¿Y yo qué hago aquí?

La weá weón.

31 octubre 2007

Jálogüin

Recuerdo la película E.T. cuando en una escena los cabros chicos aprovechaban que era jalogüín y que todo el mundo se disfrazaba para así poder camuflar al alienígeno tapándolo con una sábana y hacerlo pasar por niño disfrazado pidiendo dulces. Entonces podía verse a cientos de pendejos con disfraces muy pulentos caminando en todas direcciones y pasando casa por casa con la weaita del truicotruic, (querís truco o me regalai dulces) y en esas mismas escenas también podíamos ver la típica población gringa como californiana de casas bajas con pastito en sus antejardines y sin rejas, con calles anchas y dispuestas en cuadras medias deformadas: el american way of life ochenteno a todo ritmo.

Yo era re chico y la película E.T. de Spielberg me conmovió mucho, pero mi alma de pendejo del tercer mundo (quizá ahora perteneceremos al segundo porque nos conectamos a interné) no alucinaba más con la historia del marciano perdido que con todas las wevadas que aparecían en la pantalla: casas grandes y bonitas que no eran pareadas y no tenían rejas, donde todos los pendejos podían salir a la calle disfrazados como quisieran a pedir dulces gratis, juguetes bacanes, colegios ídem. Y a la larga, todo cool. Y weno, no fue sólo en E.T. que se podía ver que la clase media norteamericana vivía como estas clases aburguesadas de mi país que contratan nanas, aunque la weá nunca es tan maravillosa como para no tener una reja en el jardín que llegue hasta el cielo y que en la punta tenga enterrados pedazos de vidrios quebrados.

En fin. Me desvié.

La weá es que en un país tan maravillosamente prolijo como ese demás que los niños podían salir de la manito disfrazados con su canastos a pedir dulces sin el riesgo que se los llevara el viejo del saco. Lo otro es que, además, yo suponía que si en esas poblaciones podían vivir así, entonces de más tenían plata para comprar caleta de dulces y regalarlos así como si nada. Así que no había problema en acercarse a una casa, tocar el timbre (invento alucinante, también, para mí, por aquella época) y decir tricotruic y estirar la mano. O sea… para un pendejo de seis o siete no deja de parecer una wevada en extremo alucinante. Basta recordar la raja que era para uno cuando chico disfrazarse y jurarse otra cosa (aun algunos hacen eso con veinticuatro o veinticinco años).

Entonces, y a pesar de ser demasiado consciente de antemano de la respuesta, yo igual me acercaba a mi mamá y le preguntaba: Mamá, ¿qué onda? ¿por qué aquí no hacen fiesta de jalogüín? Y mi mamá se enfrascaba en explicarme todo esto que ya venía narrando pero en otra forma. Y al final me decía que este país era pobre, nadie tenía plata para eso y que, a fin de cuentas, aquí esa weá no era costumbre. Que la costumbre era que el día primero de noviembre era feriado, y había que ir a cagarse de calor al cementerio general, llevar una botella partida por la mitad y unas flores hediondas a perfume de abuelita para limpiar y adornar la tumba de la abuela Ester en el patio 25.

PD: los nombres y locaciones son ficticios.

30 octubre 2007

vocaciones (o vacaciones)

