago.
Como último detalle, cuando entrábamos a Chago Town comenzaba el partido Chile-Brasil en el Estadio Nacional. Cuando ya circulábamos por la Gran Avenida, Fabían Estay convirtió para Chile el 1-0, y cuando el bus se estaba estacionando dentro del colegio Iván Zamorano Zamora convirtió el 2-0.

Ese mismo día, el pianista y director de orquesta judeo-argentino
Daniel Baremboïm dio un concierto en el Teatro Municipal de Santiago.

Eso es todo.

En otra ocasión mando más aportes y sus historias que encierran.

Saludos.

Salud.

Yo, Claudio, ese cierto fagotista."


Nota: Ni se imaginan el impacto que tuvo en mi el descrubir esta foto y esta reseña que redactó mi compadre Claudio Púa sobre una weá en la que participé y de la que sólo guardo recuerdos muy difusos...

Dios bendiga tu memoria, querido compañero.

25 noviembre 2007

ni importa...

Un día cualquiera venía entrando en la micro para Quilicuma -pa' variar- cuando de repente me puse a pensar en por qué sería que la música que iba escuchando en ese momento me hacía sentir tan bien. Todo comenzó cuando en un momento intenté subir o bajar el volumen del péndrai y pasé a llevar el on/off y la weá se me apagó. Entonces el ruido del motor de la góndola fue lo único que oí, y como que la vida se puso fome de repente. Me quedé un rato así para ver si era capaz de sentirme lindo por las mías otra vez, pero mejor apreté el on/off de nuevo y los oídos se me inundaron de música de nuevo, y ese viaje sentado al fondo de un water de micro medio vacía de pronto volvió a ser lindo pese al calor, la vibración de la maquinaria y llevar la espalda, los sobacos y la raja mojados.

Después de pensar en cuál sería la causa que la música fuera como un catalizador para poder sobrellevar la propia existencia sin importar en qué tipo de circunstancia te hayaras me compadecí un poco de el resto de las personas que iban así no más, sin una distracción más que sus propios pensamientos y la cabeza media volteada hacia la ventana mirando el cerro Renca (los que iban a mi izquierda), o mirando los pasajes y los aviones (los que iban a mi derecha).
Mi música era como fresquita, y pese al calor yo era re feliz con el airecito que me llegaba por las ventanas abiertas y la escotilla. Marcaba el pulso con una pata, y tocaba un instrumento imaginario marcando todos los cortes y vueltas de las canciones que ya de tanto oírlas me las aprendí de memoria. Rica la weá. En realidad era rico ir escuchando mi música, y esa sensación tan inexplicable de bienestar era completa; espiritualmente me sentía muy potenciado y sin darme cuenta iba con media sonrisa en la cara (así como la comisura un poco doblada hacia arriba en el extremo derecho de los labios) y me sentía cómodo del cuerpo y del no-cuerpo y todo bien etc etc etc... Pero de nuevo me asaltó la duda: ¿qué weá es la que está actuando ahora en mí?.
La música es re simplesita: una serie de vibraciones y sonidos como ordenados a propósito y, en el caso de la canción popular a compañado de una letra que la mayoría de las veces es un mensaje para estimular la salud humana de las personas o la sociedad (un conjunto de personas).
De pronto me puse olludo. Mi música está la raja po... por eso -pensé-.

Pero no.

Eso no era.

Y pensé:

-En este mismo momento hay un socito con un péndrai de la misma marca que el mío, sentado en el mismo asiento que yo, en una micro igual a la que voy yo, volando a la misma velocidad crucero de góndola santiaguina, con la misma cantidad de gente, sintiendo el mismo calor provocado por el mismo sol que nos quemaba a todos, con la misma edad que yo, a la misma hora que yo -quizá- en la misma ciudad, el mismo país, pero viajando por otra parte y escuchando otra cosa: un reguetón (por ejemplo), y yo escuchaba una baladita popera. La cosa es que aposté el alma a que este socito se sentía exactamente igual de lindo que yo. O sea, lo que escuchábamos daba la misma weá. Es imposible comparar. No existía un punto de comparación de ninguna manera al respecto de la weá que cada uno escushaba particularmente. Las vibraciones que golpeaban nuestros tímpanos eran exactamente de la misma especie, formadas por el mismo fenómeno físico, organizadoas por el mismo sistema musical occidental, las mismas notas de la escala cromática y digitalizadas y comprimidas por los mismo procedimientos modernos con los que se moviliza la música del mundo hoy por hoy.

Así que no, eso no importaba nada. Johnny Cash, Marco Antonio Solís, Mahler, Cocosuma, Snow Patrol, Pablo Ruiz, Natalino, Debussy, La Renga, Yellow Magic Orchestra, Wisin & Yandel, Goyo Ramos, Eskorbuto, Barticcioto, Mandy Moore y el Padre Jony pueden hacerte feliz. En esencia son lo mismo. Así que obviando todo ese fundamentalismo musical que se vive en la pubertad y adolescencia donde la weá musical suele tan importante al punto de determinar lo que "eres" -dime qué weá escushai y te diré qué cosas eres- continué con la misma weaita: ¿qué chucha es lo que te contenta? ¿cuáles son los fenómenos involucrados? ¿cómo trabajan? ¿son específicos? ¿son cuantificables? y varias wevadas más medias aweonadas valga el aweonamiento redundante.-

El weón pesado. Así que así de la nada, al final, corté ese afán kuleado de querer saber algo que lo más probale, si llegara a saber, no me serviría de nada en lo absoluto, porque demostrado está ya de sobra que el conocimiento a la humanidad nunca le ha servido de nada. Es weá de ver cómo estamos y cómo hemos estado desde los inicios de lo que se conoce como historia. Nada bueno. Salvo la música, claro, así que di muchas gracias por las canciones, los delfines, la familia, la salud, el agua, Punta de Tralca, ls guitarras, las bicicletas y muchos inventos más de la humandad que nos ayudan a ser felices.


