¿Y yo qué hago aquí?

La weá weón.

26 marzo 2007

OCIO ESCOLAR

Alguna vez fui al colegio. Me enseñaron matemáticas, pero nunca me aprendí las tablas, así que tampoco pude aprender a dividir.
Aquí escanié un cuaderno de matemáticas que desempolvé por ahí para repasar, porque mañana tengo mi primer día de clases, y es de matemáticas.
Con ustedes Isaac, el duende anoréxico.
(haga un click sobre la imagen para agrandarla)







Para Paula Ponzano Quintanar, mi tutora de matemáticas, que gusta de discotecas para homosexuales. Con excesivo amor e idealismo de su alumno que no gusta del higiene personal.

25 marzo 2007

la opinión sobre música...







Nicolasa

guitarrista de

Sémola's Grum


HOY: EL JEVI METAL

(o se me olvidó ponerme los sostenes otra vez)


Para mi es peludo hablar sobre algo que me resulta tan enigmático, porque pasa que nunca me ha gustado el jevi metal ni ninguna astilla que de ahí se pueda desprender.

Nunca me sentí atraída por esa clase de roc.

Según lo que he observado desde que me dio por tocar guitarra y ser roquera, fue que el jevi metal en sí no tenía ningún problema serio que para mi fuera un obstáculo que no me permitiera absorberlo de la forma más imparcial posible. Nada. Es un roc sólido que ha alcanzado hoy una factura sorprendente. Pero creo que el gran problema siempre lo tuve con la gente que gustaba mucho de este tipo de roc, se entregaba a él con devoción religiosa, lo convertía en una forma de ser y estar y creaba una membrana rígida alrededor de sí por la cual no podía entrar nada más que no tuviera una relación estrecha con lo mismo. Afuera quedaba el resto de las músicas.

Fenotípicamente el “metalero” era ese tipo que andaba de negro, se dejaba la melena, una barba y procuraba algún aspecto arisco… igual se ven ricos los weones, aunque dan la impresión que anduvieran hediondos. No sé. Ideas mías. Y de esto hablo cuando era chica y me producían una admiración tremenda, porque eran como vikingos malos que tomaban cerveza y le hacían olludo con sus dedos peludos a los micreros que no paraban. Y yo toda fascinada… si tanto los miraba que una vez uno me echó la foca en la micro, yo tenía doce, y llegué a la casa pal pico porque me había intimidado mucho y yo lo único que había hecho había sido mirarlo cagada de la risa.

Y así… la cosa era que por ese entonces yo no tenía idea qué cosa era lo que tocaban todas esas bandas que llevaban escritas en sus poleras negras con olor a sobaco, con letras sangrientas, monstruos comiendo cables y monjas satánicas.

Por ese entonces mi mamá me había regalado una guitarrita de estudio que había sido de un jipi mariguanero que nunca aprendió a tocar nada, y yo no tenía por dónde conseguirme casets con ese roc,.así que como yo estaba empezando con mis primeros acordes, sacándole el olor a pito a la viola, escuchaba mucho a Michael Jackson y experimentaba mis primeras masturbaciones, tenía con qué distraerme. Hasta que un día crecí, tenía 24 años y me di cuenta que todos esos chascones desaparecieron como dinosaurios: así, de repente. Y cierto día que pasaba por el teatro Caupolicán me topo con una fila de niñitos de entre catorce y veintitantos años haciendo una fila, todos ordenaditos, con sus melenitas brillantes, sus poleritas de un negro impecable, y unas caritas que cuál de todos parecía más avispado. Y me dije: ¿serán estos los que hoy gustan del jevi metal?, y me dio paja ponerme al día preguntándoles qué pasaba, miré al interior del teatro pero no vi nada que me salvara de la incertidumbre. Pero mejor continué, me puse a mirar bicicletas por San Diego y olvidé eso.

El Jevi metal, los metaleros… ¿esos eran los que me fascinaban cuando era chica?

Si, cambio de folio: año 2007, muchos años, muchas bandas, muchas historia, yo aprendí a tocar algo, me hice de una banda de roc invisible, me hice mujer, perdí mi virginidad, me dio por ponerme a pensar en el sentido de todas las cosas, etc. Pero sí, eran ellos: esos escuincles bien nutridos son los jevi metal. Los “metaleros”, bien etiquetados, bien definidos, envueltos en su membrana plasmática, rosaditos, nerds. Me sentí estafada. Y sentí vergüenza de haber fantaseado en mis masturbaciones primerizas con esas imágenes. Pero weno, era chica y propensa al engrupimiento, sólo por razones de proporción y formas.