Hoy día, mientras hacía caca, recordé cuando un verano hace mucho tiempo atrás se me ocurrió llevar un cuaderno para el Tabo, entonces cada vez que me encontraba ocioso (casi todo el rato) pescaba el cuaderno, me iba a instalar por ahí y me ponía a escribir.
Recuerdo muy claramente que nunca sufrí de vacíos al encontrarme frente a la hoja cuadriculada en blanco pensando qué wevada escribir. Era cosa de agarrar el bic azul y escribir y escribir... y empecé a narrar historias absurdas donde los finales eran encualquier momento; narraciones de dos parráfos, sin forma, sin sentido, sin esfuerzo... no eran historias; eran unas narraciones sobre las cosas en las que me solía fijar por ese entonces: las piedras, los vértices de los marcos de las puertas, los mojones en la calle, las flores que crecían en las canaletas, el pasto seco, y lo extraño que era vivir esta vida.
Entonces un día dejé de adaptarme a cualquier forma para escribir, como cuando era más chico, y cada día me sentía más y más libre, y comencé a escribir mucho más, y las ideas me llegaban como oleadas a la cabeza, y hasta yo maldecía que mi mano fuera tan lenta y no pudiera ir reproduciendo a la par las ideas tal y cual como iban brotando desde mi alma -ya no desde el cerebro- y sin darme cuenta me convertí en un pendejo ansioso que escribía su paranoia y ya ni siquiera reparaba en convencionalismos, moral, coherencia o cualquier cosa que significara parcelar todo el vómito. Y yo, todo inocente, escribía y escribía, y a ratos me veía hasta forzado a hacer dibujos para poder reforzar las imágenes que intentaba crear.
Después me releía y me masturbaba el alma con el placer egocéntrico que me provocaban mis
propios delirios de pendejo ansioso y, como consecuencia, terminé creyéndome la raja.
Se acabó el verano, nos tiramos los últimos piqueros tristes en la pescadería, narré mis últimos mediosdías maravillosos secándome al sol sobre las rocas en mi Tabo querido cuando yo te vuelva a ver para tener con qué consolarme cuando estuviera en el liceo sufriendo en medio de esos inviernos santiaguinos de mierda que siempre odié.
Regresé.
A mis compipas les mostré mis wevadas y los locos se cagaban de la risa y me hice fama de surrealista en el curso, a los cauros se les ocurrió poner un diario mural con dos planchas de plumavit pegadas en el lado derecho del pizarrón, y ahí empecé a pegar mis cuentos cortos con mis propias ilustraciones, y hasta el profe de literatura contemporánea dijo: muy bien logrados sus cuentos, Requena. Y yo ya me juraba el Salvador Dalí de la literatura juvenil, hasta que un día a mis manos llegó el libro Diez, de Juan Emar, le leí dos cuentos y me fui a la mierda.
Me fui rajado a la biblioteca a pedir lo que tuvieran de Juan Emar, y me pasaron un libro guatón a modo de antología con trabajos washos del escritor. Me hice pico. Fue la weá más maravillosa que hubiera tenido entre mis manos, y una de esas tardes con el aire harinoso de primavera me fui a meter a leer el libro a la biblioteca, como medio escondido. Me senté en esas sillas para lectores solitarios, que estaban separadas por paneles como en las oficinas tristonas, y en eso cacho en otro rincón, y más concentrado que un caldo maggi, al Zúñiga leyendo alguna weá de historia. No me aguanté las ganas y fui a contarle de mi descubriento. "Casha, Zúñiga", le dije murmurando... y recuerdo que el pobre se recagaba de la risa de un modo que ya no podía ni controlar, y hundía su cabeza en la mochila, se sacaba los lentes para secarse las lágrimas a la vez que preguntaba si había estudiado alguna weá para la prueba del Jueves, y yo le decía que no. Entonces el loquito me miró sobre sus lentes con su cara de sueño eterno, y me confesó más contento que la mierda que estaba chato de la realidad.
Qué momentos más hermosos.
Así fue como comenzó y terminó mi carrera de escritor: el inicio fue el ansia de ponerme a redactar algo que me salía desde la médula de mis huesos, y que me daba un sentido absoluto que me cuajaba con el universo completo, y me convertía en una cosa infinitamente maravillosa. No me di cuenta de eso hasta hoy, eso sí, mientras meditaba en mi cagadera matutina. Y el Final fue descubrir a Juan Emar y sus delirios exquisitos, sus dibujos... y me dije: weno... creo que yo ya fui un Juan Emar tabino que escribía movido por alguna fuerza cósmica invisible... ya tuve mi momento. Además, ya me cagó el viejo kuleado, no puedo creerme más la raja. Así que no continué más con eso.
A todo esto, un tiempo atrás los cabros me metieron a tocar en la orquesta del colegio y desde ahí, hasta hoy, puro me concentré en el anhelo de llegar ser el integrante de una banda de roc.