Igual el reguetón la lleva.

24 noviembre 2007

Igualito

Me acuerdo que en Diciembre del 2005 yo estaba choreado de mi existencia y me fui a vivir con mis primos a Quilpué con el puro afán de hacer que mi vida cambiara. Me fui como la primera semana de Diciembre a pasar mi cumpleaños allá, y el día 5 (uno antes de mi cumpleaños) me senté en el computador y me hice esta cagadita de blog para puro alumbrarme un poco porque tengo un complejo serio de intrascendencia.
Recuerdo que allá teníamos una cámara digital, y yo andaba sapeando qué cosa poder fotografiar, para luego escribir algo medio excéntrico al respecto. Las ideas nunca me faltaban, y me la pasaba haciendo narraciones con mi cerebro en medio de los carretes, en el baño o camino hacia cualquier parte. No tenía nada de plata salvo el pasaje pa volver a Santiago, tampoco estaba haciendo ninguna wevada, y mucho menos tenía una idea de qué weá podría hacer más adelante.
Pero no estaba contento. Me pasaba puro cagándome la gullivera con wevadas, como siempre.
Entonces hoy me puse a sapear mis post anteriores y todas las weás en las que, por ese entonces, tenía puesta mi atención. En verdad no me he alterado tanto. Todavía me apesta el olor a perfume, me odio a mi mismo, soy cochino, sueño con trascender, quiero morir en todo instante sin que me duela, tengo hambre, quiero una mina degenerada entre muchas otras wevadas que se me olvidan pero sé que están ahí en alguna esquina punga de mi cerebro y mi alma.
Ahora mismo estoy igual no más. Han pasado weás pulentas, pero al estar tan replegado en mí mismo no me doy cuenta de eso hasta que las cosas ya pasan para no volver a repetirse nunca más.
Hoy mismo, este mismo instante, debe ser una wevada maravillosa, pero me cuesta en verdad darme cuenta de todas esas maravillas salvo cuando me bajan las dichas felices Ana Frank y de pronto me veo iluminado por una claridad muy reveladora al respecto de las cosas que están cerca de mí.
Siento, en verdad, que vivir ha sido y es algo muy fascinante, ya que ahora mismo existe una cantidad de combinaciones infinitas ahí mismo que pueden traducirse, también, como una cantidad infinita de posibilidades o energía potencial que está a una décima de segundo de liberarse y provocar esto que conocemos como realidad, como apariencia o como manifestación.
Estoy muy casado con estas ideas, y si no me he autoeliminado es por la curiosidad esperanzadora y eterna en mi alma de puro sapear qué chucha podría pasar en un rato más.
En todo momento podemos estar a dos minutos de la hora de nuestras vidas. Que pase lo que fuera que debiera ocurrir no más.
Hoy por hoy, y a diferencia de ese 2005, trabajo un poco, no hayo qué chucha hacer y ni me preocupo por hayar qué hacer. Soy un ocioso irremediable y me gusta regalarle a las personas la sensación artificiosa de ser y estar mucho mejor que yo.


La weá weones.

21 noviembre 2007

Littlewoodstick Andrea

Una canción:

Jocelyn Enriquez
Do you miss me

Aquí si que no me aventuro a dar una fecha, pero me huele al verano de 1996, en Santa Cruz VI región. Me fui a pasar una gran parte del verano con mis tíos. Fue como al principio de mi pubertad. Yo era terrible flaco y tenía un talante de escuincle espinilludo imposible. El mismo día que llegué conocí a la Andrea Palito, una amigui de mi prima Andrea, y ese mismo día, jugando al carioca en el living, me enamoré de ella. Era una muñeca de trece o catorce años con una peluca color barniz maple crespa, un par de ojos verdes lavaloza preciosos y una cara de cuchillo con la nariz afiladita.
Recuerdo que el panorama nocturno de todos los días veraniegos por ese lugar era ir a la plaza de armas a puro vegetar. Ese verano me gastaba una ficha todos los días en unos flipers que quedaban a la vuelta de la plaza para jugar al Tumblepop, por lo que terminé sacando un doctorado en la weá de tanto ir a matar tiempo mientras mi prima, que por ese entonces tenía 14 años apróx, se juntaba con weones de veintitantos años que para mí cosmovisión parecían unos bárbaros kuleados de campo con barbas densas y las piernas pelúas, mientras que yo me parecía al Mougli del cuento de la selva, me sacaba los calzoncillos cagados y estaba recién criando mi complejo de Peter Pan ese de no estar ni ahí con crecer de ninguna manera. Para qué miento: me negaba más que la mierda, y estas cabras chicas se la pasaban puro hablando de estos weones todo el rato y sobre todo de muchos otros weones más que apenas conocían y con los que nunca habían cruzado más de una palabra en la vida. Mis wevos púberes ya estaban llenos de todo: de mis primeros espermatozoides, de negación y un odio profundo hacia la taquilla en general. Por eso me iba a los videos.
En fin, me desvié
El asunto es que mientras todo esto ocurría, en plena plaza de armas de Santa Cruz, se instalaba cada noche un dillei sicodélico a ambientar la atmósfera lolera de noche veraniega con unos temas de mierda que yo encontraba más ordinarios que doberman con cola, y por ese entonces la moda musical para mí no tenía ninguna relevancia, por lo que no me podía sentir identificado con ninguna de esas wevadas. Para mí el único signo de taquilla en mi vida ahí era el hecho de bañarme todos los días y echarme colonias de mi tío porque mi prima me lo sugería. Recuerdo que entre la pubertad, los videos y la parrilla de éxitos de lolito noventero del dillei sicodélico que -aparte- se creía la raja, sonaba esta canción de mierda que cuando yo sentía vibrar a través de esos parlantes artesanales chicharrientos activaba de inmediato dentro de mi ser la glándula que hace secretar amor hacia alguna persona. En este caso: la Andrea palito. Algo tenía esta canción de mierda, que me hacía sentir un dolor muy angustioso en lo profundo de mi ser, justo cuando comenzaba el chorus (coro en inglés, porque decir chorus suena a choro, y eso me suena soez) donde la mina cantaba:
The radio plays our favorite song/ And it's what keeps me holding on/ Baby, do you miss me/ Now that I'm gone, yeah/ Get the DJ to play our favorite song/ 'Cause it's what keeps me holding on/ Baby, do you miss me/ Now that I'm gone. Y ahí justtito comenzaba a pasarme unas películas terribles protagonizadas por mi diva Andrea palito, en donde no podíamos estar un segundo alejados sin vernos y mi amor por ella se volvía, de pronto, medio doloroso no sé por qué.
Es la magia de la música tecno po, cauros.
Mi primer supra amor.
La Andrea palito, a todo esto, pololeaba con un sapo kuleado que también le gustaba a mi prima y que yo no podía explicarme, desde mi punto de vista de niño, qué mierda le veían este par de cabras desgraciadas si este weón era un palote raquítico como yo, pero dos cabezas más alto, desgarbado y con una pinta de vivo así como el Guilligan o el Shaggy del Scooby Doo (o sea, algo así como yo soy ahora. JA (ahora recién pude comprender el gusto de estas cabras. JAja)).
Una vez cualquiera tuve que desplazarme junto a la Andrea palito desde un punto hacia otro dentro de Santa Cruz. No recuerdo por qué, y menos recuerdo desde dónde hacia dónde, pero todos partieron y a mí me tocó ir con ella por descarte. Había una bicicleta, la de ella, y nosotros dos. Yo estaba todo para la cagada pensando como chucha iríamos si nunca antes en la vida había llevado a una cabra que me gustara en bicicleta y ni cagando hubiera dejado que ella me hubiera querido llevar a mí. Yo tenía que hacerme el pulento. Así que estaba con el manso dilema al respecto. No se podía ir a pata porque era lejos. Pero de repente ella me dice que tome su bicicleta, que ella se iba sentada en el sillín con las patas bien abiertas -para no cagarse los talones en los rayos- afirmándose de mi espalda mientras que yo iría manejando y pedaleando de pie. Chucha... la idea wena, pensé. Nunca antes había visto a nadie llevar a alguien así.
Partimos y yo fui el pendejo de trece más alucinado que podía pedalear sobre la faz de la tierra en esos momentos. Era de noche, y esos cielos eran estrellados al máximo. Las calles eran tan solas, y era tan papa hacerse el grande en un pueblo así, ya que estábamos a salvo de todo lo maligno de una ciudad enorme que no deja a los niños desarrollarse como tales en un mundo difícil. Aquí, por el contrario, yo andaba en el pueblo de la pequeña Lulú, como en las series gringas esas donde los pendejos dejaban las cosas tiradas en la calle y sus casas no tenían rejas.
La Andrea a ratos se afirmaba de mis hombros, después de la cintura, agarrando mi polera como si fuera unas manillas.
Un día cualquiera yo no me aguanté y le dije que me gustaba. Ella me dijo que andaba pololeando con el Guilligan. ¿y qué weá le encontrai a ese?, le pregunté más picado que la mierda, porque ella me decía que "pololeaba" así con un tono medio lastimoso, como si en el caso que no estuviera pololeando demás tiraba conmigo. Y ella me contestaba: ay, no sé... es que es tierno... es lindo... es tierno... Ya, ya. Si ya dijiste eso. la interrumpía yo, picado.
Pero un día que íbamos a comprar alkas, cruzábamos el Chanfle (un canal que le llamaban así nunca supe por qué) a través de ese puente escualo que le habían fabricado y ella se me acerca y me pregunta si yo estaba enojado. Le dije que sipo... que estaba picado. Y ella me dice que me quede piola, y nos pegamos un atraquesito más inocente que la wawa de la monja.
Era media camboyana la Andrea palito. Pero yo la amé con un amor muy verdadero y bonito, y siempre que escucho esta canción me acuerdo de todo lo bonito y horrible (weás que pasaron después) que viví por ese entonces que anduve enamorado de ella.
ay, el amor... de putiferio.

Nota: el Tumblepop nunca me lo pude dar vuelta.