Del jevi metal ni hablar. Pasó que el jevi metal mutó y se hizo como lindo, y hoy, en que la tendencia general de la juventud es ser parceladora, nomenclaturizadora, etiquetadora y recalcitrantemente engrupida, que el jevi metal hoy es otro virus más que infecta a cualquiera (el mecanismo de elección es exclusivo y aleatorio) y lo deja evangelizando sobre el japi metal, el metal melódico, sinfónico y un millón de mezclas más que no fueron más que circunstancias azarosas que nada tuvieron que ver con tanta boludez que se habla hoy al respecto de la redención del hombre por el roc, y que hace que esta gente se sienta tan dichosa de gustar de algo “complejo”. Weno, acabo de decirlo: redención del hombre por lo que milita. Así mismo, toda esta exposición latosa y odiosa sobre el jevi metal es aplicable a cualquier forma u estilo actual. La militancia musical es hoy tan brava que cada vez existen menos oídos para el resto de cosas que aun continúan vibrando sobre el planeta tierra, y cada vez que me voy la plaza con mi viola se me ocurren menos cosas para ponerme a tocar porque estoy media enferma de tocar siempre lo mismo y no ser capaz, casi, de ponerme a tocar otras cosas porque claro, yo tampoco puedo excluirme de toda esta perorata y toda esta influencia que se trasmite en onda corta por el aire y que, a la larga nos caga igual a todos, aunque tú y yo juremos de wata que somos especiales.



NOTA: todo esto es una ficción.

15 marzo 2007

No quiero nada

Anoche soñé que me recagaba llorando.

Todo empezaba cuando alguna wevada me provocaba una pena "normal", pero yo me aprovechaba de la excusa para hacerme pico llorando como una madre. Y es que al otro día recordé que el día anterior, mientras weiaba por ahí, caí en la cuenta que no lloraba desde hacía mucho tiempo. Demasiado quizá. Y justo estos últimos 4 días han sido tan horribles para mi alma: que llegó a wevearme el sentido, el quehacer, la obsesión por la Paula, la nostalgia grande esa por "la nada", y que no me han dejado tranquilo hasta ahora mismo.Y claro, de pronto pensé que ponerme a llorar sería aliviador, porque vengo cargándome de cosas que no existen desde hace mucho tiempo. Y estoy lleno, y mis huevos ya se coparon, así que las otras weás comenzaron llenar otras partes de mi cuerpo, y siento que sobre todo la garganta, los oídos y la nariz, que los he sentido tan raros, y llevo dos semanas escupiendo sangre en la mañana, y sintiendo pitos en la noche, y aspereza al tragar. Síntomas. Es una conclusión natural.

Entonces supuse que toda esa idea de que me pudiera hacer falta una lloriqueada para aliviarme de tantas ideas que me agobian me quedó en el subconciente, y con mi punto de encaje corrido mientras dormía, y yo metido ahí, en un mundo paralelo, aproveché que no conocía a nadie y que menos cashaba dónde shusha estaba metido, para agarrar el sobrero ese que llevaba puesto, ponerlo sobre mi cara y sentarme sobre un tronco para ponerme a llorar y llorar como toda una maraca con crisis moral, mientras una weona vestida como la sota de bastos y con un paraguas estaba parada al lado y no me decía nada.