29 octubre 2007

a medias

He tenido tantas ideas que nunca he llevado a efecto que ahora me espanto con la impasibidad con las que las he dejado esfumarse en la neblina de mi cerebro.
Tanta wevada...
En fin.


Ya pasó un mes justito desde que me caí en el cerro y me asombra cómo han pasado tantos días en tan pocos días. JA.

La vanguardia es así cabros, así que filo.

say no more.



XD

28 octubre 2007

Normal

yo que soy un hombre desprolijo
no tengo conflictos con mi ser
porque en la apariencia no me fijo
piensan que así no puedo ser
No cambia nada estar un poco sucio
si mi cabeza es eficaz.


Sucio y Desprolijo
Charly García


Cuando en un momento de mi vida me di cuenta que era inevitable que yo terminara siendo todo lo que nunca quise me di cuenta, también en ese mismo instante, que esa wevada, de todas formas, nunca me importaría. Entonces, desde ese momento hasta este mismo en que escribo esto, no me sigue importando, y parece que, por lo vengo viendo, nunca me importará.
Ese momento fue tan decisivo en mi vida, que desde entonces comencé a ser todo lo que podía ser, lo que se me ocurría ser, o lo que me daba la gana ser un rato. Pero nunca he sido algo con lo que me he engrupido querer ser. Entonces perdí mi personalidad cuando era un pendejo de nivel básico uno, y comencé a puro jugar a ser cualquier cosa, y por lo general siempre adaptándome al medio, o sea a las personas que tenía cerca.
Hoy sigo igual: en esencia parece que no soy nada, porque hace rato que dejé de afanarme por ser consecuente "conmigo mismo"; o sea: ¿conmigo qué?, si ni sé qué soy, y ni cacho tampoco qué hago aquí.
La cuestión es que al entregarme tanto a mis ideas caprichosas cobre las cosas de la vida, y con énfasis especial a las ideas que tengo (o no tengo) sobre mi propia persona, que de pronto empecé a cachar que empecé a salirme de los límites que tiene dibujada la moral y la ética y desde hace poquito que me he venido dando cuenta que conforme ha ido pasando el tiempo, cada vez he ido mutando más a mi persona en un engendro despreciable y conshesumadre (para que me entiendan: lo de conshesumadre es un modo fácil que tengo para abarcar en un puro adjetivo todo lo que hace que una persona para tí parezca despreciable y sea por lo mismo objeto de repudio).
Y hoy me miro al espejo y veo a un flacuchento de pelo grasiento examinarse frente a la figura que refleja un vidrio, y trato como de definirme o de intentar hayar por lo que ahí veo a qué chucha me asemejo. Y recuerdo que una vez iba un cabro en la micro como de mi edad, y me llamó mucho la atención, porque lo encontré parecido a mi: flacuchento, desabrido, con la piel como de mi color, un par de pelos washos incipientes en la barbilla que no le daban ni para algo que pudiera asemejar una barba, el pelo oscuro, las pupilas oscuras, la nariz así como normal y bien normal en realidad. Vestido con normalidad, sin ninguna clase de excentricidad aparente: un kuleado normal que miraba por la ventana de la micro hacia afuera, como cualquier persona normal. Y lo examiné por mucho tiempo, pero no realizó ninguna acción que me hubiera llamado la atención: era un tipo que también actuaba con normalidad. Entonces quedé muy conforme con la comparación y me conformé: "así me veo entonces" -pensé- y continué mi vida.
Pero hace poco volví a mirarme reflejado en un espejo y vi otra cosa: vi a un conshesumadre. Eso es lo que ví. Y creo que seguiré siéndolo porque aun sigue no importándome, y con cada día que pasa que no me importa, cada vez me voy yendo más a la "yugui yugui", que es ese lugar donde por lo general pasan todas las cosas que no nos gusta ni imaginar siquiera. Y si es poner adjetivos identificables creo que cada día me vuelvo un mentirso, interesado, hipócrita, degenerado, retorcido y despreciable Nicolás.
Entonces mejor, para calmarme, descanso sobre la idea fácil que al final puedo ser cualquier weaita...