20 noviembre 2007

Sexo

Una vez estaba viendo tele y justo pasan un réclame de la serie brasileña Mandrake, cuando entre las escenas que mostraba la sinopsis aparece el mismo Mandrake diciendole muy relajado a alguien que tenía ganas de hacer obsenidades. En eso me cae la teja y recordé ahí mismo que yo también tengo ganas de hacer obsenidades, pero nunca me había planteado mis necesidades sexuales o afectivas de esa forma, o sea, de una manera tan sencilla y yendo directamente al grano.
El asunto es que siempre, cuando de analizar mi estado sexual se trata, ingreso a un sistema muy complicado, donde el sexo es algo que debo tratar lo más indirectamente que pueda porque el tema siempre generará reacciones aweonadas en una gran mayoría (en todos en realidad) de las personas. Así es, entonces, cuando me enfrento a las risitas típicas y los chistes que nos alivian de la responsabilidad de tener que tomar en serio nuestros instintos, al dilema moral de herir las suceptibilidad de oyentes sensibles (o peyorativamente denominados cartuchos) quienes reaccionan con pudor frente a la manifestación o afirmación de una realidad sexual instalada en la entrepierna de cada uno de nosotros, o de otros tipos de reacciones alérgicas de ciertas personas educadas, visiblemente, en mundos asexuados donde quien manifiesta con honestidad sus necesidades y fantasías es alineado en la fila de los obsesos mórbidos, no morales, degenerados o etiquetados directamente al grupo de la humanidad básica sólo para sentirse libres de no ser todo lo que no son capaces de conocer.
Entonces, frente a estos y muchas otras maneras en que el asunto sexual es evadido, es que mi propia sexualidad cada vez fue deteriorándose al ir homologándola inevitable y lamentablemente con las supuestas experiencias ajenas donde todas mis tendencias sexuales naturales siempre terminaban pareciéndome costumbres de gente enferma en comparación con todo lo que yo oía sobre las experiencias ajenas de personas sexualmente más "resueltas".
La pubertad es difícil porque ahí la sexualidad comienza a brotar y hacerse presente como una realidad inevitable en tu vida y, justo en esa misma estapa también, aprendes de inmediato que todas esas experiencias que apenas comienzas a vivienciar debes mantenerlas sólo en la penumbra de tu pieza cuando estás solo con la puerta cerrada, en el baño (que desde la infancia primera es EL lugar que el infante asocia con una idea sexual básica) y, sobre todo, en la caja fuerte de tus pensamientos. Ahí, entonces, van a ir archivándose desde el principio de tu vida como púber todas tus experiencias sexuales, el erotismo, el recuerdo ansioso y anhelante de las cosas y personas que son capaces de activar tu sensualidad y transportarte hasta un estado sexual vívido.
Pero como decía, cuando descubres tu potencial sexual, ahí mismo aprendís también que todo eso es para uno solo no más. Y que hay cosas que cuando ya no son comparables a los comportamientos sexuales comunes, entonces eres un cochino lascivo degenerado y concupicente carnal carente de voluntad e ignorante de las ideas sublimes y los éxtasis que la racionalidad puede entregarte. Entonces, ahí siempre terminaba yo, metido en el canasto de los machos básicos
enfermos en su apetito desordenado de placeres deshonestos.
Pero el ganado de Dios es muy variado poque las combinaciones genéticas son infinitas, y cada cual debiera ir encontrando en sí, en sus impulsos primarios que reprimió en la pubertad inicial, las formas especiales y particulares con las que puede desarrollarse sexualmente en verdad.
De hecho, hoy siento que cualquier exageración o transportación del balnco de deseo sexual que provoca desviaciones hacia el excremento, los niños, los animales o los cadáveres, es por un desplazamiento que se genera y se instala en un ser que no permitió a su impulso sexual primigenio desarrollarse, asfixiándolo, condenándolo, desplazándolo, para luego instalarlo en los puntos débiles que mencionaba antes como ejemplo para poder llegar a ellos con más facilidad y así, al fin, poder liberar toda esa energía.
Por esto y quizá por tantas weás más -que un analista calificado podría ir descubriendo- es que siento que hoy manifestar simplemente mi deseo con respecto a mis sexualidad como lo hiciera Mandrake en ese réclame es una wevada complicada porque desde un comienzo me vi en medio de dilemas profundos con respecto al desarrollo de mi propia sexualidad.
Recién hoy pienso en volver a ese inicio y descubrir en verdad cómo trabajar con toda esa energía que hoy, con veinticuatro años, es tremenda, y debe volver a curso por un bien personal y, hasta podría decir, también, por un bien común.

PD: esto es mentira

19 noviembre 2007

Calor

Me gusta el calor. Pero me gusta porque a pesar de las incoveniencias es favorable con la pobreza. En serio. Porque pasa que aunque nos asemos, no importa, nos pondremos bajo una sombra y tomaremos agua y, por lo menos, para todos en este país hay una sombra cualquiera y algo de agua para beber. Los días son más largos, y no importa si cuentas con mucho o pocos recursos para sobrevivir, porque, por lo menos, estás a salvo de la crueldad de los fríos que no pueden capearse por falta de hogar, por falta de calor y de una alimentación apropiada para mantenerse a salvo de las enfermedades provocadas por las humedades de pantano que reinan en las tomas llenas de barro de los sectores periféricos.
Eso opino po. El calor igual es más demócrata que el frío, que es medio facho.
Entonces hoy veía unos de esos niños oscuros que extrañan sus inviernos gélidos más porque echan de menos andar con sus pintas de Harry Potter y sus parafernaleos de pendejo olludo weno pa inventarse weás a sí mismo que por una nostalgia legítima al respecto de una simple estación del año.
Pal pico... y hoy vi a una niña toda de negro, la pobre, y altiro pensé: puta, las modas nunca son funcionales. Es weá de ver un desfile de modas con cientos de diseños distintos que nunca nadie usará porque nunca a nadie le servirán de nada. Y estos locos andan con la raja toda mojada y con la ropa pegada a la espalda y los sobacos.
En fin...
Entonces ni me quejo por el calor. Al contrario. Me alegro que al fin la naturaleza nos de una tregua para que como las hormigas salgamos a trabajar para juntar lo que necesitemos para tiempos difíciles.