Otra cosa importante que descubrí ayer en la tarde, como a eso de las 19.38, sentado en un escaño de la plaza mientras tocaba algo con la guitarra, es que siempre Dios (o quizá algún dios descarriado con "d" minúscula) se acerca a decirme que le pida la weá que quiera. Pero como el dios ese se me aparece siempre que soy infinitamente dichoso, entonces siempre le contesto que no quiero ninguna weá. Después se va sin decir nada, hasta que vuelve la próxima vez. Pero cuando me voy a jugar un loto a la esquina, y estoy con el bic azul en la mano me quedo un rato inmóvil fingiendo que reflexiono sobre los números que elegiré, pero en verdad estoy esperando que se me aparezca este gnomo invisible a ofrecerme que le pida lo que quiera, así, tal y cual como el Gasú se le aparecía al Pedro Picapiedra, obviamente para pedirle la paleteada que me sople los números ganadores del sorteo que se viene. Y ya he pasado varias vergüenzas de viejas kuleadas que me retan porque me acabrono con el bic azul que está amarrado con pitilla en el mesón y estoy ahí, paralizado, sin hacer nada. Y yo les digo a todos:"disculpe, señora (señor), es que esperaba la iluminación", y casi todos siempre me responden que se juegan los mismos números siempre, y que yo debería hacer lo mismo, para no dudar tanto sobre lo inexistente. Si al final es puro azar. Pero el asunto es que circusntancias como esta la divinidad nunca se aparece.Y justo ahí me pego otro gomazo, porque siempre digo que esta cosa que se me acerca es Dios (con "d" mayúscula), pero Dios no le ofrece nada a nadie desde que hizo eso con Salomón, y el weón se avispó, y le pidió ser aun más avispado. Así que, en realidad, deben ser esos demonios que invoqué como hace 5 años atrás, en El Tabo, cuando les fui a dejar comida al cruce ese que tomaba para ir a la casa de la Bernarda, auxiliado por una guía de espriritismos y magia negra de Pablo Cohelo. Incluso, de yapa, les dejé unos "colets" que se le quedaron a la Bernarda en los bolsillos de mi chaqueta esa con banderitas alemanas en los antebrazos y que yo le prestaba porque a ella le gustaba tanto. Y puta, parece que a estos demonios les fascinó, también, el olor a shampoo y a niña de 17 que tenían los "colets" aún impregandos, que aún me wevean con que les pida algo porque esa vez, que recuerde, tampoco les pedí nada. Lorea` tampoco recuerdo pa' qué shusha hice eso. En fin.

Y así, siempre que soy dichoso de la nada, llegan a decirme que les pida lo que quiera, pero como siempre llegan en los momentos en que mis dichas son intensas, entonces siempre les respondo la misma weá, como esa mañana hermosa, la más hermosa de mi vida, cuando desperté y lo primero que salió de mi fue un: "no quiero nada".

14 marzo 2007

Sueño ajeno

Osea, la weá weón: somos una multiplicidad de reproducciones infinitas que se canalizan a través de algo a lo que le ponemos algún nombre (el nuestro) y con el que salimos a wear todos los días al mundo; más encima andamos absorviendo una serie de aweonamientos horrendos, pero hermosamente editados, y nos sentimos re lindos: "espiritualmente más potentes", diríamos nosotros. Y así: puros toyos que se van sucediendo hacia el infinito y que no sabemos pa qué shusha sirven.
Estas voladas son pulentas, y es la pura posta que descubro cuando viajo en micro. Como canta el Charly: "flosofía barata y zapatos de goma, y esta mentira te hace feliz". Re feliz. A vós, que lees esta weá, a mi, que la escribo, y así ha sido y será. "Tiene que ser así" decía siempre el abuelo Carlos, "Debe ser así", escribió Beethoven cuando estaba al borde.
Yo siempre escribo sobre las mismas wevadas. Siempre lo mismo, y es que todos los días llego a lo mismo, y me doy cuenta que todo desemboca en lo mismo. Y la primicia con la que me he andao afanando hace poco es que si somos una reproducción múltiple, y estamos hechos de partes de muchas cosas, entonces, por una implicancia rasca, hasta esa weá que le da sentido a nuestra vida y que los guionistas de cine le han llamado "sueños", también vendría a ser eso: una reproducción no rizomática constituída por una multiplicidad más ajena que la vieja kuleá.
Sipo, y el gomazo final me lo pegué conversando con el Micho, cuando en eso empezamos a odiarnos, y a negarnos, hasta que llegamos a la parte en que si hasta esta altura habíamos concretizado algo con lo que en nuestra adolsecencia freskita nos habríamos engrupido. Si en una de esas habíamos cumplido algún sueño. Y ninguno de los dos era feliz, porque ninguno de nosotros ha conseguido nada de eso. El Micho me dijo: es que esos sueños nunca fueron nuestros.
Sipo, cierto, nunca nos pertenecieron. Pero con al brío de la pubertad los engrupimientos se encarnan, y no se vienen a despegar de la piel hasta después que pasan varios años y te has decepcionado lo suficiente.
Eso ha sido todo: un desperdicio de tiempo y juventud tras ideas que se nos pegaron de tanto asumir una cantidad determinada de información en tan poco años: pasquines, libros, películas, grupos de roc, pastores evangélicos, series de animación, cantantes, directores de cine, estilos, compositores, modas, tendencias, vanguardias, iglesias, poetas... y no sé ke weá más.
Y así será siempre, y esa weá siempre irá capturando adeptos que se llenan de información ajena, como células luego de ser infectadas por virus (de hecho, el sistema de infección es el mismo: cambio en el ADN, para que la célula infectada continúe reproduciendo en forma impecable y sistemática más virus y así el sistema pueda mantenerse). Luego, la célula envejece y muere, o untenta buscar respuestas dentro de sí misma praticando yoga y comiendo sushi cuando se titula de arquitecto en la Deigo Portales. JA. No sé.
Por eso es que mis sueños han sido y son exagerados, excéntricos y desencajantes. Y le gente me odia por eso, porque cree que me burlo de ella, y eso no es verdad. Pero es que nunca me los he creído, desde chico. Y digo que sí, si quiero hacer tal o cual weá, y hasta tengo una guitarra eléctrica y escribo canciones como Johnny Cash.
Pero desde chico que me di cuenta de esto, pero no hayaba como shusha poder explicármelo hasta que cumplí como 23 años, y cuando al fin lo logré ni me sirvió, porque si levantan la cabeza y miran alrededor toda esta vaina sigue como siempre, y hay gente moviéndose en este hormiguero.
Así son los mecanismos con los que todos estos sistemas luchan por sobrevivir, asumiendo el término como la obstinación celular por permanecer, ser y estar, sin responder a un sentido de lógica racional punga, o a un sentido metafísico alternativo, o a un sentido de esos de niños y clijiars: "porque sí".
El agente que ha decidido la autoeliminación no busca nada más que deshacer la membrana que lo separa del todo, para volver a ese todo. Es la nostalgia eterna que siempre llevaremos impresa en cada una de las células que nos conforma, y a la que alguien llama la "nostalgia por la nada": de cuando fuimos todo, y de pronto nos dio por crear una membrana plasmática para escindirnos de ese indistinto y comenzar toda esta tragedia que se cuenta en el prólogo de la biografía de Fito Páez, porque claro, ni cagando se me iba a ocurrir a MÍ.