26 octubre 2007

brazo nuevo




Mi brazo nuevo...

25 octubre 2007

buena salud

Por algún motivo desconocido hoy me tranqué con un tapón de mierda dura y hoy cuando fui a hacer caca me encuentro con que a pesar que mis tripas jalaban y jalaban por dentro aun así no podía excretar.
Me relajé, y sólo pensé que se trataba de otro mojón duro de esos que en un principio cuesta que salgan, pero una vez excretado viene precedido de un mierdal fluído y delicioso que sale por el okeroke directo al agua de la taza del doblebécé. Pero no. No era de esos mojones duros que suelen encabezar cagaderas grandiosas, sino que esta vez me vi enfrentado a una situación que no enfrentaba desde el año 1986, en que mi mamá al regresar de hacer unas compras para el almuerzo se encuentró con la casa vacía, y en medio del silencio siguió unos chillidos dolorosos que la guiaron hasta el baño donde me encontró con los pantalonsitos abajo sentado en la taza del baño llorando en una forma tan lastimosa que el corazón se le hizo astillas y como lo hubiera hecho cualquier gran madre, alivió la urgencia de su pequeñito que sufría por la culpa de una masa de mojones endurecidos que apenas si podían salir por aquél ano infantil.
Esta vez fue igual, pero el niño tenía 24 años, un brazo lastimado y convalesciente de una operación y el dolor que sentía era como si me fuera a partir en dos partiendo desde el hoyo.
Sufrí mucho, y no hayaba qué hacer. La masa de mierda estaba asomada, pero inmóbil, hasta que la desesperación me llevó a tomar un pedazo de papel confor abundante y usarlo a modo de guante para remover un poco ese tapón con el dedo índice. Pero fue fatal. Entonces movido por una desesperación tremenda me metí en la ducha y con el agua apuntando en mi okeroke comencé a hacer la operación más indeseable del mundo... y tuvo que ser hasta que mis tripas dejaron de presionar desde mi interior y quedé en paz.
Pero no había termiando el martirio aun.
Las tripas me avisaron que quedaba algo... y yo sabía que aun quedaban restos de mierda endurecida en mis entrañas.
Me di un par de vueltas por la casa, temeroso, pero al final tomé la determinación como todo un Rambo: "un hombre tiene que hacer, lo que un hombre tiene que hacer", y entré.
Como lo esperaba, el tapón se posisionó en mi okeroke, pero esta vez fui preparado con un guante de cirujano. El tapón, a pesar de la presión ejercidad desde adentro, no cedió, y el dolor de raja se me hizo insostenible, así que me puse el guante con la mano temblorosa (el brazo izquierdo lo tengo demasiado débil) y una vez puesto dirigí mi mano hacia el centro, y con el dedo índice comencé a urguetear por mi ano, extrayendo restos de mierda tibia para poder despejar de una vez por todas la salida, hasta que de un rato de escarbar con mi moral por el suelo, mis tripas rugieron, sentí un tirón y un dolor extremo que llegó a sacar un grito de dolor que intenté ahogar y luego un mojón deforme y cúbicamente deformado, oscuro y pestilente salió por mi raja. El resto salió con fluidez.
Fue horrible. Y de pronto recordé a los maricones y a las actrices porno, y no pude comprender nada en lo absoluto.

17 octubre 2007

wevadas...

El siguiente texto lo hayé metido en el pendrive hace un rato -lo había olvidado por completo- y según los datos del archivo lo escribí el Miércoles, 26 de Septiembre de 2007 a las 12:24:21 (tres días antes de sacarme la mierda bajando el cerro) y obviamente lo escribí para ponerlo aquí en algún momento.


Ahora último me ha bajado todo el aweonamiento depre debido a algo que no tengo idea qué será. La weaita ha sido bastante difícil para mí, pero particularmente esta vez, que siento que cada día hasta el puro hecho simple de existir me parece algo complicadísimo y a ratos me parece un estado insostenible y que, a diferencia de otras veces, me supera.