15 noviembre 2007

ecléctico

siempre al medio...

En algún momento me iba a encontrar frente a algo en blanco y me iba a quedar sin ninguna idea, entonces, y como lo pude ver con mucha anterioridad y claridad en sueños premonitorios que solía tener, sabré que llegué hasta ese punto en que se acaba un camino o, mejor dicho, llegué hasta el punto en que el círculo completa la vuelta y, si decido continuar por el mismo camino, me daré otra vuelta en trescientos sesenta grados para vivir las mismas cosas y repetir todas estas wevadas que ya he vivido y que, creo, no debo volver a vivir en la vida. Así que me paro en el borde, miro hacia adelante, pero no hay ninguna wevada a la vista salvo un vacío.

Así es el devenir po... obvio, si nadie cacha qué va a tocarnos.
La weá es que si estoy en blanco ahora mismo no es porque mi capacidad creativa se haya truncado. Nada que ver. Mi genialidad es infinita dentro de un Nicolás finito y sumamente frágil que en cualquier momento puede desaparecer -como tú-, sino que, simplemente, porque me pegué otro palo más en la vida y me di cuenta de algo.
Eso no más.

13 noviembre 2007

Gomazos

O la wawa con arritmia de Amenofis IV.

Iba de lo mejor caminando por San Ignacio a tomar el tren cuando la música que iba escuchando me empezó a llenar los oídos de espuma tibia y levanto un poco la cabeza y cacho el sol radiante allá arriba, y corrió un ventarrón que dejó mis mechas haciéndome cosquillas en las retinas, y todo alrededor estaba tan nítido, y la música sonaba tan bien hecha, tan linda... y el día hermoso como ninguno; "chucha" -pensé-... no sé qué más. No hayaba adjetivos pa adjetivizar lo inadjetibizable.

De repente me pegué el gomazo y me di cuenta que estaba otra vez inundado en esas "dichas felices Ana Frank" (que bauticé así por el capítulo aquél de su diario que me marcó demasiado como para postularlo a ser piedra angular de la literatura teenager... lean la weá po, cauros kuleados, de ahí me comentan) que consiste en esas felicidades de mierda inexplicables, gatilladas por motivos desconocidos y que se disipan de un momento al otro en la nada (o el todo).

Es como ese chiste típico de locutor de la Corazón:
- ¿Cómo está Rodriguinho?
- Muy bien, pero ya se me va a pasar... (suenan risas grabadas)

Y lo triste de esta weaita es que yo soy así de verdad: estoy bien, pero no importa, porque ligerito estaré mal porque así es como me gusta; y de pronto la canción más preciosa de KT Tunstall se transformó en un zumbido de panal de abejas en huelga de hambre en mis orejas, el sol comenzó a lanzarme dardos diminutos y agudos sobre mi cuero, me acordé que en menos de un mes más cumplo veinticinco años, detesto crecer y me detesto cada vez más con profundo desprecio, que anoche la care e conejo me contó que su mejor amigo daba besos más ricos que yo, que tengo un fierro atornillado en el tercio medio del radio de mi brazo izquierdo y quiero pagar eso porque apenas es mío, que ando haciendo puras wevadas que no debiera ni haber pensado siquiera hacer en esta vida, porque después no puedo ni dormir tranquilo, que me siento muy frustrado y que estos aweonamientos no se me quitan nunca... y así es como volví a mi mismo.

La weá es que esta es la forma en que elijo hoy vivir la vida, pero en lo que me quedaba de viaje de nuevo la KT Tunstall me distrajo de todas estas abstracciones, y empezó el Silent Sea más divino que lo más sublime que conozco y le agradecí a la existencia que un ser chino y uno escocés hubieran tenido una hija con dientes chuecos que compone y toca guitarra que me saca tiritones y me eriza el cuero, y también agradecí a las compañías chinas que fabrican artefactos tecnológicos con mano de obra barata y puedo andar trayendo todas esas canciones adentro de un pedazo de cochayuyo que me cuelgo del cogote, y di graxias por el comunismo, la guerra fría, los franceses que fabrican vagones de metro, por las guitarras Gibson, los amplificadores a tubo, por la moda, que hace que la mayoría de las minas que van alrededor mío se vean ricas aunque sean charchas, por los perfumes, los escotes, mi pelo largo, por ser flaco, por mis zapatillas nuevas, por los autos, por saber tocar guitarra, por las canciones, por las ampolletas de 100 watts, los colaless, por las escolares con peinados pokemones que se ven tan lindas (aunque sean feitas como un trol), por los cajeros de banco, las enfermeras, Fito Páez, los sueros, los analgésicos, por las fiestas de disfraces, por El Tabo, por mis abuelas, por los caldos de hueso, los contres, los cogotes la pana y los riñones, por los árboles, por los días lindos, por el calor, por la promotora de la Viña San Pedro del Jumbo de la Reina, las guitarras eléctricas, las tarjetas de sonido de 24 bits, los efectos boss, Later with Jools Holland, el Ron Pampero, la Coca Cola, mi familia completa... por mi vida completa, ya que en eso caigo en la cuenta que a pesar de cualquier aweonamiento, fuera de mí, mi vida continuará siendo la misma maravilla extraña, fascinante e inevitable de siempre.