12 marzo 2007

El punk ha muerto.

El fin de semana, a la salida del teatro de la Universidad de Chile después que un grupo de la garra blanca le pegó y le hizo heridas que terminaron matándolo.
Puta, uno de mis temores más terribles terminó materializándose: que un grupo de weones garreros me intercepte, me eche la foca y me hagan daño hasta dejarme sin vida. Pero ahora no fui yo, sino que fue un panqui que después de tomarse unos ácidos en el parque se cruzó con ellos y se odiaron, se enfrentaron y los que fueron más terminaron de ser niños que van al estadio a ver a jugar al colo colo pa terminar siendo un piño de asesinos de ocasión.
Mala la weá.
Muy mala.
Ahora mi temor será dantesco.

05 marzo 2007

Mariconeando

En la mañana iba en la góndola camino al sur cuando en la autopista nos quedamos pegados en flor de taco justo cuando cruzábamos el Mapocho sobre el puente Manuel Rodríguez. Lindo igual.
Y me quedé pegao mirando el agua del río, los grafitis de los murallones, la gente que trabajaba en el parque regando los árboles y pasando el rastrillo cuando de repente me da por volver la cabeza y empezar a sapear a toda la gente que venía: la góndola mañanera, todos amanecidos, fastidiados, el solcito de las ocho con veinte pegaba rico sobre la piel y no nos movíamos un metro. Y fue lo mismo que suelo narrar en todas mis travesías micreras: gente común y corriente compartiendo la misma circusntancia miserable que yo. Pero no se engañen, eso para mi, la mayoría de las veces, es la weá más sublime que puedo experimentar en mi vida.
Pero de pronto me di cuenta que venía absorto mirando sólo a las mujeres, imaginando cientos de miles de obsenidades para hacer con ellas. Y las encontraba a a todas ricas: que esta es tan flaquita, pero tiene unos labios carnosos tan ricos, y esta otra un cuello que daba sed mirarlo... y esa con la mansa raja, y esta otra con las mansas tetas... ¡Nicolás!... ya para conshetumare ( ! ), me dije ami mismo, entristecido y enrabiado. Y me tapé la cara con ambas manos, mientras me decía: "algo me pasa". Y me compadecí. Luego me puse a meditar sobre lo que me ocurría: weón, te hace falta una mujer. Me incorporé otra vez; esta vez, eso sí, ocurrió que un weón me miraba con cara de maraco, y demás que debe haber sido de esos maricones que prefieren hacerse pasar por machos heterosexuales porque los muy egocéntricos disfrutan que las minas los acosen. Pero este era un maricón kuleao fleto que me miraba y yo, de weón, en vez de pararle la máquina me achunché y me hice el weón. Luego, volví a mirar y el kuleao seguía mariconeando. Puta la weá. Y mi rabia anterior se mezclaba con la rabia que sentía por culpa de este cola e chancho.
DIos !, ¿por qué me tirai más maricones que mujeres pa pinchar?
Y me compadecí, otra vez.
Y sí... claro que todos me dicen siempre lo mismo: "Nicolás, es que tú quieres estar así".
Claro... eso es muy cierto, me encanta mariconear.