El asunto es que para alguien que por ahora vive su vida con normalidad mi estado más que una patología o un sentimiento difícil no es más que una maña que se puede quitar a punta de buenas ideas y de convencerse de algo. Para otros, es cosa de administrar uno que otro fármaco y todo vuelve a parecer fácil. Y por último, los más sicoseados, me dicen que me falta una mina y que es cosa que lo chante y mi percepción de la realidad será completamente diferente.

Para todos los consejos tengo siempre la misma respuesta: no tengo idea. Porque en realidad no sé –hasta que lleve a la práctica cualquier consejo- si pudiera o no llegar a ser efectivo, y mucho menos sé si yo mismo me siento capaz de poder aceptar una idea para llevarla a cabo en cualquier momento porque mi capacidad de gestión es como el pico.

Me conozco.

Pero no me gusta estar así. Me carga sentirme dominado por un sentimiento denso e inexplicable proveniente desde la nada que me obliga a sentarme y no hacer nada hasta que de nuevo me ponga optimista y me lance a vivir la vida sólo porque sí otra vez. Tampoco estoy postulando a la felicidad perpetua, pero me parecería mucho más lindo sufrir por dolores reales, como sacarme la chucha en la bicicleta bajando el cerro, que se me corte una cuerda y me chicotee un dedo, que una polola me deje por un weón más lindo que yo o que se me muera el perro. Pero no. Yo sufro porque de pronto estoy en el andén del metro y me siento miserable en medio de la existencia, siento una lástima por ser y permanecer a la fuerza en medio de un espacio en el que nunca quise estar antes de nacer, cuando fui todo y a la vez fui, alguna vez, ninguna wevada.

Muchas veces pienso que cada una de las células de mi cuerpo extrañan ser nada, y todas juntas, muertas de nostalgia, se ponen a cantar un coro biológico que siento dentro de mi como una serie de ideas que no puedo reproducir de manera alguna, pero que suenan así como un jjrrrrrjjrrrrjjrrrjjrrr que comienza a sonar mucho más nítido y claro cuando me quedo solo y en el silencio más absoluto que pueda.

La weá es que no estoy enfermo, y no he perdido jamás la voluntad de vivir esta vida. Muy al contrario, porque toda esta weá no deja de parecerme fascinante, absurda y trágica, pero pasa que de pronto me suena este tilimbre (la weaita de las células nostálgicas) y no puedo evitar oír ese murmullo adentro de mi cabeza, y dejo que suene no más, pero el murmullo luego pasa a convertirse en un sentimiento tan extraño que no se siente muy a menudo y que no es como los sentimientos comunes que uno experimenta a diario (hambre, sed, ira, sexo) sino que, muy por el contrario, es un sentimiento fatal, pero demasiado esclarecedor. Es paradójico, pero la weá me regala -a parte del aweonamiento que he venido contando- una iluminación cerebral tremenda. Y en esos momentos, dentro de la miseria que invade mi corazón, observo, al mismo tiempo, toda mi realidad circundante con una claridad macabra.

Me recago de miedo. Y ya me ha pasado demasiadas veces como para haberme acostumbrado, pero simplemente no puedes acostumbrarte a eso. Creo que uno no fue diseñado para acostumbrarse a la “verdá”. Puta, creo que a esto le puedo llamar “intuir todo”. Y a veces esta weá me llena de una claridad de mierda que sólo se ve truncada por mi capacidad intelectual que es tan básica y por lo mismo no me deja darle un cauce a toda esta diarrea de verdad desatada, capturarla, procesarla y venderla como genialidad de mi parte. Es por lo mismo que soy tan weno pa tener la razón casi siempre... desde chico. Pero yo me hago el weón porque a la vez esta weá es horrible. Me carga mi claridad, porque me hace ver weás muy fomes. Y sólo podría decir que en verdad si no eres un ser impecable, la verdad te tortura.




16 octubre 2007

"Un día. Una cuestión. Miles de voces"

El mundo está muy asqueroso.