PD: un salúo agradecido, también, al socito que me deja post anónimos.

10 noviembre 2007

Ido

Recién estaba mirando nubes y fui muy dichoso, otra vez, de no sé qué.
Muchas, muchísimas veces me he fijado cómo, a veces, las personas se pegan observando la realidá y siempre me ha fascinado e intrigado qué hace que toda la atención, hasta la atención física, de una persona sea absorvida por alguna vibra muy magnética.
Algo debe haber ahí tan potente que te pesca por los wevos y hasta te aweona tu capacidad racional, que una vez que vuelves a lo tuyo apenas te acuerdas si en esos momentos de contemplación pensaste en algo o, es más, apenas te acordabai si estabai vivo.
La weá.

08 noviembre 2007

niño rabioso

Desde que soy un niñito que he sido un ser muy odioso.
Me han contado que cuando yo llegaba a casa de la abuela con mi mamá, yo llegaba prendido, mandaba a todo el mundo a la mierda y me iba a algún lugar para estar solo. Pero pasaba que para la familia el hecho de ver a un pigmeo de 97 centímetros con un abrigo de lana roja y odiando al mundo no podía pasarse por alto como una weá grasiosa hasta el dolor, así que lo que les surgía del alma era agarrarme para el weveo, cosa que daba como resultado que yo me sulfurara y toda la ira que me daba la desatara a cabezazos contra la muralla que separa el comedor del living. Yo no tengo consciencia plena de aquellos días, pero hace poco, por una acumulación de odio, volví a darme de cabezazos donde mismo, con la diferencia que casi 20 años después para mi familia el hecho de ver a un flacucho de un metro ochenta azotarse la cabeza contra el muro ya no era algo grasioso, sino que, esta vez, era algo en extremo mórbido.
Pasaron los días y nadie me ha vuelto a decir nada. Y yo caché que no me quieren recordar el hecho porque no fue lindo, y decidieron olvidarlo para siempre.
La weá es que sobre los cabezazos del infante nadie ha podido olvidarse nunca, y mi abuela Lola, las tías y los tíos se empeñan en recordarlo siempre, y siempre el recuerdo ochentero del Nicolás azotándose el cráneo contra la muralla ha amenizado muchas conversaciones en almuerzos y onces familiares.
Yo no cacho en verdad cuál es la diferencia entre el pasado y hoy porque, de partida, soy el mismo personaje, en el mismo lugar, y haciendo la misma wevada.
Yo no pensaba matarme, pero quería flagelarme lo más duro que yo pudiera hacerlo para que el dolor me obligara a cambiar toda la atención que tenía concentrada sobre mi propio odio y así poder desahogarme y librarme del mismo.
Es normal, supongo. Hay personas que toman sustancias de diversa índole, tóxicos, tabaco, apuestas, sexo, estudio, trabajo, lecturas, películas, pic-nics, paseos a la playa, robo, asesinato, pornografía, ultraje, abuso, religiones, viajes, colecciones, alimentación, meditación, deportes, alcohol y muchas otras wevadas más que ni recuerdo o ni sé que pueden llegar a existir... todo menos morirse.

06 noviembre 2007

Nire Beso*


Me acuerdo cuando iba feliz bajando el cerro rajado, pisteando como todo un campeón, como todo un Shumacher, y de pronto pierdo el control de la máquina, se me frena y salgo proyectado, y volé así como lento... y abajo de mí veía el asfalto, y puse la mano izquierda para tirarme el piquero sobre el suelo, y apenas la palma tocó el piso calientito mi brazo se torció y sonó el crac de mi huesito astillado y rodé varias veces hasta quedar mirando al cielo: así es como la vida cambia, cabros. No dejará nunca de ser fascinante. Y hoy, luego de varios días medito que jamás me pasé la película de llegar a cargar dentro de mi cuerpo una pieza artificial, y me miro el brazo, y está cada día más normal, y a cada rato se me olvida la placa y los tornillos...
La weá es que un momento yo pensé que esto era como una señal con la que la vida me avisaba alguna weá de la que yo tenía que darme cuenta.
...pero sigo igualito. JAja.

(*) mi brazo.