04 marzo 2007

Casi

Un día, a comienzos del año 2004, decidí que me iba a suicidar.
Investigué algunas maneras de hacer el trámite lo más corto e indoloro posible, y justo por casualidad en una revista que compré usada en la esquina salía un artículo sobre suicidas sobrevivientes que relataban sus experiencias, y en un lado el periodista nombraba formas ninjas de matarse (mencionando, paradójicamente el "sepuku").
No entraré en detalles, pero fijé un día, compré los materiales necesarios, y todo estaba listo, esperando.
En la víspera, como dos días antes, no quise levantarme. Me sentía absurdo y en realidad en ese estado de no-sentido daba exactamente igual si me levantaba o me quedaba postrado. Ninguna weá de la tierra era capaz de generar en mí el ansia de moverme tras algo. Nada. Así que lo único que tenía a mano era un cd player, un transformador del tamaño de un iceberg, unos audífonos enormes, y varios discos llenos de emepetrés. La música siempre me alivia, y tenía que hacer la hora para dos días más en este lumen en el que sentía que estaba sumergido por alguna obligación e imposición violenta de la nada. Dos días de sentir que no iba a ser capaz de soportar la weá, así que mejor me dejaba de trámites aweonados que no eran más que el griterío de todas las células de mi cuerpo que sólo respondían a su instinto de generar vida llenándome de excusas para aplazar mi plan y así sobrevivir algunos instantes más, y mejor adelantaba todo: entonces me puse de pie, fui hacia mi caja mágica, agarré las ampollas, la jeringa y comencé a hacer todo eso que hacen las enfermeras ( tuve que aprender a hacerlo) con una paciencia Zen. Y es que me fui en flor de volada porque me juraba samurai haciendo todo el weveo previo al autoeliminamiento... y me fui a la cama, apoyé la espalda contra la muralla, y con el índice y el pulgar me agarré las carnes de cierta parte de mi cuerpo para enterrar la aguja justo en la cima de esa montañita de carne y piel que se formaba. Me relajé, enterré la aguja...
y la weá es que los audífonos me los dejé puestos pa desvanecerme oyendo alguna weá po, en volada alternativa... JA. Y puta, aquí esta historia de mierda se pone conshesumadremente clishé pa guión de peli yanki, pero es que al final todo mi ser estaba en paro contra mi porque yo me iba a matar. Y me obligaron a escuchar lo que estaba hasta ese entonces oyendo. Y puse atención, un instante fugaz y con la jeringa enterrada en el cuerpo, y sonó una canción de mierda que no pienso indicarla, pero que mencionó dos frases y de repente me veo ahí, tirao en medio de un desorden de coño y puta madre, con cables por todas partes, discos, un cuaderno, la guitarra, la ropa desordenada, unos vasos con agua, la persiana a medio abrir y la voz de mi vecina que sonaba clarita y hablaba sobre sus problemas de depresión con su mamá... y yo... shusha, yo estaba medio empelota con una jeringa enterrada ahí y el pulgar puesto sobre el poto, como el Clint Eastwood, con el deo sobre el gatillo listo pa disparar.
Mansa cagada.


No intenten esta weá en casa.
Y es mentira, porsupuesto.

03 marzo 2007

Lo prometido es deuda

Dicen...

Así fue esta semana:

*Fito Páez, otra vez.
Estos daguerrotipos tienen fecha y hora. Los tomó Macarena cuando fuimos a ver a Fito Páez al Teletón. Quedamos en que me daría mis copias en algún momento futuro que acordaríamos luego; ese momento fue el miércoles (28 de Febrero 2007).


ESTE ES EL VERDADERO FITO PAEZ con GONZALO ALORAS



*Esta tarde, en el jardín de la casa, un sobre de la Paula con un disco con emepetrés, fotos y un mensaje breve.


Y eso fue todo.

PD: Todo esto es demasiado verdá.

01 marzo 2007

FITO Y GONZALO ALORAS de lo hermida




Emilio y yo jugando a que somos Fito Páez y Gonzalo Aloras...