En 24 años habitando este planeta siempre me he fijado que el asunto medioambiental nunca ha sido un detonante que despierte la atención de ningún ser humano de modo natural.
Cuando pendejos nos da exactamente lo mismo tirar el envase del súper 8 en cualquier parte, o apenas nos cuestionamos de dónde se saca tanta madera para construir palos de helados o las hojas de los libros que chupábamos y dejábamos pegadas en el techo. A la larga ningún tema involucrado con el medioambiente nunca nos interesó y no por el hecho de ser unos engendros carentes de la capacidad de generar una conciencia ambientalista o ecológica, sino que más bien es por estar embebidos en las urgencias inmediatas de vivir la vida diaria. A eso sumémosle un montón de problemas serios más como la educación general en sí, donde se concentra la mayoría del currículo en el asunto de abordar temas cotidianos y peligros cercanos (y que provocan problemas más inmediatos) como la drogadicción, los embarazos preadolescentes y la delincuencia.
La ecología es una lata, y nos fastidia. El ecologista es un latero, y nos fastidia. Y nos fastidia porque el problema ecológico actual es tan verídico que el activista nunca dejará de estar en lo cierto, y para zafarnos de su discurso obvio sólo afirmaremos moviendo la cabeza de arriba hacia abajo y listo, hasta que se calle.
Pero cada día que pasa el problema es más evidente, se hace mucho más serio y se vuelve más irreversible. Cada día seguiremos sumando a nuestras urgencias de a diario un espacio en el que nos den la lata sobre la importancia (que se hace cada vez más imperante) de preocuparnos de alguna manera por hayar formas de que nuestros hábitos en el manejo de nuestros recursos básicos sea mucho más consciente, y dirigido hacia la conservación y cuidado de estos mismos con una mentalidad global de cooperación para el problema tremendo y actual de la conservación de nuestro medio ambiente, y no como iniciativas carentes de importancia y sentido debido a que sólo se han enfocado en su insignificante particularidadad.
Cualquier wevada sirve: meterse los envases de collacs y confor usados en los bolsillos hasta que encontremos un basurero, usar los cuadernos por ambos lados, preferir una alimentación sana, carretear menos o exponer sin vergüenzas nuestros hábitos con nuestros cercanos.
Cualquier iniciativa, independiente del valor o sentido coherente que podamos atribuirle, sirve, y es, sin duda, el comienzo de un movimiento dentro de una gran red que hoy es una realidad global que es capaz de maquinar cambios.
Estamos todos metidos y HOY tenemos que darnos la lata.



Mi cooperación por el Día de Acción del Blog

15 octubre 2007

otro día



isllostanoderdei... como dice una canción de Paul Mc Cartney.

Otro día que nos pasó encima con todo.





c

06 octubre 2007

Mentira!

...se necesita de mentiras pa' no morirse de verdá.

Parte de una conversa
que alcancé a oírle a un viejo
afuera del terminal de buses
Lampa, Batuco,
Colina y Til-Til,
en Av. La Paz con Lastra.