05 noviembre 2007

Crueldad

Desde que soy un pendejito que usa su razón que siempre me he fijado que el común denominador más recurrente en cualquier grupito humano siempre ha sido y es -aun- la crueldad.
La crueldad es una wevada terrible que sólo la especie humana está capacitada para practicar. Tenemos la capacidad de torturar sólo con ideas el alma de otras personas.
Recuerdo que mientras crecía la crueldad se volvía cada vez más despiadada. Mis grupos de amigos cada año se iban especializando en hacer sufrir a otras personas y yo también, por supuesto, fui víctima alguna vez de la crueldad de todos los weones con los que me juntaba siempre.
Son recuerdos de mierda.
La crueldad es un acto muy cobarde, porque siempre los blancos suelen ser esos personajes desvalidos incapaces de defenderse de forma alguna; incluso: sus intentos de defenderse son tan patéticos que eso provoca que la crueldad hacia ellos se intensifique.
Es una wevada de siempre. Desde los principios de la humanidad.
Es normal, supongo.
El drama que tuve con la crueldad es que una vez que sufrí por culpa de esa wevada, quedé muy pal pico y me dije a mi mismo nunca más volver a practicarla en la manera en que me fuera posible. Hasta hoy me esfuerzo, pero confieso que hay veces que cuesta más que la mierda, porque la weá es tan entrenidad e ingeniosa que no puedes negar el trabajo creativo que hay detrás de un puñado de tallas infames. El dilema moral, eso sí, es que todo es a costa de alguien que está sufriendo, pero que no demuestra su dolor por orgullo, pero aun así, siempre puedo sentirlo y ese, precisamente, es mi drama: no dejar de ser consciente del dolor ajeno en circusntancias como esa.
Y lo extraño de todo el asunto es que existen muchos tipos de dolores provocados por cosas que no te dañan el cuerpo: las penas de amor, los dramas familiares, la muerte... pero me ha costado -y me cuesta aun- ser sensible al dolor que sufre la gente por esa clase de sucesos trágicos, y hasta del día de hoy el dolor ajeno al cual soy más sensible es al de los niños que son víctimas de crueldad de cualquier tipo. Eso nunca puedo dejarlo pasar.

Y así, de un día a otro, como que me bajó la consciencia de aliviar el sufrimiento humando infantil, y empecé desde el grupito de amiguis pungas de Conchalí que te weveaban con una crueldad despiadada por todo: si erai malo pa la pelota, orejón, guatón, flaco, negro, chino... etc. Por todas partes estabas perdido. Y por lo general, quienes te weveaban eran mayoría, o eran weones mayores que uno, más grandes y más choros. Entonces estabai cagado, teníai que tragarte todo, y muchas veces los sobrenombres con los que te bautizaban los kuleados te quedaban para siempre, y tenías que acostumbrarte con un callo de resignación en el alma a cargar con ellos siempre.
Desde ahi, entonces, que comencé juntándome con los loquitos a los que más weveaban, y yo lo único que podía ofrecer como modo de alivio era ser amigo, nada más.
Pero el tiempo pasó, las circunstancias mutaron y yo terminé en otro lugar. Me convertí en un weón terriblemente odioso, y eso. Me quedaba esperanza de ayudar a los niños del mundo. Ja.
La weá es que desde esos momentos de mi vida, y hasta ahora, que siempre me preocupo de andar moderando los bríos de aquellas personas que disfrutan mucho de hacer sufrir a otras. Y cuando noto que existe crueldad, o viendo a alguien triste por eso, entonces intento hacer lo que puedo.
Y no hay wevada que me haga más pico por dentro que cuando veo que los pendejos hasta el día de hoy desarrollan esas actitudes poblacionales con destreza, y aprenden a ser muy creativos para inventar las burlas más precisas, y alrededor de esa viveza de tercer mundo que gravita y ha gravitado siempre en el alma y esencia punga de todo el hampa, o el futuro cuma de todos los tiempos, es que hayamos el centro del espiral que ha hecho que esta weá sea eterna. Una gravitación estéril en torno a una forma de vivir muy atractiva, básica y media salvaje.
La única manera de sacar a alquien de ahí es sólo mostrarle otras ramas del intelecto humano que pueden generar también cosas muy interesantes y apasionantes, pero las cuales no son simples de digerir en un comienzo: eso es la educación: otra forma de gravitar, pero alrededor del infinito, algo nada atractivo y difícil, en un comienzo.

04 noviembre 2007

logro 1

Today, I could play my guitar again.
I'm so glad.



XD

03 noviembre 2007

jugoseando

Hoy todo parecía asqueroso:
Mi amigo Miguel me dejó en un lugar del centro para que yo tomara la micro y me viniera a Quilicuma. Me despedí de él, de la Norma y me fui al paradero. Estuve ahí como diez minutos que me siervieron para descubrir que ahí jamás nadie podría tomar una micro para cualquier parte.
El día estaba abochornado, pero el calor te abrazaba (y abrasaba) por todas partes. Así que mejor comencé a caminar rumbo al norte. Bajé por San Martín y pasé afuera del Traumatológico, le lancé un besito y le agradecí el brazo nuevo. Luego continué por San Pablo, Amunategui y Balmaceda. Ahí continué y llegué a Maruri. Dejé unas cosas que debía devolver ahí y luego caminé hacia Colón para tomar micro rumbo a Quilicuma. En mitad del camino una abuelita que iba entrando en una casa se volteó hacia mi, me examinó y me dijo: ¿podría decirme su nombre por favor?, y yo le dije: claro; Nicolás.
Y... -dijo la señora- ¿podría decirme su apellido?. Yo me reí. !Alejandro! -le mentí- porque ya iba caminando lejos de ella. Llegué al paradero abandonado y me senté. Hacía un calor desgraciado, pero yo no pensaba en eso. Pensé muchas otras cosas. Y esperé y esperé, y una señora me metió conversa, y a mi me gusta hablar, así que conversamos. Pasó mucho tiempo, y según lo que pude darme cuenta (no uso relojes ni celular) fue que ya llevábamos como una hora esperando la nada.
Hablamos trivialidades y más que nada rememoramos ese momento de la historia en que podíai tomar una micro después de las ocho un día domingo, porque era muy probable que pasara.
Cosas así.
Al fin pasó una micro, pero esta la tomo al revés, así que tengo que ir hacia Recoleta, que es donde completa su recorrido, y desde donde empieza la vuelta a mi Quilicuma querida cuando yo te vuelva a ver.
Fue un caos horrible. Todos los paraderos estaban con mucha gente que esperaba al calor del tufo de las cuatro de la tarde. Y la micro en un segundo ya estaba repleta, por lo que el chofer continuó su camino sin detenerse más hasta que algunas personas bajaron y quedó espacio para otras.
Todo el mundo estaba triste.
Pero pasó que cuando íbamos pasando por la avenida Salomón Sack, y comencé a mirar los block de la célebre población Juan Antonio Ríos (Juan Antonio, ojo, no como el cantante de cumbias) cuando comienzo a redactar el guión de mi película otra vez.
Fue hermoso, porque lo había dejado botado hace mucho de puro desencantado con la idea que nunca serviría para nada.
En realidad no sirve para nada, jeje, pero pasa que a mi cabeza comenzaron a llegar ideas con tanta claridad que sin darme cuenta iba dichoso embobado en la dirección de esas escenas cerebrales. Era la persona más dichosa sobre esa micro con olor a raja, calurosa y lenta, repleta de gente exudando una vibración nefasta.
Fui maravilloso, y todas mis ideas seiban conectando tan bie que yo iba fascinado con el hecho, y mi historia era perfecta: todas las escenas en las que trabajé tan afanado y nunca obtuve nada que me dejara satisfecho comenzaron a exhibirse solitas en mi cerebro: locaciones, fotografía, iluminación, arte, tomas, y por supuesto los diálogos.
Y supuestamente yo iba con los ojos pegados sobre el vidrio de la micro mirando lo feo que es mi ciudad por estos lugares, y toda esa galería de murales comunistas de la Juan Antonio Ríos, tan horrendos, pero en verdad mis ojos iban mirando todas mis escenas, sobre todo esa escena que sería el climax del amor no correspondido en medio de una kermesse insolente, con la banda de música tocando esa canción infame, la actriz inexistente, el actor inexistente, nada de diálogo, una fiesta desabrida... todo todo. Fue perfecto, y tengo todo metido en mi gullivera desde ahora y para siempre.
Todo parecía tan horrible, incluso hasta la niña flaquita que se desmayó y que no pude ayudar porque tengo el brazo cagado. Pobrecita. Se desvaneció tras de mi en el pasillo de la micro porque no pudo soportar la radiación.
Yo seguía cagado de la risa, porque en medio de mi zozobra de dicha y felicidad inexplicable también llegó esa claridad kuleada que siempre me llega por chispazos lunares, y me di vuelta, la miré y supe que estaba bien. Así que nada me iba a hacer pico la dicha. Es más, en algún momento hasta ya me había llamado la atención la niña del desmayo por lo flaca y feita que era, como la Olivia... mi Olivia de mentira, tan dulce y feita, enamorada de ese punga evangélico despreciable.
Toma uno.

PD: y todo parecía tan horrible.

01 noviembre 2007

isn't she lovely?

She is so lucky
she is a star
but she cry cry cries on her lonely heart thinking
if there's nothing missing in my heart
why do theses tears como at night?

Lucky
Britney Spears


Esta mañana, después de haber tenido un sueño caótico y hermoso, abrí los ojos, me hundí un ratito para saborear los leves recuerdos del sueño ya pasado que se hacían cada vez menos claros a medida que me iba despertando, y luego me llegó a la cabeza el tema Lucky de Britney Spears. Así, de la nada. Lo dejé sonar, y caché que me lo sabía entero. Entonces, en vez de reprimirlo asfixiándolo en prejuicios aweonados lo dejé sonar y sonar en mi cerebro, varias veces, y después, meditando sobre la letra, recordé el video clip, a la Britney Spears en el video clip -mijita rica- y me di cuenta que en verdad la vida es una wevada extraña.
Hace poco en una revista gringa (la People, creo) leía que a la Britney Spears le habían quitado hace poco la custodia de sus dos hijos, que estaba media guatona (a mi no me pareció) y quizá, en una de esas, algo trastornada.

Y si... es como una historia que suena a típica: la niña bonita de algún lugar cualquiera de los Estados Unidos hace un casting cuando pendeja, sale elegida, comienza una carrera profesional como artista, pero la fama y todo lo ue trae consigo terminan desquiciándola. O sea, todo un problema provocado por algo que parcee tan bueno e ideal supera a la persona, ahogándola, encerrándola cada vez más y relegándola a la tiranía de sus propios desvaríos caprichosos.

Yo no iba a eso en todo caso.

Pasa que de pronto me despierto, recuerdo a la Britney Spears cantando en un video clip actuando como un ángel que se lamenta por una niña famosa de Hollywood que es una estrella, que es tan afortunada, pero llora y llora en su corazón solitario y pensativo.
Qué tremendo. Una paradoja completa.

De todos modos igual sigo soñando con la fama con la misma intensidad como cuando era pendejo, pero no he hecho nada por eso. Lo dejo para otro tema.
Después de recordar esa imagen, y luego lo último que vi de ella en una revista, preferí levantarme y continuar con mi propia vida: ¿qué weá voy a hacer hoy?... escribir algo en el blog, leer una hora como me lo he prometido... y no sé qué más.

Creo que ver la tele, quizá.