Definitivamente la verdad no sirve para nada porque es tan lo que es (es tan "esto mismo") que ya no puede dejar de ser esto mismo: esta fomedad desabrida que estamos viviendo right now.
La mentira, en cambio, siempre nace de la necesidad humana infinita de moldear la realidad inmediata en un escenario ideal de modo de re-afirmar nuestro ser-en. Basta con oír a cualquier ser (humano) contándote algo: siempre será una serie de falacias transformando constantemente una realidad ya pasada.
Uno oye no más... total, nunca es pa' tanto.
La verdad es como dejar que la vida continúe desarrollándose por su cauce natural y la mentira vendría siendo como desviar el río para dejar el espacio disponible para hacer alguna cosa.
Pero una "crecida" de verdad hace que el cauce vuelva a seguir su curso natural y la mentira que construímos se vea a arrasada por una oleada de verdad desatada.
Entonces, como humanos, mentir es muy necesario para amoldar los escenarios según la finalidad siniestra (o no) de nuestros propósitos.
Es algo muy natural también... como hacer caca. De hecho, al igual que excretar, es algo que "debe" hacerse, independiente de tu control racional o tu sentido moral.
Lo más probable es que si te afanas en seguir la verdad, la misma vida te lleve a terminar mintiendo en circunstancias donde te verás en el dilema inmenso de hacer lo que tú creas necesario, y lo más probable es que eso que tú termines considerando "necesario" involucre directamente el hecho de formular una mentira; una mentirita... "mentira piadosa" (para mentirte a ti mismo que tú no eres mentiroso al usar la mentira como medio para hacer el "bien").
Pero la vida y el sistema binario son así: es o no es (0 ó 1), por lo tanto una mentira es tal, o simplemente no: si te cuenteaste a una minita con que es primera vez que te hace sentir como te está haciendo sentir entonces ya eres un ser mentiroso, asqueroso pelo de oso.
Pero como decía un par de líneas atrás: al igual que hacer caquita, mentir también debe ejecutarse como necesidad hasta biológica. Porque claro, por asuntos de cultura histórica no puedes decirle explícitamente a una niña que todo lo que dices a la larga no interesa nada (porque puede ser -y son- mentiras) ya que sólo se trata de un asunto darwiniano donde tú, macho, debes explicarle a ella, hembra, por qué debes ser tú quien la fecunde para poder perpetuar la especie y no otro.
Como se puede desprender de esta weaita sacamos en limpio, entonces, que algunas cosas inexplicables (como el romanticismo) son prácticas que se desprenden de esta astilla de mentiras despiadadas y que han ido evolucionando con la historia de la humanidad.
Pero como decía mi abuelo Carlos: "tiene que ser así"
Y... ¿Por qué?
Porque ya no puede ser de otra forma.
Aquí sólo ejemplifiqué una idea en el nivel de la relación de pareja, pero es aplicable a todo (menos a los alinígenos).
Nuestra tradición judeo-cristiana condena la mentira como un pecado y, como tal, razón suficiente para ensuciar el prontuario de la vida e ir al infierno. Y es que Dios (quien le anotó todo esto a Moisés sobre piedra) sabía muy bien la diferencia vital que debíamos establecer como seres humanos entre lo que es (verdad) y lo que no es (mentira). Nada más.
Dios es la verdad y el hombre el mentiroso, y Dios, al redactar el mandamiento ocho nos cagó ya que los cupos al Edén son limitados.
Ja.
Así que hasta hoy, y desde pendejo, que nunca he comprendido el afán hasta compulsivo de la población en general por ser veraces. Me parece una hipocresía obscena contra el ser y la humanidad misma aunque siempre he pensado que sólo de trata de otra de las múltiples vanidades del ser el hecho de sentirse veraz.
"Eres un mentiroso" cuando descubres una mentira, esa sentencia te hace absoluto un momento y te puedes creer la raja un rato creyéndote Dios hasta que llegue Jesucristo y diga eso que el que esté libre de pecado que lance la primera piedra y recuerdes, de nuevo, que tu esencia es mentirosa, y eres un asqueroso pelo de oso.
Lo interesante está en el hecho de arrancar el obstáculo del cauce con el que desvíamos la verdad en nuestro afán por moldear la vida misma y hacerla más parecida a nuestro antojo y redimir esa mentira, o sea, librarla de la obligación de tener que continuar siendo la falacia que es para
poner término a cualquier vejamen, dolor, penuria u otra adversidad o molestia surgida con su creación.
Si no se puede, entonces pico, porque la verdad continuará siendo tan verdad como siempre sin gastarse (pero perdiendo eficacia) y sola se terminará manifestando.
Así que después de poner esta weaita en el blog, me iré para seguir cuenteando al mundo este hermosísimo día sábado como siempre.


PD: todo esto es mentira. Ja.

02 octubre 2007

Gracias (parte final)

Parece que, al final, me acostumbré.
De pronto me saco la mierda, me quiebro un brazo y tengo otra excusa más wena que todas las anteriores para continuar solito en la pieza mirando por la ventana.
Intenté luchar contra ese karma pero al final terminé donde mismo.
De todas formas gracias por todo.